Historia
Rumbo a la casa de Sulà
Intermediarios El chamán lograba que el alma del difunto llegase ‘a salvo’ a su destino: el inframundo
Tras una de sus arduas expediciones, William Gabb, geólogo norteamericano, recordó: “Se formó una procesión. A la cabeza iban los sacerdotes con sus cascabeles. Después seguía el coro de cantores con sus tambores. Enseguida, el cuerpo, llevado por dos hombres y precedido por dos viudas, cada una teniendo la punta de una de las cuerdas de algodón, como si condujeran al muerto a su descanso final”.
Ese acto fúnebre –para nosotros tan extraño– era uno de los rituales efectuados en 1873 por los bribris, uno de nuestros pueblos indígenas en Talamanca. Los sacerdotes a los que se refiere Gabb son los chamanes.
Hoy, algunos consideran que el chamanismo equivale a brujería. ¿Es así realmente? No; para nuestros antepasados y para los actuales creyentes en el chamanismo, el chamán es un guía espiritual en el transcurso de la vida.
Además, se sabe que ese entonces era muy diferente la percepción de la muerte de nuestros indígenas de a la nuestra: ellos creían en la vida de las almas después de la muerte, en el arribo al inframundo. Claro está que para esto, era fundamental la presencia de un chamán.
Usékar. En lengua bribri, el chamán es el ‘usékar’. Se le atribuyen visiones de lo sobrenatural mediante el consumo de sustancias enteógenas (alucinógenos de uso sagrado). De esta forma, él entra en éxtasis, pero no pierde la conciencia.
“El chamán tiene la posibilidad de ver el mundo de una manera distinta: sus sentidos entran a otros accesos de información de la mente; la toman, la reincorporan y la traen otra vez a su estado consciente”, declara a Áncora Mínor Castro, arqueólogo del Museo Nacional.
Las ideas chamánicas se desarrollaron en Asia y después se distribuyeron en el resto del mundo. En Costa Rica, esta práctica se estableció con los primeros pobladores, hace unos 12.000 años, según recuerda Castro.
Siglos atrás, existían diversos tipos de chamanes, como el médico, el religioso y el músico. Esto cambió con la imposición del cristianismo, cuando llegaron los españoles a nuestras tierras. Hoy, el líder espiritual cumple todas esas funciones en las poblaciones indígenas, como en las de Talamanca.
El chamán religioso se encargaba de los enterramientos, entre otros rituales. Sin embargo, ¿por qué era importante su presencia?
Anayensy Herrera, antropóloga costarricense, responde en su libro Al reencuentro de los ancestros . La autora explica que la muerte es parte de un ciclo que debe cerrarse de forma adecuada por parte del chamán.
El líder espiritual es el único que puede intervenir en el proceso pues –según diversos mitos– el alma del muerto atraviesa un puente, camino o puerta difícil y estrecha que conecta la vida y la muerte.
“A través del trance, el chamán puede atravesar ese paso difícil. Esta capacidad es conocida como ‘vuelo chamánico’ y está representada comúnmente entre las culturas chamánicas por símbolos que aluden a las aves”, precisa Herrera en su libro.
Idea de la muerte. El ciclo de la vida y la muerte iba de la mano, según nuestros antepasados. No obstante, ¿cómo era la muerte según los bribris de siglos atrás? Este grupo indígena creía que las almas se trasladaban a un inframundo. Ellos consideraban que este sitio se encontraba debajo de la tierra: ahí, los antepasados esperaban la llegada de su familiar.
En el inframundo (el lugar de su dios Sulà), “los hombres y las mujeres no están mezclados; cada sexo tiene su propia casa”, explica el lingüista Enrique Margery Peña en su libro Estudios de mitología comparada indoamericana (vol. II).
El autor agrega que, según las creencias de los bribris, en el mundo de Sulà, “las almas viven en un paraíso sin tener que trabajar […]. Allí hay muchos árboles, milpas y todo de lo que las almas necesitan para vivir bien”.
No obstante, existen obstáculos para llegar al inframundo: serpientes monstruosas atacan y castigan la mala conducta del fallecido durante su vida.
En una entrevista con Áncora , Margery narra que las serpientes examinan un paquetito que llevan las almas y que simboliza la vida del difunto. Precisamente, el chamán era quien confeccionaba ese envoltorio. Dentro de él, el líder espiritual incluía todas las acciones malas y buenas del fallecido.
“Si aquel paquetito muestra que el difunto vivió en debida forma, las serpientes no molestan a su alma y la dejan seguir su camino; pero, si en él hay algo malo, ellas torturan a las almas e incluso pueden matarlas”, agrega Margery, también autor de varios libros sobre las lenguas bribri, cabécar y bocotá.
Igualmente, los bribris creían en los pecados; no obstante, para ellos, el peor error que alguien podía cometer era la mezquindad.
“Eso era castigado por las culebras que atormentaban al difunto. Si el fallecido había sido mezquino, se le daba grandes cantidades de comida para que se enfrentase a los castigos”, indica Margery.
Despedida final. Como se ha señalado, era fundamental que el alma llegase a la casa de Sulà. No obstante, la realización de una ceremonia formal era necesaria; en ella, el chamán era el único que podía interceder desde el principio hasta el final mediante el consumo de las sustancias enteógenas, cantos y danzas.
El antropólogo Castro indica que, a diferencia de una simple ingestión de drogas, aquella experiencia era de carácter religioso y místico: “El chamán procuraba tener contacto con los espíritus y los dioses para ayudar a su comunidad y al difunto. Era una experiencia religiosa muy fuerte”.
Sin embargo, ¿sabe usted cómo era el ritual fúnebre de los bribris? La ceremonia era muy peculiar pues tardaba más de un año. Así lo indica un texto publicado en la página de Internet de la Escuela de Antropología de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Según esa explicación, el ritual fúnebre comenzaba con el encendido del fuego sagrado, que se empleaba solamente para este fin. El chamán lo apagaba con una porción de chocolate al noveno día.
Al encender el fuego, “se cree que el alma del difunto que ha vagado por los alrededores se incorpora a la sesión entre los cantos del chamán, quien la ayuda a recorrer el camino tortuoso al más allá”, se precisa en la publicación.
Posteriormente se purificaba el cadáver y se pintaba con purras y otras resinas.
Debido a que un muerto reciente no podía ser enterrado pues contaminaría a la tierra, el cuerpo se envolvía en diversas capas de hojas de bijao y mastate y en una manta. Esto era cocido y, por último, el cuerpo era cubierto en su hamaca.
El bulto era tendido en una vara y los familiares más cercanos lo llevaban al monte. Ahí era colgado de dos horquetas, bajo un rancho de palma para protegerlo del agua y de las aves de rapiña u otros animales que podían despedazarlo.
Después, los familiares regresaban a la casa del difunto y ayunaban por tres días para que los ratones no se comiesen la manta.
Un año después se realizaba el entierro: el chamán intercedía para que el alma finalmente llegase bien al inframundo. Esta era una fiesta en la que se consumían alimentos y se recordaba al muerto.
El aullido del chamán era el anuncio de que el alma del difunto había llegado a su destino. Finalmente, tocaba las puertas de la casa de Sulà: el alma se ha reunido así con sus ancestros, ese el mundo después de la vida.
Simbología
indígena
“Toda la cultura es de tipo chamánica y se relaciona con la naturaleza y los animales”, afirma Mínor Castro, arqueólogo del Museo Nacional. Él explica la connotación de su simbolismo. Los reptiles: “Se asocian con los enterramientos. La analogía se explica porque estos seres viven un cierto periodo de letargo bajo la tierra y luego resurgen. Pueden simbolizar la regeneración”. Los jaguares : “En las crónicas se habla de que los caciques se transformaban en jaguares para ir a la guerra. También se los compara con la imagen del chamán por ser una figura muy poderosa: tanto para bendecir como para construir”. Las aves : “Son las que llevan los muertos al inframundo. El chamán debe colaborar con llevar el alma del muerto ante sus ancestros, que habitan en el inframundo”. Tambor con piel de lagarto: “El chamán lo tocaba durante las ceremonias, le permitía entrar en éxtasis y recibir comunicación con los seres sobrenaturales”.
Enfermo y
respetado
El arqueólogo Mínor Castro precisa que, para ser chamán, la persona debió haber estado enferma. “En vez de ser rechazados, los enfermos se convertían en personajes importantes y valiosos porque tenían una forma distinta de ver el mundo y de hacer las cosas. Para los indígenas, esa diferencia representa una manera de cómo esta sociedad puede evolucionar. Esto se nota en las representaciones de objetos arqueológicos: hay personas deformes con trajes ceremoniales. Esto nos indica que esos personajes tenían puestos importantes”, afirma.
FOTOS


El arte precolombino evidencia el poder y el respeto que representaba el chamán para nuestros antepasados. Vitrina del Museo Nacional. Carlos León

Mínor Castro rescata el valor del chamanismo. Carlos León.

Amuleto de jade: una protección.Carlos León

Enrique Margery ha estudiado la mitología bribri. Carlos León.

El chamán fumaba sustancias enteógenas en pipas como esta. Carlos León
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