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| Domingo 26 de agosto, 2007 |
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Katharine Hepburn(12 de mayo de 1907 - 29 de junio de 2005) escribió la autobiografía Yo misma: Historias de mi vida . EFE |
Arte étnico y... jardines
Distinta LA ACTRIZ KATHARINE HEPBURN INAUGURÓ UNA FORMA INDEPENDIENTE DE SER MUJER EN EL CINEAlguna vez, Humphrey Bogart recordó que Katharine Hepburn era una autoridad en temas tan dispares como laSuma teológica de santo Tomás de Aquino y la aplicación del abono sobre una parcela de amapolas. Sin duda, Katharine fue una mujer asombrosa: fortaleza adornada de paradojas, militante de las libertades, enamorada de su familia, tolerante, aristocrática y liberal.
Su padre, Thomas Hepburn, fue un médico ilustrado de la Nueva Inglaterra; su madre, la inquebrantable sufragista Katharine Houghton. Como ocurre con los iconos perdurables,Kate fraguó su vida al calor de las contradicciones, entre francas certezas y fragilidades. El origen del mito se ha ubicado, a pesar del vanidoso vaivén en torno a su fecha de nacimiento, en mayo de 1907.
Diva del inconformismo. Desde muy temprana edad, las luchas por la independencia y la autonomía moral fueron el norte de Katharine Hepburn. A los ocho años se cortó el cabello y durante todo el verano se hizo llamar Jimmy. En su juventud cambió los estudios de física por las tablas, abandonó su casa en Connecticut, y viajó a Nueva York con la intención de suavizar una voz demasiado metálica. No lo consiguió: fue la primera de una serie de singularidades propias, que en poco tiempo trastornaron los altos salones de la industria cinematográfica.
En 1934, a los 27 años, aquella “curiosa muchacha con rostro de calavera”, recibió el premio a la mejor interpretación femenina del Festival de Venecia, porMujercitas . El año anterior, su actuación enGloria de un día le había valido un Oscar que nunca retiró. Para ser exactos, Katharine Hepburn no asistió a ninguna de las doce ceremonias en las que fue candidata como actriz protagónica, y devolvió las cuatro estatuillas otorgadas durante su carrera.
En poco tiempo, las protestas contra la banalidad hollywoodense, así como la huida permanente de autógrafos y entrevistas, convirtieron a Kate en una estrella decididamente atípica. El cambio se anunciaba en cada gesto: las espías, reinas, heroínas legendarias o mujeres fatales, interpretadas por Greta Garbo y Marlene Dietrich, cederán poco a poco ante su corporeidad altiva y espontánea.
Veneno para la taquilla. En palabras de su biógrafo Christopher Andersen, “Katharine fue la mujer que puso pantalones a todas las mujeres, en sentido figurativo y literal”. Efectivamente, las luchas por la igualdad femenina alcanzaron las grandes pantallas y las calles del mundo, de la mano firme de Kate.
El certero George Cukor, quien la dirigió en diez ocasiones, explicó alguna vez: “No se parecía a los años treinta, sino a sí misma. Después, las muchachas comenzaron a imitarla, y finalmente la década se pareció a ella”.
El cobro por tanto “atrevimiento” no esperó demasiado. Las primeras facturas llegaron tras el estreno deLa gran aventura de Silvia (1936), en la que una encantadora y andrógina Katharine vestía de hombre durante la mayor parte del film y besaba a otra mujer.
El travestismo había sido ensayado por Greta Garbo en la imponenteReina Cristina (1933), pero las transgresiones de Hepburn comenzaban a ser inquietantes.La fiera de mi niña (1938), una de las mejoresscrewball comedies de la historia del cine, fue premiada con un rotundo fracaso económico.
A partir de este momento, Kate sería “veneno para la taquilla”, de acuerdo con el argot dolarizado de los jerarcas cinematográficos.
En 1938, un huracán arrancó los cimientos de la casa familiar de los Hepburn, en Connecticut. Kate regresó entonces al tiempo de la reconstrucción, de las tertulias shakesperianas y los paseos por la playa. Al año siguiente estrenó en BroadwayHistorias de Filadelfia , y compró los derechos cinematográficos de la obra: además de una sofisticada actriz, se había convertido en una intuitiva mujer de negocios. Cuando los productores hollywoodenses quisieron filmar la exitosa pieza teatral, cobró una suma exorbitante y les devolvió, en pequeñas cucharadas, su propio veneno.
Dar y recibir. En La mujer del año (1942), Kate mostró un asombroso dominio del francés, el ruso y el castellano, y descubrió que todos los idiomas mienten cuando hablan de “amor”. “No es como usualmente se cree: no tiene que ver con lo que se espera recibir, sino con lo que se espera dar”, afirmó en su autobiografía.
Fue inmediata la química que apareció entre Katharine Hepburn y Spencer Tracy, galante coprotagonista enLa mujer del año . Nadie habría pensado que pudieran conversar un par de minutos; sin embargo rodaron nueve películas memorables y convivieron durante poco más de veinticinco años. Su trabajo histriónico se benefició notablemente de las asimetrías que había entre ambos, y de un par de rasgos comunes: el encanto y la inteligencia.
En 1948 rodaronLa costilla de Adán , brillante sátira contra el sistema judicial norteamericano, lastrado de prejuicios contra las mujeres. Su última película,Adivina quién viene esta noche (1967), se convirtió en contundente manifiesto en favor de la tolerancia, a tono con el sueño integracionista de Martin Luther King y en vísperas de su asesinato. Spencer Tracy murió dos semanas después de la finalización del rodaje; Kate rehusó ver la película hasta el último de sus días.
Recuerdo. El 29 de junio de 2003, a los 96 años, Katharine Hepburn murió. Precursora de un nuevo tipo de actriz y de mujer, fue una franca habitante de las paradojas: fuerte y aguerrida en la defensa de su individualidad y de los derechos femeninos; cálida e incluso infantil en su dimensión íntima.
Alguna vez, Humphrey Bogart recordó que Katharine Hepburn era una mujer asombrosa; hoy, entre conmemoraciones por el centenario de su nacimiento, entre nostalgias y devociones cinéfilas, todos la recordamos.
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