Cine
Esos seres desordenados y tibios
Recreados personajes del cine parecen salidos de ‘Historias de cronopios y de famas’
Muchos recuerdan a Julio Cortázar como el creador de estimulantes relatos, y hay quienes prefieren citar de una novela imprescindible cargada de capítulos prescindibles: Rayuela . Otros vuelven constantemente a sus cronopios , famas y esperanzas , penetrantes caracterizaciones del bicho humano contemporáneo.
Es difícil no reencontrar Historias de cronopios y de famas , La vuelta al día en ochenta mundos o ese librito sobre el cronopial alter ego de Cortázar, Un tal Lucas , en fulanos o fulanas aparatosos. Este reencontrarse con Cortázar también ocurre al ir al cine. Durante décadas –desde antes de Cortázar, sin necesidad de leerlo–, nos hemos tropezado con cronopios, famas y esperanzas en las historias y personajes de algunas de las más significativas piezas cinematográficas.
El mimo y el griego. Solemne, acaso demasiado literario, pero ¿no es un cronopio el Jean-Baptiste de Les enfants du paradis (1944), de Marcel Carné? ¿No lo es también el Alexis Zorba interpretado de manera inolvidable por Anthony Quinn?
Más cerca en el tiempo, también lo son las protagonistas de la cubana La vida es silbar (1998), de Fernando Pérez, y la francesa Le fabuleux destin d’Amélie Poulain (El fabuloso destino de Amélie Poulain; 2001), de Jean-Pierre Jeunet.
Detalle importante, Jean-Baptiste Deburau es un personaje histórico, uno de los primeros mimos cuyo trabajo fue reconocido como arte, en la primera mitad del siglo XIX.
Como ser de ficción, Deburau protagoniza Les enfants du paradis (“Los niños del paraíso”, que es el graderío más alto de un teatro). Esta película francesa se realizó durante la ocupación alemana. Es la obra cumbre del “realismo poético” y “la mejor película francesa de todos los tiempos” según una encuesta de 1995.
La dirigió un tieso pero correcto Carné, y la escribió un Jacques Prévert que dotaba a los parlamentos de sus personajes de tal ingenio y lírica que rozaban la inverosimilitud.
Les enfants du paradis es una película generosa en su homenaje a la vida y a los motivos del artista (el escénico, principalmente), y en su descripción de las pasiones humanas (una mujer amada por cuatro hombres).
Como suele pasar con las “superproducciones”, esta de Carné y Prévert posee pasajes para todos los gustos. Los más tiernos y mágicos carecen de diálogos y tienen por protagonista a Jean-Baptiste, inicialmente incomprendido como artista y como hombre, y enamorado, como los otros, de la inefable Garance.
El mimo posee la inocencia y la bondad de los cronopios, como también su terquedad y su violencia. Juguetón y melancólico, prefiere decir las cosas con gestos y no con palabras. Vaga por las calles de París y duerme en cualquier lado, como lo hicieron Oliveira, el protagonista de Rayuela , y quizás el mismo Cortázar.
Figura central del teatro francés, Jean-Louis Barrault encontró en el cinematográfico Jean-Baptiste a su personaje más famoso. Lo mismo hizo Anthony Quinn con el protagonista de Zorba the greek (Zorba el griego; 1964), de Michael Cacoyannis, a partir de una novela de Nikos Kazantzakis.
Más que tierno o melancólico, Alexis Zorba es un cronopio por su alegre y anárquico hedonismo. Entiende la vida como un juego y contagia con su entusiasmo a Basil, su jefe, un inglés formal y tímido, el hijo mestizo de una fama y una esperanza.
Al igual que los cronopios y las famas –que bailan tregua y catala–, Basil y Alexis concluyen su historia en común con una memorable danza. Es un “gracias a la vida” con el que festejan el fracaso de una empresa en la que se jugaron todos los ahorros del primero, pero no importa: mucho aprendieron de sí mismos. Zorba lo llama el “más espléndido fracaso” (“splendiferous crash”).
Tras la felicidad. Tanto la habanera Bebé, personaje secundario y narradora omnisciente de La vida es silbar , como la parisina Amélie, protagonista y testigo de tantas pequeñas batallas, dan todo de sí para que los demás sean felices.
Son como aquel cronopio que, tras saber de la indiferencia de las esperanzas y las burlas de las famas, pinta una golondrina sobre el caparazón de una tortuga pues esta ha confesado que es admiradora de la velocidad.
Bebé acompaña a tres personajes en sus esfuerzos por ser felices: Mariana, a quien le encanta sentir su cuerpo al bailar o al encontrarse con un hombre; Julia, quien cuida ancianos y siempre ha pensado en los demás antes que en sí misma, y Elpidio, quien vive de trabajos informales y de lo que dejen mal puesto los turistas.
Para ellos, la felicidad pide, como precio, escoger entre la persona amada y las metas antes escogidas, así como la reconciliación con el pasado.
La entrometida Amélie también parece encontrar la felicidad en lo que ocurra a los demás: por esto arma parejas, edifica autoestimas o adopta ajenas venganzas. Finalmente, “el fabuloso destino” consiste en aceptar la posibilidad de que ella sea la feliz.
El abandono de lo pragmático y lo rutinario y el tono juguetón unen los relatos de Cortázar y estos filmes de Pérez y Jeunet. Los tres observan con naturalidad el erotismo y el quiebre de las costumbres, aunque, en el caso de La vida es silbar, se advierte que “la sociedad” (es decir, las famas con intención y las esperanzas por inercia) reprueban el comportamiento de Mariana y Elpidio.
El tono juguetón, tan cortazariano, está en la complicidad que las películas piden al espectador –Bebé habla a la cámara, Amélie regala pícaras sonrisas–, y en su descubrimiento de la “masa pegajosa que se proclama mundo”.
De los surrealistas, Cortázar heredó el aprecio por los otros mundos que laten en una cucharita, en el maullido de un gato o en el acto de subir una escalera o darle cuerda a un reloj.
También hay mucho surrealismo en La vida es silbar y Le fabuleux destin d’Amélie Poulain . Su mirada sobre los pequeños objetos, la atención a las más íntimas motivaciones de los personajes, parecen procedentes del “Manual de instrucciones”, primera parte de Historias de cronopios y de famas .
FOTOS

Jean-Louis Barrault como Baptiste Debureau en Les enfants du paradis . Wikicommons

Audrey Tautou como Amélie en Le fabuleux destin d’Amélie Poulain . Archivo

Alan Bates interpretó a Basil y Anthony Quin a Alexis Zorba en el filme Zorba the greek . Jurgen Ureña para LN
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