Esquina del poema
Domingo 16 de septiembre, 2007
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Esquina del poema

Champourcín


ILUSIÓN, AMOR, OLVIDO

Ernestina de Champourcín nació en Vitoria (España) en 1905. Pronto sintió la tentación extraña de la poesía. Se casó con Juan José Domenchina, también poeta, político republicano. De Juan Ramón Jiménez, Champourcín aprendió la sutileza del intimismo. A la inversa de lo normal, en Champourcín, lo dicho queda insinuado: ilusión, amor, soledad. La poetisa debió marchar al exilio tras la Guerra Civil; con la democracia volvió a España: allá murió de 1999. Entre sus libros están En silencio (1926), Ahora (1928), La voz en el tiempo (1931) y Cántico inútil (1936). Su último libro es Del vacío y sus dones (1993). Quienes la recuerdan dicen que murió en el olvido. ( Víctor Hurtado )

Y ESTÁS EN EL VACÍO...

Y estás: en el vacío

y en la ausencia presente,

en la que es y vive

sin dejar de ser única

oquedad invisible

con raíces eternas.

No hay mundo que la llene

pero sí algo vivo

que la besa y la calma.

NO FUE PARA MÍ...

No fue para mí...

Ya lo suponía.

Pero sé engañarme

tan bien con mentiras

y jugar al juego

de la falsa dicha,

que a veces me olvido

–ya ves si soy niña–

que estaba jugando

a que me querías.

NO QUIERO SABER NADA...

No quiero saber nada...

Ni de esa luz incierta

que retrocede vaga

ni de esa nube limpia

con perfiles de cuento.

Tampoco del magnolio

que quizá aún perfume

con su nieve insistente...

No saber, no soñar,

pero inventarlo todo.

AMBICIÓN

¡Quisiera ser viento!

Ráfaga tendida

que arrastra en su beso

el polvo y la nube,

la rosa, el lucero...

–No brisa apacible

que finge despechos

y siembra caricias–.

Yo quiero ser fuego,

volcán de aire rojo

que incendie el secreto

de todas las ramas

y todos los pechos;

aquilón desnudo,

huracán de acero,

fragua donde forjan

su actitud los cuerpos.

¡Cuando voy a ti,

quisiera ser viento

para arrebatarte

más allá del cielo!

LA VOZ DEL VIENTO

Búscame en ti. La flecha de mi vida

ha clavado sus rumbos en tu pecho

y esquivo entre tus brazos el acecho

de las cien rutas que mi paso olvida.

Despójame del ansia desmedida

que abrasaba mi espíritu en barbecho.

El roce de tus manos ha deshecho

la audacia de mi frente envanecida.

Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte

del silencio total. Ávida muerte

donde renacen, tuyos, mis sentidos.

Ahoga entre tus labios mi tristeza,

y esta inquietud punzante que ya empieza

a taladrar mi sien con sus latidos.

HUIDA

Inercia de la muerte. ¡Qué distancia

me aleja ya, segura, de lo humano!

Aquella rosa que murió en mi mano

será pronto recuerdo de fragancia.

Silencio de silencios. En mi estancia

diluye su perfil lo cotidiano

y retorna sin hieles a su arcano

esa amargura que la vida escancia.

Nada será de todo lo que ha sido.

Voy a ofrecer al sello del olvido

mis párpados febriles y mis labios

que inmoviliza el rictus de lo eterno.

¡Quiero escapar indemne del infierno

que arde en la trama de tus besos sabios!