Costa Rica, Domingo 9 de diciembre de 2007

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Quizás, quizás, quizás

  Homenaje El cineasta Wong Kar-wai filma el desencuentro amoroso con trazo impresionista

Jurgen Ureña Arroyo | jurgenurena@yahoo.com

El título original del filme es 2046 . Este también es el número de habitación desde la que escribe el lacónico protagonista. Además, 2046 es el año en que transcurre el relato literario que habita este modelo para armar que –para efectos prácticos– llamamos película.

En defensa de la claridad conviene recordar que el director de 2046 es el hongkonés Wong Kar-wai, célebre por sus películas luminosas, aunque no precisamente claras. Tal vez ayude un poco si añadimos a estas líneas el esbozo argumental propuesto por el propio director: “ 2046 es la historia de un hombre que se inventa a diferentes mujeres para no olvidar a la única que amó y traicionó”.

Intentémoslo de otra manera: 2046 es la historia de un hombre que se engaña al creer que escribe sobre el futuro cuando en realidad escribe sobre su pasado; es un filme intimista que seduce mediante el juego de la simetría y el ritmo; es una película de ciencia ficción, un juego de azar y una variante cinematográfica del bolero latinoamericano… No hay caso. Algunas veces, la claridad se niega a ser encontrada o no se busca desde el lugar apropiado.

A la manera del impresionismo pictórico, el cine de Wong Kar-wai pierde sentido cuando se lo observa de cerca: su poética particular requiere de movilidad y distancia para superar el arabesco y acceder al motivo trazado por el conjunto.

Influencias. Wong Kar-wai está a punto de cumplir cincuenta años, aunque sus infaltables anteojos oscuros y su estudiada informalidad sugieren que apenas roza los treinta. Esta apariencia a prueba de prisa y de polvo –este look cool, dirían algunos– coincide con su vistosa filmografía, heredera de los lenguajes del videoclip y la publicidad. No es casual que sus elencos incluyan estrellas de la música pop oriental como Leslie, Cheung o Faye Wang, y que su nombre aparezca publicado a menudo bajo las siglas WKW, a la manera mínima y efectiva de MTV o BMW.

Curiosamente, tras la sencillez de las siglas WKW surge la complejidad de la ciudad de Hong Kong, el colorido de los años sesenta y la cadencia del bolero latinoamericano. ¿Cómo confluye todo esto en una sola película? Wong Kar-wai responde conforme recuerda: “Cuando llegué a Hong Kong tenía cinco años, y lo primero que me impresionó fue la música y los sonidos de la ciudad. En los años sesenta, en los bares y night clubs , actuaban las bandas filipinas que introdujeron la música latina en Oriente. Me fascinaban los boleros; los encontraba divertidos”.

El cine según Wong Kar-wai es siempre recuerdo: de una melodía, de un instante, de una noche, de una película o incluso de un fotograma. El director confirma esta idea cuando habla de su particular proceso creativo: “Algunas veces, las situaciones, los personajes o las localizaciones me recuerdan algo. De repente me doy cuenta de que todo lo que elegí me lleva, por ejemplo, al cine de Antonioni”.

La elegante puesta en escena del hongkonés dibuja con frecuencia el rastro benéfico de directores como Mu Fei, Stanley Kuan o Hou Hsiao Hsien, y de cineastas de la modernidad europea como Michelangelo Antonioni, Chris Marker o Jean-Luc Godard. Este malabarismo inusual entre tradiciones estéticas diversas le ha concedido en muy poco tiempo la etiqueta de “cineasta posmoderno” y el aplauso generalizado de la crítica internacional.

Jazz y nostalgia. Cuando las lágrimas pasen (1989), primera película dirigida por Wong Kar-wai, es una pieza refinada del cine gangsteril asiático. El intercambio de venganzas por parte de las bandas rivales, tal como dictan las leyes del género, y el propio ejercicio de escritura de un guion “normal”, representan, para el joven cineasta, una carga que abandona decididamente a partir de su segundo largometraje.

Con Días salvajes (1991), Wong Kar-wai desarrolla una serie de claves estilísticas que desde entonces caracterizan su filmografía: el delicado trazo fotográfico del australiano Christopher Doyle, la voz en off que confiere a las acciones una dimensión evasiva, los boleros cantados en castellano y la construcción de atmósferas sugerentes, por encima de la continuidad del relato.

Ya lo sabían Rossellini, Welles y Godard: el cine –como el jazz– es una criatura que despierta cuando se olvida el libro de instrucciones. Wong Kar-wai lo explica a su manera: “Me aburre demasiado el proceso del guion, por lo que sencillamente no lo escribo antes de rodar. Discuto las escenas con los técnicos y los actores, generalmente en función de fragmentos y criterios musicales, más que argumentales. Algunas veces no encuentro la película durante la filmación, sino hasta el montaje”.

Cenizas del tiempo (1994) es una costosa película de artes marciales que ha intercambiado las peleas acrobáticas por los laberintos cronológicos y emocionales. Es también la confirmación de la añoranza y el amor imposible como temas esenciales en el cine de Wong Kar-wai: “Mis personajes están terriblemente solos, pero quieren dejar de estarlo. Buscan desesperadamente algo; lo malo es que aquello que buscan ya ha pasado. Entonces surgen la nostalgia, la culpa y el dolor”, añade el cineasta.

Principio de incertidumbre. Chungking Express (1994) es un filme caprichoso, fresco e impredecible, que Wong Kar-wai rueda durante una pausa de dos semanas en el montaje de Cenizas del tiempo . El desprecio por los métodos establecidos alcanza sus notas más agudas en esta inspirada obra. Tras el rodaje de Ángeles caídos (1995), película de trámite y gimnasia narrativa, el cineasta busca, en el planisferio, las antípodas de la ciudad de Hong Kong y encuentra en Buenos Aires el escenario de su próxima hazaña.

Con Happy together (1997), Wong Kar-wai se acerca al universo homosexual y a los bajos fondos de la capital argentina. Además, sigue el rastro del escritor Manuel Puig, una de sus influencias más significativas: “Leí a Puig cuando estaba en el colegio, y me inspiró esa manera de contar las historias, ese algo indefinible que me gustaría transmitir con mi cine”, explica el director.

Deseando amar (2000) es hasta hoy su película más conocida y celebrada en Occidente. Es también otra vuelta de tuerca al tema de la añoranza y el deseo, tal vez la última posible: “Resultaría aburrida una película sobre un hombre y una mujer que se aman y se conocen en el momento preciso y son felices. ¿A quién le importa eso? Me interesa más saber qué les ocurre a estas personas que no se encuentran nunca”, concluye Wong Kar-wai.

2046 , estrenada con gran expectativa hace tres años, es un aporte coherente con ese gran lienzo que el cineasta ha pintado a lo largo de su carrera. Los criterios tradicionales no funcionan demasiado bien ante este colorido y amplio trazado. Quizá convenga olvidarse del manual, relajarse un poco y cambiar de postura dos o tres veces, como sugiere el canto resignado de Nat King Cole en la película Deseando amar : “Siempre que te pregunto que ¿cuándo?, ¿cómo? y ¿dónde?, tú siempre me respondes: ‘Quizás, quizás, quizás’”.

FOTOS

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Fotograma de la pelícual 2046 (2004). Jurgen Ureña para LN

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Fotograma de la pelícual Deseando amar (2000). Jurgen Ureña para LN

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Fotograma de la pelícual Happy together (1997). Jurgen Ureña para LN

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Wong Kar-wai, cienasta hongkonés. Jurgen Ureña para LN

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Afiche promocional del filme Chungking Express (1994). Jurgen Ureña para LN

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Afiche promocional del filme 2064 (2004). Jurgen Ureña para LN

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