Esta edición
Domingo 16 de septiembre, 2007
Foto id: 1728173

Puerto de Puntarenas (1859),tomado del libro Tropical Travel, The Representation of Central America in the 19th Century (en proceso de edición). Editorial de la UCR para LN

Poesía: Luján, Bardo de arena y sal



BARDO DE ARENA Y SAL

El costarricense Fernando Luján es un secreto que es urgente compartir. Hace cuarenta años falleció, y nuestra memoria de él es muy parecida al olvido. Evangélicamente, la escasa, sutil presencia de ese admirable aedo prueba que nadie es profeta en su tierra, y Luján, en su mar. Alguna vez aseveramos que él escribió versos para niños y para poetas, y para quienes se hallan entre esos extremos que se tocan.

Luján nació en San José en 1912 y murió en 1967. Residió en México, Nicaragua y Honduras. Publicó dos poemarios: Tierra marinera (1938) e Himno al mediodía (1964) y editó la antología Poesía infantil .

Es clara la influencia, en Luján, de bardos españoles: el renacentista Gil Vicente, y de Juan Ramón Jiménez y Rafael Alberti. Este habita cerca de la poesía de Luján pues el primer poemario de Alberti se titula Marinero en tierra (1925).

El árbol negro evoca otros dos poemas: A un roble tarde florecido , de José Coronel Urtecho, y A un olmo seco , de Antonio Machado. Los tres árboles simbolizan seres humanos: muertos o reverdecidos.

Luján cultivaba versos de arte menor (de ocho o menos sílabas) que combinan metros. Su rima es constante y agradecible.

Tierra marinera quizá sea el poemario costarricense más fino y más hermoso. Cierto: nadie lo sabe, pero lo sabe el tiempo, que ya viene. ( Víctor Hurtado Oviedo )

Pescador

¡Pescador, mi pescador,

no bebas más en el bar

y llena tu corazón

con el salitre del mar!

¡No bebas más, pescador!

¡Mira qué azul está el cielo

y qué verde está la mar!

¡En la punta de tu anzuelo

¡Echa tu pena a pescar!

¡Pescador, no bebas más!

Fogatas

Toros del monte, fieros,

levantan cuernos de fuego.

Por el monte van los toros

asediados por el viento,

llevan altos cuernos de oro

y sus cuerpos de humo negro.

¡Por el monte, toros fieros,

con sus cuernos de oro y fuego!

La palmera

¡Qué alta,

la palmera!

Se mira desde alta mar.

Es bandera

mastelera,

verde faro de la mar.

De lejos, los marineros

la saludan al pasar

–¡Alerta, los cañoneros,

que es la bandera del mar!

Los cangrejitos

Los cangrejitos guerreros

por la tierra y por la mar.

Por la mar y por la tierra

siempre listos a guerrear.

Soldaditos en la arena,

marineros en la mar

De negro van los más fieros

y de rojo el capitán.

RÍO TORRES

No llores más, río Torres,

que ya no debes llorar.

para que lleves al mar

yo te daré mi bajel,

con sus jarcias de colores

y sus velas de papel

LOS ZOPILOTES

¡Qué tristes son en invierno,

parados en los tejados,

los zopilotes negros!

¡Lindos se ven en sus vuelos,

cuando están bien encumbrados

por el cielo azul de enero!

ELEGÍA

Anoche estaba el lucero

mal herido, en una rama

de tu verde limonero.

Sangraba luz por la herida.

Por su herida blanca y roja

se le escapaba la vida.

¡Cómo temblaban las hojas!

Y el tronco, ¡cómo brillaba

bañado en sangre de aurora!

Cinco estrellitas de plata

que miraban en la sombra,

silenciosas le lloraban…

¡Que el galán de su lucero,

con una espina clavada,

se moría en tu limonero!

EL VAQUERO

Al alba, todos los días,

el niño, que es un vaquero,

con una rama de pino

camino de los potreros.

La vaca, con paso lento,

viene bajando el camino,

mugiéndole a su ternero.

Su ternerito, tan tierno,

apenas recién nacido,

tiene un lucero en la frente

y su pelo bien lamido.

ENCERRADO EN LA CIUDAD

Mis ojos miran el campo

a través de la ventana.

¡Quién se fuera por la senda

camino de la montaña!

Escalar hasta su cumbre

por tocar estrellas bajas.

¡Quién se fuera y no volviera

de sus selvas azuladas!

PREGÓN DE LA HORTELANA

Vendedora mañanera,

la que vienes a vender

la hortaliza de tu huerta:

–¡Zanahorias, remolachas,

lechuguitas, yerbabuena,

el perejil y la malva!

¡El perejil con su cresta,

la flor de la yerbabuena

con su granito de menta!

¡Las naranjas malagueñas,

y las lechugas nevadas

con nieve de luna llena!

EL ÁRBOL NEGRO

Herido fue por un rayo

su tronco, carbonizado.

El verdor no cubrirá

sus ramas en esqueleto,

ni volverán más los pájaros

a cantar en su alta copa

desnuda, de sol y viento.

El árbol sigue en su puesto,

erguido en el campo,

muerto.

RECUERDO

¿Te acuerdas, amigo, cuando

nos íbamos a bañar?

La poza grande y azul

donde se aprende a nadar.

El puente sobre la poza,

y sobre el puente la rama.

¡Y en la rama nuestra ropa

como una bandera blanca!

CANTAR

Aguas ligeras del río,

canosas ya de rodar,

en las barandas del puente

quiero decir mi cantar.

Dejad que vaya flotando

la espuma de mi cantar,

que al pasar por otro puente

otra voz lo cantará.

Dejad que vaya rodando

hasta las aguas del mar,

que a la mar van los cantares

y en la mar vienen y van.

El martín pescador

Parado en su verde rama

está el martín pescador.

–¡Pronto, martín, al agua,

que se asoma un pez de plata

bajo los los juncos en flor!