LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 27 de julio de 2008

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Música

Creador de nuevas sonoridades

  Polémico Mario Alfagüell es uno de los más interesantes compositores centroamericanos

Alexandr Sklioutovski | insupartpiano@ice.co.cr

Escuchar una obra de Mario Alfagüell es una experiencia sensorial distinta, a veces demasiado nueva para nuestros oídos. Tomemos como ejemplo su Concierto para mano izquierda de piano y orquesta, Opus 145 , que el año anterior presentó la Orquesta de la Universidad Nacional y significó el tercer premio Aquileo J. Echeverría para el compositor.

Una maraña de sonidos, tan parecida a la banda sonora de una película oriental, engañosamente monótona, es más bien un ordenado y sistemático azar de notas (un caótico cosmos ), donde cada una cobra significación por su inesperada emergencia.

En medio del concierto, la orquesta calla y aparece una cantante, quien obsequia la canción folclórica Temporal Cerrao sin dulce ni cacao , recopilada por Emilia Prieto. Para entonces, la mitad de los casi 40 minutos de la obra, los neófitos caen en la cuenta que Alfagüell no pretende ningún efectismo, sino la generación de una atmósfera musical, la invitación a un estado de ánimo.

Antes y después, las cuerdas, las maderas, los bronces, el arpa y los timbales y la percusión resultan centrales, pero nunca opacan al piano, al que se exige virtuosismo y disposición para improvisar. Junto con los instrumentos usuales en una orquesta sinfónica, aparecen otros provenientes de las tradiciones musicales de la América precolombina, de África u Oceanía.

Como pasa con la mayoría de las obras de este compositor, enemigo de los finales contundentes y de clímax, el Concierto para mano izquierda de piano y orquesta , lírico y dramático, furioso y sonriente, concluye súbitamente, sin que tengamos oportunidad de despedirnos.

Mil influencias. Mario Alfaro Güell, o Mario Alfagüell, recibió este año el Premio Aquileo J. Echeverría en Composición Musical. El 2008 coincide con su sexagésimo cumpleaños, celebrado con un concierto de diecisiete jóvenes pianistas del Instituto Superior de Arte, el 21 de mayo en el Teatro Eugene O’Neill.

Alfagüell nació el 27 de abril de 1948: el mismo día en que finalizó el conflicto armado que desembocó en la fundación de la Segunda República. Desde su infancia destacó en la música: comenzó como niño cantor en el coro escolar del maestro Alcides Prado.

Mario estudió en la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica, donde tuvo por profesores a artistas tan destacados como Agustín y María Clara Cullell, Bernal Flores, Benjamín Gutiérrez, Sarita Mintz, Miguel Ángel Quesada y Carlos Enrique Vargas. Aunque destacó por su sensibilidad musical y su destreza como pianista, muy pronto se decantó por la composición.

Tras participar en cursos en México, Argentina y España, en 1976 ingresó en el Instituto de Música Nueva de la Escuela Superior de Música de Friburgo, en Alemania. Allí estudió con dos grandes compositores europeos, el suizo Klaus Huber y el británico Brian Ferneyhough.

Como una esponja que es sumergida en una tina de agua, Alfagüell absorbió los generosos conocimientos que se encuentran en un ambiente cosmopolita, así como la sensibilidad que caracteriza la música contemporánea. Muchos de sus compañeros son hoy compositores de renombre: los alemanes Wolfgang Rihm, Dieter Mack y Wolfgang Motz, la coreana Younghi Paak, el español David Padros y el chino Chinkue Cheng.

Al regresar a Costa Rica en 1980, continuó desarrollando la creación hasta alcanzar un estilo muy personal. Durante algunos años enseñó en la Universidad de Costa Rica, pero la mayor parte de su labor como académico la ha desarrollado en la Escuela de Música de la UNA, donde es catedrático.

Este año fue la tercera vez que una creación de Alfagüell mereció un Premio Nacional, después de los galardones que obtuvo en 1982 por Sonata para la mano izquierda, Opus 14 y Episodios sinfónicos, Opus 19 , y en el 2001 por Sonata quasi un claro de Luna, Opus 111 .

No son sus únicos galardones: también recibió el Premio Áncora (1975) y en dos oportunidades el Premio Jorge Volio (1985 y 2001). Su Diálogo Guerrero Místico para dos guitarras, Opus 15, fue seleccionado en la Tribuna Musical de América Latina en Río de Janeiro en 1985.

Sin embargo, la relativa abundancia de reconocimientos en su hoja de servicios no significa que sus audacias creativas hayan sido recibidas con unánimes aplausos en Costa Rica.

El sonido Alfagüell. Desde muy joven, Mario Alfagüell decidió ordenar sus creaciones, numerando los sucesivos Opus (u obras). Cabe mencionar que algunos opera incluyen series o grupos de obras. Al cumplir sus 60 años, ha llegado al número 200.

La mayoría de sus composiciones corresponden a formas musicales clásicas: sonata, sinfonía, concierto, impromptu, intermezzo, coro. Sin embargo, sus propuestas estéticas se alejan del manejo usual de la tonalidad y demás elementos musicales.

El “sonido Alfagüell” parte de una técnica de composición consistente en transformaciones probabilísticas de materias primas costarricenses. Como germen para sus obras, encontramos melodías autóctonas de las tradiciones meseteñas, indígena, guanacastecas y afrolimonenses.

Cada materia prima abre numerosos senderos: una sola puede alimentar múltiples composiciones, incluso a través de varias décadas. Por ejemplo, la mencionada Temporal Cerrao sin dulce ni cacao , está en el origen del Concierto para mano izquierda de piano y orquesta, Opus 145 , pero también de las que componen la serie del Opus 143 .

Esta es una melodía ingenua y sensible, de apenas cinco notas. Sin embargo, al incrustarle alteraciones, acentos incisivos, métrica cambiante y acordes no tradicionales, amplía el campo armónico, en la línea de la música innovadora de los siglos XX y XXI.

Otra característica del “sonido Alfagüell” es la preferencia por la improvisación y los pasajes abiertos para que el intérprete decida. Hay fragmentos aleatorios, que permiten a quien ejecuta “jugar” y ser también creador.

Con esto –y más– se construye una nueva sonoridad. Una experiencia distinta que comienza con la creación, continúa siendo diferente en la interpretación y es finalmente insólita para el público.

EL AUTOR COORDINA LA CÁTEDRA DE PIANO DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL Y ES DIRECTOR ACADÉMICO DEL INSTITUTO SUPERIOR DE las ARTES.

FOTOS

  • Nacion.com

    Mario Alfagüell, recibió este año el Premio Aquileo J. Echeverría en Composición Musical. Archivo

Algunas frases

de la crítica

En Costa Rica, la crítica no siempre ha recibido bien la música de Mario Alfagüell, y acaso haya sido mejor la recepción en otros países. Sus obras se han presentado en escenarios en América, África, Asia y Europa.

En el año 2000, el compositor y pedagogo español Fernando Palacios opinó que la creación del compositor costarricense “es una música con una lógica aplastante, escrita con brío y con un claro control del tiempo y de la forma”.

Para Arcady Aronov, profesor de la Manhattan School of Music, Alfagüell muestra un “espléndido conocimiento del piano, experta utilización de colores y ritmos”. Otro destacado profesor, el musicólogo ruso Konstantín Chelidzé, calificó su obra Eclipse de Sol de “curiosísima joya de la música pianística de vanguardia”.

Para Ana María Trenchi, miembro de The Botazzi Musical Society, de Nueva York, “es un trabajo logrado con mucho conocimiento, musicalidad y gran personalidad. Debería de estar en el repertorio de los pianistas mucho más seguido”.

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