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Domingo 08 de julio, 2007
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Arquitectura

Arte étnico y... jardines

Diseño orgánico EL PARISIENSE MUSEO BRANLY ES UN EJEMPLO DE OBRAS QUE APORTAN JARDINES PEATONALES

Rolando Barahona-Sotela
rbarahon@racsa.co.cr

Al buscar soluciones para San José y nuestras ciudades, es oportuno analizar a Giedeon en su libro Espacio, tiempo y arquitectura (Harvard, 1941). Allí afirma: “Si se necesita una actitud universal en arquitectura, lo es en el planeamiento de las ciudades”.

Además, nunca es tarde para analizar aciertos portadores de un desahogo urbano que perdura desde el siglo XIX. Así, en el Londres anterior al ferrocarril, se crean plazas ajardinadas aisladas del tránsito para crear espacios verdes confortables y privados.

En París, con la transformación urbana, Haussmann logra vías fluidas y verdes con amplias plazas de respiración. Es que el árbol es vital en la coherencia urbana del París resultante de una actitud cívica promotora de proyectos innovadores que aportan digno espacio público abierto al peatón, como los museos Pompidou, Louvre o el polémico museo Branly, que cumple un año de vida.

Experiencia cinemática. El orgánico proyecto del arquitecto francés Jean Nouvel para un centro de cultura promotor de arte étnico y tribal, gana en 1998 el concurso internacional impulsado por el coleccionista Jacques Kerchache y el presidente Chirac.

En cinco años, cincuenta arquitectos e ingenieros en sitio, con 400 obreros, edificaron el megamuseo du Quai Branly.

Es una ondulada estructura-puente que flota sobre espacios arbolados como eco de la curvada silueta de su vecino, el Sena.

El Quai Branly alberga el departamento etnográfico del Museo del Hombre y la colección del clausurado MAAO.

Su propuesta enfatiza la línea horizontal como contraste de la cercana torre Eiffel y aporta 18.000 m² de jardín diseñado por Gilles Clément, se transforma al anochecer en un lago de luces.

Seis puntos de acceso articulan el conjunto a la ciudad, enfatizados por dos vibrantes paredes: una de cristal que resguarda el sitio del ruido sin aislarlo del entorno, y una “pared viva” con 15.000 plantas exuberantes en 800 m² que envuelven las oficinas.

Nouvel concibe un sorpresivo museo interactivo integrado a París, exaltando lo estético en cinco niveles: 30.000 m² contenidos en una dinámica volumetría exterior entre amplios ventanales, protegidos por parasoles en metal rojo al sur y por diagramas reticulares al norte.

La librería, un café en cristal y coloridos volúmenes flotantes impactan al visitante y al transeúnte entre vegetación y pasos peatonales: es una experiencia única.

Dentro: una galería de 220 m de largo para colecciones permanentes con plataformas elevadas de apariencia orgánica; datos y reservas abiertas a los investigadores; sala de lectura; mediateca; salas de cursos y conferencias; el restaurante Les Ombres, cuya cubierta en cristal lo integra al cielo y a la torre Eiffel; un cine y un teatro que se abre en verano al anfiteatro del jardín.

A partir del acceso, la curiosidad crece en la larga travesía por una sinuosa rampa de 180 metros, creando expectativas que aumentan con el deleite visual del depósito para la colección de instrumentos musicales, un imponente cilindro de cristal expuesto al público como instalación.

“Río arriba”, describe Nouvel, se desemboca en un mezclado recorrido geográfico por el genio creativo de Asia, África, Oceanía y América, incluida Costa Rica, en torno a 3.500 objetos que rotan de una colección de 300.000 piezas.

Aciertos y debilidades. La estrecha colaboración existente entre arquitectos, curadores y luminotécnicos crea un despliegue teatral cuyo fin es liberar tótemes, tejidos y entalladuras, de la rigidez de un museo “normal”.

En el recorrido, textos en escritura Braille, bajorrelieves y pantallas apoyan a personas con minusvalías. Se ha criticado la ausencia de largos textos, pero el hecho de entrelazar videos que captan rituales, danzas, viviendas, vestimentas y dinámicas comunitarias, actúa como un logrado apoyo a comprender y celebrar otras visiones de la vida. Tal es una acertada estrategia para esta era de cultura visual más que textual de la que somos parte.

Sin embargo, se siente una museografía cargada, con circulaciones angostas para recibir al numeroso público. Muretes sinuosos en cuero color arcilla y piso rojo, más que mimetizarse, compiten con las expresiones de pueblos que aún están en contacto con la tierra.

Los ventanales permiten contacto con las arboledas y apoyan la iluminación diurna, pero crean un reflejo visual molesto. Estas debilidades se diluyen pues este es el mágico ejemplo de un museo vivo, dinámico, que incita al visitante a pensar, a descubrir culturas consideradas tradicionales ya desaparecidas o en vías de extinción.

Más que sus datos, esas culturas delatan su esencia en vestimentas y objetos rituales, entre otras expresiones artísticas.

Así, cabe reflexionar sobre la arquitectura contemporánea museística concebida en su interior como un espectáculo estético por sí mismo. A pesar de convertirse en un ámbito competitivo con lo exhibido, es una escultura fascinante y provocativa que celebra y permite a los objetos hablar por ellos mismos, y es también un valioso aporte al espacio peatonal urbano.

Para más información:

www.quaibranly.fr/es

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Galerías.Formas orgánicas dirigen al visitante. Rolando Barahona para LN
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Fachada.Detalle de “pared viva” con sistema de goteo. R. Barahona para LN
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