Música
LOS VIENTOS DE LA FE
En peligro LA TRADICIÓN ORGANÍSTICA DE COSTA RICA FUE MUY IMPORTANTE, PERO hoy PENDE DE UN HILO
Lo dieron todo por la Iglesia. Como cruzados de la música, los órganos tubulares se convirtieron en aliados del arte y de la fe desde hace centurias. Imposible es imaginarse una catedral que se respete sin uno de ellos en su coro.
No obstante, por esas ironías de la vida, los órganos de Costa Rica agonizan en los templos, olvidados y maltratados en su imponente dignidad.
Por ejemplo, el órgano de la iglesia de San Pedro de Montes de Oca ya no existe: fue tirado a la basura. Otros son bodegas o gigantescos nidos de palomas; los más, presas del comején y la humedad.
En este mes, los gobiernos de Alemania y Francia trabajarán juntos en nuestro país en un proyecto de restauración de órganos, pero las personas interesadas en salvarlos creen que solo con el apoyo decidido del clero y de la ciudadanía será posible no perderlos para siempre.
En Tiquicia. Según investigaciones de Bosco Ramírez Redondo, amante de estos instrumentos, los órganos comenzaron a llegar a Costa Rica desde mediados del siglo XIX.
Él ha catalogado todos los órganos importados, y el más antiguo de su lista se estrenó en la iglesia del Carmen de Cartago en 1858.
Sin embargo, el órgano más viejo que aún se puede observar en una iglesia costarricense permanece en el templo católico de Palmares. Se lo importó en 1881.
A partir de esta fecha y hasta mediados de siglo XX, la adquisición de estos grandes instrumentos se volvió norma para cualquier iglesia de cierta importancia, especialmente en el Valle Central.
Instrumentos de diferentes tamaños fueron llegando luego a Tarrazú, Grecia, Tres Ríos, Moravia, Alajuelita, Belén y El Guarco, por ejemplo. La Catedral Metropolitana, la Basílica de Los Ángeles y la iglesia de La Merced (en San José) albergaron los más grandes y mejores órganos.
Para fray Miguel Ijurco, capuchino restaurador de órganos, no es casualidad que la importación de estos instrumentos esté ligada al esplendor de la época cafetalera en Costa Rica.
“Hubo cafetaleros que dieron donaciones muy importantes, o prácticamente regalaron el órgano de la comunidad donde estaban sus fincas”, explicó el religioso.
Dos de las casas constructoras con más órganos en Costa Rica son la E. F. Walcker, de Alemania, y la Cavaillé-Coll, de Francia.
Los registros de Ramírez indican que se importaron 14 instrumentos de la casa Walcker entre 1881 y 1958. Cinco de ellos ya desaparecieron por completo; entre ellos, dos adquiridos para la Catedral de Alajuela.
Aún permanecen los de Palmares (el más viejo del país, de 1881), el de Grecia (el mejor conservado), el de La Dolorosa y el del Templo Bautista en Cinco Esquinas de Tibás (el único fuera de un templo católico), ambos en San José.
Completan la lista el órgano de Guadalupe, el de Alajuelita, el de San Marcos de Tarrazú (desarmado en un cuarto), el de la Basílica de los Ángeles (el más grande de la empresa Walcker) y el del Colegio Don Bosco (ahora en la iglesia del mismo nombre).
Los órganos de Cavaillé-Coll se encuentran en El Carmen de Heredia y en la Parroquia de La Inmaculada (también en Heredia). El de la iglesia de La Soledad (San José) se atribuye a Charles Mutin, sucesor de Cavaillé-Coll.
De la fábrica belga Pierre Schyven & Cie. sobreviven los de San Isidro de Coronado, Santo Domingo de Heredia y la Catedral Metropolitana, en San José.
También existen órganos, de otras marcas, en San Ramón, La Merced, Tibás, la Catedral de Cartago, la Parroquia del Carmen de San José y el Convento de los Padres Capuchinos en Cartago.
Parecen muchos, pero serían más si no hubiesen desaparecido otros valiosos instrumentos, como el del Sagrario de la Catedral Metropolitana, y los de las iglesias de Tres Ríos, Moravia, San Antonio de Belén, Orotina y Curridabat.
Después del Vaticano II. Fray Miguel Ijurco y Orlando Vega (miembro del grupo responsable del buen estado del órgano de Grecia) no dudan en calificar al Concilio Vaticano II, en la década de 1960, como el punto de partida para la agonía de los órganos.
“Las decisiones del Concilio Vaticano II en cuanto a la liturgia comenzaron a tener consecuencias algunos años después de promulgarse las nuevas normas en 1963. A finales de los años 60, el órgano tubular cayó en desuso y abandono”, comentó Vega.
“Uno de mis compañeros dice que las guitarras pasaron de los salones de bailes a las iglesias. El ánimo de reforma del Vaticano II afectó el sentido litúrgico de la música”, expresó Ijurco.
Sin embargo, para el sacerdote Víctor Hugo Munguía, no se puede achacar toda la responsabilidad a ese Concilio.
“La principal responsabilidad del descuido de los órganos recae sobre quienes creyeron que utilizar toda clase de instrumentos y toda clase de música haría más participativa la asamblea. Además, la liturgia preconciliar no era un modelo de belleza en el canto, a pesar de los órganos”, opinó Munguía.
Lo cierto es que, tras el fin del Vaticano II el descuido se convirtió en el mejor compañero de los órganos costarricenses, los cuales pasaron años olvidados en lo alto de los coros de las iglesias.
El trabajo restaurador de Ijurco y Bernardo Ramírez (hermano de Bosco Ramírez) ha sido valioso, pero no ha contado con el total compromiso de clérigos y fieles para mantener los instrumentos.
Por ejemplo, su última restauración del órgano de la Basílica de Los Ángeles en el 2000 sirvió pocos años pues el agua de lluvia siguió filtrándose por las paredes internas y llegó a los fuelles del instrumento, que están dañados de nuevo.
La pequeña gran excepción ha sido el órgano de Grecia. Restaurado por Ijurco y Bernardo Ramírez en 1986, este valioso instrumento es el que se encuentra en mejor estado en el país.
El cuidado y el uso son constantes allí. Ese órgano tiene la suerte de contar con un grupo de buenos amigos que hace lo necesario para mantenerlo en forma.
Afortunadamente, el tiempo les ha dado la razón; por esto, las embajadas de Alemania y Francia se han unido para traer un representante de la casa Walcker y otro de la Cavaillé-Coll para revisar algunos de los instrumentos.
Desde mediados de octubre y durante tres semanas, los visitantes ajustarán la tonalidad del órgano de Grecia y el de la iglesia de Don Bosco. Además, tienen prevista una revisión del órgano de la Basílica de Los Ángeles.
También se repararán los órganos de las iglesias heredianas de El Carmen y La Inmaculada. Además, los organeros se llevarán dos o tres aprendices para enseñarles los fundamentos del mantenimiento de estos instrumentos.
Con esas acciones, al menos parte de nuestro valioso patrimonio histórico y cultural podría regresar de su agonía y comenzar a recuperarse. Octubre de 2007 es el mes de la esperanza para los órganos tubulares de Costa Rica.
Historia
Dos Órganos del Teatro Nacional
Poco antes de la inauguración del Teatro Nacional, el Estado compró un órgano a la fábrica italiana Giacomo Locatelli. Tenía un teclado de cuatro octavas, cinco registros y pedal de 20 notas. Con ese instrumento se acompañó la interpretación del Fausto el 21 de octubre de 1897, día de la inauguración oficial.En 1926 ya existía un órgano nuevo en el Teatro Nacional. Este, de la casa española Dourte-Alberdi, era mucho más grande y similar a uno de iglesia. Contaba con dos teclados manuales, 15 registros y un pedal de 30 notas.Poco después, en 1931, la parroquia de San Pedro de Montes de Oca se lo compró al Gobierno y lo trasladó al templo. Fue destruido durante la última restauración de esa iglesia, en la década de 1990.
Catedral Metropolitana
Para muchos, es el mejor órgano del país por la calidad de su sonido. Pertenece a la casa Pierre Schyven & Cie. La belleza de la caja que lo encierra tampoco tiene rivales. Sus medidas, de diez metros de longitud y cuatro de ancho, llenan con suntuosidad el coro de la Catedral Metropolitana. Tiene tres teclados manuales y 39 registros. Con cerca de 3.000 tubos, es el órgano mecánico más grande del país. Monseñor Thiel pidió el instrumento en 1899, luego de que una de las torres de la Catedral cayera encima del órgano anterior durante un terremoto. Para el sacerdote Víctor Hugo Munguía Castro, el silencio de este magno instrumento es un ejemplo de cómo la jerarquía católica costarricense no le da la importancia merecida al cuidado de los órganos.
la Basílica de los Ángeles
El último órgano comprado para la Basílica de los Ángeles, en 1956, es también el más grande de la casa Walcker en el país: tiene tres teclados manuales y 31 registros.Aunque ha recibido varias restauraciones, las filtraciones y la humedad lo han afectado gravemente. Por si fuera poco, los trabajos de restauración del templo lo han hecho víctima del vandalismo. El motor eléctrico fue reparado en un taller no especializado, lo cual pudo dañar las especificaciones de fábrica. Las aves han llenado con plumas y excrementos varias secciones. Además, el lugar donde se encuentra es un tanto estrecho. Los tubos mayores, que miden casi cinco metros, fueron modificados para que entrasen. Bosco Ramírez ha recomendado “desahogarlo” para lograr efectos sonoros óptimos.
Órgano en la Iglesia de Grecia
El órgano de la parroquia de Grecia es la excepción que confirma la regla: es el instrumento mejor conservado del país. Fue importado en 1886 y lo fabricó la casa Walcker. Tiene un solo teclado manual, siete registros y un pedal de 27 notas. En total, su caja esconde 423 tubos. La última gran restauración le fue realizada en 1986. Se lo usa constantemente. Cerca de una vez por semana acompaña la liturgia, recibe una afinación anual y se convirtió en una sede del Festival de Música Credomatic. Orlando Vega es una de las personas que más ha trabajado por la conservación del órgano y está orgulloso de que se haya convertido en ejemplo de lo que sucedería si hubiera interés en rescatar el resto de los 19 órganos del país que aún tienen esperanza de regresar a la vida.
FOTOS

El órgano de Grecia, gracias al cuidado constante, es el instrumento en mejor estado del país. Archivo

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Bosco Ramírez

Bosco Ramírez

Archivo

Orlando Vega
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