El reciente estreno de la película Superagente 86 (un refrito de la popular serie de los años 60) trae a la memoria aspectos poco conocidos de la organización KAOS. El más importante de ellos es el manejo del tiempo.
No parece haber nada más objetivo que el tiempo para los agentes de KAOS cuando, a punto de embarcarse en una peligrosa misión, sincronizan sus relojes y… todos tienen la misma hora. Sin embargo, tampoco parece haber nada más subjetivo: el aburrimiento que cunde entre misiones secretas paraliza el reloj; y lo acelera la adrenalina que corre cuando los planes fallan.
Todo agente sabe que los antiguos griegos tenían dos palabras para referirse al tiempo: 1) Chronos [pronunciaban Jronos ], como el intervalo cuantitativo (el que miden los relojes); 2) Kayros , la experiencia cualitativa del momento oportuno, cuando un agente siente que “está listo” y que llegó el momento de actuar.
Para Aristóteles, la vida de los animales permanece atrapada en el presente, sin ensoñación o remordimiento por un pasado ido, y sin anticipación de un futuro deseado. En los seres humanos, dotados de razón, la sucesión de “ahoras” define un “antes” y un “después”.
Así, el tiempo es la magnitud que mide el devenir de las cosas sujetas a cambio. Es el número del movimiento: un registro del paso de un estado a otro, que permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, un presente y un futuro.
Por ello, los métodos para medir el tiempo se basan en la medición del movimiento: llamamos día a un giro completo de la Tierra sobre su eje, y año a una vuelta de la Tierra alrededor del Sol.
Esto es cierto también para los instrumentos. En un reloj de cuerda, un segundo es la medida de cada salto del segundero; en un reloj atómico, un segundo es la medida de 9.192 millones de pulsaciones de un átomo de cesio; en un reloj de arena, un minuto es la medida del paso de la arena de la burbuja superior a la inferior.
Los Agentes de KAOS suelen pasar raudos sobre los puentes en sus vehículos oscuros. Empero, cuando termina la misión, gustan de caminar sobre los puentes y reflexionar sobre el paso del tiempo. Observan el agua que corre bajo sus pies, el soplo del viento que mueve a las nubes, y sienten que su corazón empuja la sangre por las arterias. Hasta los fenómenos imperceptibles, como el crecimiento de su cabello y la rotación del planeta, les recuerdan que todo a su alrededor –y en ellos mismos– está en movimiento. Por tanto, el tiempo no fluye: lo que fluye es el movimiento o cambio en las cosas del mundo, y el tiempo es solo una medida de ese fluir.
Un futuro entre muchos. Martin Heidegger (1889-1976) fue un filósofo alemán. Tras su paso fugaz como rector de la Universidad de Friburgo, resultó demasiado poco nazi como para que Hitler lo quisiera, pero lo suficiente como para que los aliados no lo perdonaran.
Se dice que Heidegger fue un agente de KAOS (aunque, fiel a su estilo, sólo lo fue por una corta temporada). Para Heidegger, la concepción del tiempo se reduce a la estructura de la posibilidad, y el acento está en el porvenir, del que somos constructores. El presente se define en relación al futuro, por las posibilidades que abre; el ayer también pues, aunque no podamos viajar al pasado, sí podemos retomar proyectos olvidados y darles un nuevo aire.
Los agentes de KAOS evitan las bibliotecas (tanta información los pone ansiosos) y prefieren el velo protector de las grandes multitudes. Por ello, pocos agentes de KAOS leen a Heidegger y muchos gustan del futbol. Al final da lo mismo pues ven cada partido tal y como lo hubiese visto el filósofo: como un espacio de posibilidades.
Así, los enfrentamientos anteriores entre dos equipos sugieren el resultado esperable; las ansias de cada afición les hacen visualizar el resultado deseado; lo que hace falta para seguir con vida en el torneo, define el resultado necesario, y la ocurrencia de lo inverosímil es el resultado sorpresa.
Sin embargo, todo partido termina, y, de los muchos resultados posibles, sólo uno de ellos se reflejará en el marcador final. Luego, lo terrible no es que las cosas terminen, sino que nos dejen pensando en lo que pudo haber sido y no fue. Como bien sabe cualquier espía caótico, sujetas al azar, las sutiles leyes del caos y el cálculo, muchas posibilidades se sacrifican para que unas pocas se concreten.
Tiempo propio y tiempo de otros. La Organización KAOS entiende el “diseño” como un proceso de configuración mental, que apela a la capacidad para identificar alternativas y acciones posibles, en búsqueda de una solución en cualquier campo. Etimológicamente, se emparienta con el término italiano disegno (designio, signare , lo que está “por venir”): el diseño es una visión de futuro.
Por su parte, un sueño es cualquier anhelo que moviliza a una persona. La fuerte relación que existe entre el sueño y el diseño parece haber contribuido (dentro de KAOS) al nacimiento de la expresión “disoñar”.
Disoñar es tener un propósito y una misión, apostar por lo posible y actuar desde lo que, en principio, parece incierto, absurdo o arriesgado. Esto implica formarse para la investigación y la curiosidad, tomando la pregunta y la indagación como un proyecto vital.
Una vez al año, los agentes de KAOS hacen retiros estratégicos para descansar y prepararse para la siguiente temporada. Algunos leen a Celso Antunes, un educador brasileño que invita a “buscar herramientas para transformar el sueño en realidad y el concepto en acción”.
Entre las agentes, la favorita es María Zambrano –la más conocida filósofa española del siglo XX–, para quien el futuro está abierto y es “la envoltura de lo inédito”.
The Picturegoers , de David Lodge, es libro de cabecera para muchos agentes caóticos. En este, el escritor británico apunta: “Piensa en una bola de acero tan grande como el mundo, y en una mosca que se posa en ella una vez cada millón de años. Cuando la bola de acero desaparezca a causa de la fricción, la eternidad apenas habrá empezado”.
“Bien por la eternidad”, piensan los agentes, aunque de ella sólo pellizquemos unos pocos años. Por esto, vale la pena recordar que el tiempo no fluye: es sólo el número del cambio.
Empero, los libros más leídos en la biblioteca de KAOS son los de Jorge Luis Borges. En su “Nueva refutación del tiempo” (en Otras inquisiciones, 1952), Borges dice: “El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego”.
De este pasaje, un agente de KAOS extrae dos aprendizajes: el primero dicta que, cuando nos limitamos a observar a otros actuar, nos convertimos en espectadores del mundo y nuestro tiempo es el tiempo de otros; el segundo nos recuerda que, cuando actuamos, nos convertimos en protagonistas. Al hacerlo, construimos el tiempo, que solamente es la medida de nuestras acciones.
EL AUTOR ES CONSULTOR Y MIEMBRO DE LA RED INTERNACIONAL DE ECOLOGÍA DE LOS SABERES (RIES).
FOTOS

Chronos derrota a Urano en un detalle de una pintura de Giorgio Vasari (1511-1574). Wikicommons
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