Costa Rica, Domingo 10 de febrero de 2008

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Filosofía

Sí a la tolerancia en religión

Revista Humboldt

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Después de su Fragment über das Religiöse (Fragmento sobre lo religioso), de 1931, la carta de 1954 de Thomas Mann aquí reproducida es su segunda toma de postura conocida acerca de la cuestión religiosa. La carta fue descubierta en el 2005. El filólogo Dirk Heisserer ha indagado sobre este documento.

Hace alrededor de medio siglo, a un empleado de una compañía de seguros, de 31 años de edad, le preocupaba la cuestión de si era posible la amistad entre dos personas que profesaran distintas confesiones.

Aldo Giordano, de Giaveno (cerca de Turín), había leído las novelas de Thomas Mann. A pesar de su desconocimiento del idioma alemán, le escribió una carta directamente al Premio Nobel.

Gracias a sus obras, le pareció lo bastante objetivo como para decidir sobre estos asuntos por encima de una discusión egoísta de opiniones: si era posible una verdadera amistad entre un católico romano y un protestante alemán; si Thomas Mann creía que una persona, por mor de una amistad, debería renunciar a una parte de su libertad personal; y, si fuere así, si no sería mejor renunciar a la amistad antes que a la libertad.

La carta alcanzó a Thomas Mann durante una estadía suya en Roma. Según Heisserer, su clara respuesta debió de formularla fácilmente recordando una conversación con el papa Pío XII acerca de la “unidad del mundo religioso”.

Precisamente un año antes, en abril de 1953, el autor protestante de la novela “papal” El elegido (1951) había conocido al pontífice en una audiencia privada en el Vaticano. El encuentro dejó una impresión duradera en Mann, como se desprende del hecho de que este manifestase una “simpatía fraternal no fácil de explicar” en un escrito en el cual se interesaba por la salud del papa enfermo.

Ante ese trasfondo debe entenderse la carta manuscrita de Thomas Mann a una persona a la cual desconocía. La posición expresada en ella, de gran liberalidad y tolerancia, excluye fundamentalmente toda ideología en nombre de la religión. También desenmascara, como profundamente irreligiosas, todas las consignas de una destrucción por motivos religiosos, no importa en cuál dirección.

La toma de postura de Thomas Mann a favor de la coexistencia pacífica de las confesiones cobra aún mayor relevancia en el contexto de la “polémica de las caricaturas”.

Esa polémica surgió a raíz de la publicación, en un periódico danés, de unas imágenes satíricas de Mahoma, de mal gusto. Esto tal vez haya hecho pensar en que se cumple el vaticinado choque de civilizaciones (vaticinado o promovido de tanto hablarse de ello).

En su carta, Thomas Mann ya no establece ninguna línea divisoria profunda entre las confesiones, pero marca indirectamente otros límites fronterizos: en concreto, los existentes entre creyentes y ateos. Cómo puede lograrse entre ellos la comunicación es una complicada cuestión política, y en último término también filosófica. Sin embargo, también aquí puede aplicarse el lema del autor: el diálogo fructífero basado en la “simpatía humana y el respeto”.

TOMADO DE LA REVISTA ‘HUMBOLDT’ del GOETHE-INSTITUT. N° 144, AÑO 2006. TRADUCCIÓN: RICARDO BADA.

La carta

perdida

Roma, 25 de febrero de 1954.Hotel Hassler.Estimado señor:Recibí su carta estando yo de viaje. Soy de una naturaleza demasiado tolerante como para poder creer que sea imposible la amistad entre dos personas de distinta tradición confesional. Ella es posible sobre el fundamento de la pura simpatía humana y el respeto ante la forma de la fe en que el otro vive. Hay muchas formas de fe, pero el mundo de lo religioso es solo uno, y, en el fondo, todas las personas religiosas se comprenden entre sí. No es necesario ningún sacrificio de la libertad interna; al contrario: la libertad interna se acrisola en la amistosa tolerancia de la impronta tradicional que sostiene la religiosidad del otro.Su muy devotoThomas Mann

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Thomas Mann (1875-1955), escritor alemán quien ganó el Premio Nobel de Literatura en 1929. Archivo

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