Ciencia
Pedagogía de la pregunta
Instrumento La escuela suele maleducarnos en el empleo de un método que puede ser muy útil
La escuela tradicional funciona mediante tres reglas. La primera dicta que lo que se premia es conocer la respuesta correcta: saber (por ejemplo) que París es la capital de Francia o que el cuadrado de cuatro es dieciséis, nos permite obtener una buena nota en el examen; ignorar o pifiar el dato es sinónimo de una mala nota. La segunda regla apunta que solo hay una respuesta correcta y esta es siempre la misma. Siguiendo con el ejemplo, París siempre será la capital de Francia y el cuadrado de cuatro siempre será dieciséis.
Finalmente, la tercera regla nos enseña que las preguntas pueden meternos en problemas . Hacer muchas preguntas despierta la sospecha de que solo tratamos de desviar la atención del dato que no aprendimos; peor aún, hacer una pregunta cuya respuesta nuestro profesor desconozca (cuestionando así su posición de “dueño del saber”) no es algo que mejore la relación docente-alumno.
La escuela tradicional opera mediante la pedagogía de la respuesta (lo que se enseña y lo que se aprende son respuestas). Nacida en tiempos de la Revolución Industrial, esta escuela seguía un modelo de transmisión de contenidos, memorización y repetición. Era ideal para el entrenamiento de cuadros laborales obedientes y disciplinados. Ahora bien, ese condicionamiento escolar nos hace adictos a las respuestas para toda la vida: “No me traiga problemas, tráigame soluciones”, reclamamos a nuestros subalternos. En la clase para adultos, no queremos participar y esperamos una exposición magistral: no estamos ahí para aprender, sino que exigimos ser enseñados.
La educación para la incertidumbre. El brasileño Paulo Freire reclamaba que “la escuela enseña respuestas a preguntas que los estudiantes no han hecho”, y Albert Einstein despreciaba las computadoras de su época pues “no sabían hacer preguntas” a pesar de ser muy buenas realizando cálculos.
En la vida cotidiana, toda persona afronta dilemas para los que no encuentra solución. El mundo real está teñido de incertidumbre; de amasijos de causas, efectos y azares; de eventos difíciles de interpretar; de relativa incapacidad para predecir el rumbo de las cosas. Sin embargo, ningún profesor pone, en un examen, una pregunta cuya respuesta ignore. Así, la escuela tradicional nos enseña certezas y renuncia a educarnos para la incertidumbre (tal vez espera que la televisión, los amigos y los dramas familiares nos enseñen esta materia).
Empero, si la misión de la Educación es prepararnos para el mundo y facultarnos para la autonomía (el ejercicio de la vida), necesitamos una educación para la incertidumbre que cumpla lo siguiente:
1) Promueva la indagación. Según John Dewey, las preguntas son “las manos con las que exploramos el mundo”. Así, en la escuela deberíamos conocer las características de una buena pregunta, para aprender a preguntar mejor.
2) Valore el error y la cooperación. En la escuela tradicional el error es algo malo y las pruebas son individuales. En la escuela de la pedagogía de la pregunta se valora el aprendizaje colectivo (a decir de Konrad Lorenz: “Frente al peligro, la cooperación es buena”) y se sabe que los errores son centrales en el aprendizaje (cuando son reprimidos, no jugamos a aprender, sino a no equivocarnos).
3) Potencie la capacidad de localizar y utilizar información. Es decir, las herramientas para realizar proyectos, plantear y resolver problemas, generar conexiones entre diferentes saberes y utilizar creativamente lo que ya conocemos para dar con lo nuevo.
Para el filósofo Hans-Georg Gadamer, las preguntas convierten la curiosidad en estructura del pensamiento, y preguntar es el arte de pensar. Por tanto, la escuela debería provocar la curiosidad por conocer y estimular el asombro, en oposición a la transmisión mecánica de paquetes de contenidos.
Ello no significa que aborrezcamos las respuestas, sino que debemos tener claro que actuamos con base en “la mejor respuesta posible en el aquí y el ahora”, sin pensar que esta sea la única correcta y eterna. Por ello, debemos volver a las preguntas, para ir encontrando nuevas y mejores respuestas.
La escuela emergente. El problema con la pedagogía de la respuesta es doble: no solo nos prepara para un mundo que ya no existe, sino que, peor aún, no nos enseña a pensar. Al darles las respuestas que ellos deberían descubrir por sí mismos, los profesores no preparan a los estudiantes para el empleo de sus propios recursos.
Además, transmiten la idea de que la persona educada es un “sabelotodo”, en lugar de ser la persona curiosa, reflexiva y flexible. Luego, los estudiantes parten con la idea de que el conocimiento es algo “fuera de uno mismo” que debe ser memorizado, en lugar de ser descubierto y creado.
Paulo Freire subrayaba la relación entre el asombro y la curiosidad, el riesgo y la existencia. Si abordamos la educación para la incertidumbre desde la pedagogía de la respuesta estamos en problemas, pues ¿como preparar de antemano la enseñanza de aquello que aún no es? y ¿cómo enseñar las respuestas a preguntas que aún no conocemos? La clave consiste en enseñar no solo datos, sino también a hacer preguntas: por ello, la pedagogía de la pregunta se establecerá como paradigma de la educación.
Si la educación tradicional nos ha preparado para “dar la respuesta” (como ocurre en los exámenes), la educación del siglo XXI deberá prepararnos para “dar respuesta”, es decir, para saber interrogar en forma permanente y activa a la realidad, con tolerancia a lo desconocido y lo ambiguo, sin desesperarnos por no tener rápido la solución.
Dado que la pedagogía de la pregunta abre posibilidades donde la de la respuesta cierra y fija, las y los educadores deberán trabajar tanto con lo planificado, como con lo no anticipable: los temas emergentes, las conexiones entre saberes y todo aquello que surge de la curiosidad y la autoorganización del grupo (algo que los entendidos llaman “didáctica de emergentes”).
“Prefiero una escuela que me enseñe a preguntar”, señala el poeta chileno Nicanor Parra, pensando no en un estudiante con la cabeza “bien llena de datos”, sino en uno con “la cabeza bien organizada”, con herramientas para la indagación, capaz de alimentar una inteligencia autoorganizada y dirigir el comportamiento para salir bien librado de las situaciones.
La pedagogía de la pregunta nos recuerda al filósofo Karl Popper y su idea de que una respuesta es una apuesta a la verdad, que será cierta hasta que alguien la derrumbe con una mejor propuesta.
Así, las respuestas son provisionales y perfectibles: nunca finales, sino la antesala de lo que aún está por ser descubierto o inventado. Por eso, hay que seguir haciendo preguntas.
EL AUTOR ES CONSULTOR Y MIEMBRO DE LA RED INTERNACIONAL DE ECOLOGÍA DE LOS SABERES (RIES).
FOTOS

Edipo y la esfinge , pintura del artista francés Jean Auguste Dominique Ingres (1780-1867). Wikicommons
![]() |
Áncora Desde 1972, Áncora es la revista cultural de La Nación. Los domingos ofrece variada información y análisis sobre literatura, teatro, danza, cine, artes plásticas, lingüística, arte culinaria, filosofía, ciencias, libros y otros campos de la cultura. |
![]() |
B&R Todo lo que necesita saber del desarrollo inmobiliario y los bienes raíces en este suplemento que se publica todos los sábados. Los temas son muy variados y abarcan desde la compraventa de una casa, hasta los trámites legales al construir. |
![]() |
Caja de Cambios Un suplemento dedicado a las últimas novedades sobre automóviles, transporte, y combustibles. Encuentre aquí espacios interactivos donde podrá anunciar la venta de su carro, dar su opinión y hasta mostrarle al mundo las fotos de su 'chuzo'. |
![]() |
Proa Reportajes, semblanzas, relatos, crónicas y entrevistas se mezclan en esta publicación dominical dedicada a resaltar el ángulo humano de la noticia y a interpretarla. |
![]() |
Teleguía El mundo de la televisión y el entretenimiento en una revista semanal. Teleguía le ofrece cada domingo un reportaje de un programa o artista de la televisión nacional o internacional. Además, de todos los chismes faranduleros con El Topo. |
| SERVICIOS |
|
En tu Celular |
|
En tu PDA |
|
Fax |
|
Horóscopo |
|
Cartelera de cine |
| | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | | ESTADOS FINANCIEROS DE LA NACIÓN | | ANÚNCIESE EN LA NACIÓN | | TARIFARIO DE LA NACIÓN | | TRABAJE EN LA NACIÓN |
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |
||||