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Domingo 26 de agosto, 2007
Foto id: 1703040

La danza de Almeh , pintura realizada por el artista francés Jean-Léon Gérôme (1863). Archivo
Escenas

Ondas bailables


esteban.cordoba83@gmail.com

No sabemos si los ritmos vinieron de la India, en las caravanas de gitanos; si nacieron en las ceremonias del antiguo Egipto; si evolucionaron en las arenas árabes o los harenes turcos, o si resucitaron en la Exposición Universal de Chicago (1893). Lo que queda claro es que la danza del vientre sigue fascinando al mundo. Cada pueblo que la baila se disputa su nacionalidad y su origen. Nombres comoraqs sharqi (árabe),belly dance (inglés) yrakasse (turco) comprueban su éxito. En Europa, en los siglos XVIII y XIX, los románticos orientalistas dieron a conocer elraqs sharqi por medio de sus obras basadas en la vida de los harenes del imperio otomano.

¿De dónde viene esa fascinación? Habremos de entender, sin aludir a Aristóteles, que la totalidad del cuerpo es mayor que la suma de sus partes. Los movimientos suaves y fluidos del bailarín disocian y coordinan elementos corporales que, al menos en Occidente, seguirían un esquema regular. Las manos y la cabeza suelen irrespetar el ritmo del vientre; pero por instantes se unen a él y producen un efecto de armonía controlada. Las extremidades y el rostro son libres para manifestar diferentes emociones, mientras el vientre se esfuerza constantemente por retener toda la atención.

En esta danza, el vientre es un instrumento de expresividad sensual, que sugiere, provoca, fascina… No por menos se la ha querido prohibir en casi todas las religiones abrahámicas. Si usted no teme (o quizá desea) tales acercamientos, puede ir a las presentaciones de la bailarina Amar Gamal, como la del 31 de agosto en el Teatro Melico Salazar.

Esteban Córdoba Arroyo