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Domingo 08 de abril, 2007
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Creadores.La fotógrafa Adela Marín pintó con luz la obra del escultor de instrumentos Juan Carlos Soto. Eddy Rojas
Fotografía y música

PONER Ojos a la obra

Arte del arte. LA FOTÓGRAFA ADELA MARÍN FIJA EL MOVIMIENTO DEL ‘LUTHIER’ JUAN CARLOS SOTO

Alejandra Vargas Morera
alevargas

Adela Marín Villegas habitualmente fotografiaba escenas de vida de las mujeres, desigualdades y desnudos; pero cierto día cambió la epidermis humana por la madera. Entonces fue al taller de Juan Carlos Soto para seguirle el paso en la construcción instrumentos musicales de madera y cuerdas.

El resultado ha sido una espléndida colección de fotografías de dos artistas en acción: una detrás de la cámara; otro, delante de ella.

Marín tomó casi mil fotografías, y a partir de estas creó una muestra de 32 fotos de gran formato bajo el título de Listo para embalaje .

Con gran aceptación, esta serie se expuso en marzo en “El Farolito”, el Centro Cultural de España.

Al mediano plazo, tales imágenes podrían formar parte de un libro que cuente la alquimia de los sonidos en Costa Rica.

“Juan Carlos es un artista, una joya. Al acercarme con la cámara y mostrar las imágenes, quise reconocer públicamente la valiosa labor que el realiza de forma silenciosa desde hace ocho años”, dice Marín.

Soto es autor de más de 150 instrumentos, entre ellos violines, arpas, violonchelos, guitarras e instrumentos de modelos antiguos, como laúdes, vihuelas, tiorbas y clavicémbalos.

Veinte de estos instrumentos son propiedades de costarricenses, y el resto pertenece a colecciones privadas o a importantes museos, universidades y solistas profesionales de todo el mundo.

Este notable luthier nacional ha enviado sus creaciones sobre todo a Italia, Estados Unidos y Japón.

Nuevo mundo. Sin conocimiento alguno de música, Adela Marín asegura que desde la primera mirada la invadió una fascinación por la enorme dificultad y rigurosidad que significa crear una “escultura de madera” que debe producir un sonido bello, como los instrumentos de Soto.

Durante casi tres meses, Marín vivió una experiencia enriquecedora al acercarse a un arte tan nuevo para ella. “Juan Carlos es una persona maravillosa, creativa e inteligente. La muestra de fotografía que hicimos procura reconocer la labor que él realiza de forma silenciosa”, expresa Marín.

“Como artista plástica fue muy enriquecedor participar del proceso creativo de un músico. La interdisciplinariedad de esta exposición fue el mérito más lindo, y se lo reconocemos al promotor Otto Castro, de quien fue la idea”, añade.

Adela Marín es Bachiller en Artes Plásticas con especialidad en Pintura. Es una artista reconocida en Centroamérica, con importantes premios y distinciones a partir de su obra fotográfica ganadora de la IV Bienal de Artes Visuales Bienarte 2003. Además, es profesora e investigadora de temas de femineidad en la Universidad Véritas. Cuenta con una extensa participación en exposiciones nacionales y extranjeras de fotografía, pintura y otras disciplinas. Cuenta con varias publicaciones periódicas.

A su vez, por su trabajo, Soto se ha ganado el respeto internacional. En este momento trabaja en varios instrumentos para intérpretes foráneos. Además, repara y reconstruye instrumentos muy antiguos y evalúa la “salud” y el precio de los instrumentos que hay aquí cuando algún músico quiere venderlos o asegurarlos.

Un ‘mandato’. Juan Carlos Soto está convencido de que es luthier porque ese era su mandato en la vida. A los 7 años, su padre logró que Soto se incorporase a estudiar violín en el programa infantil de la Orquesta Sinfónica Nacional. Tal fue su primer acercamiento a la música

Luego, Soto realizó un breve viaje a Venezuela y estuvo cuatro horas en el taller de un reconocido constructor de arpas. Dos meses después, Juan Carlos terminaba su propia arpa en Costa Rica, hecha en madera de cedro.

A los 17 años, el joven Soto decidió estudiar guitarra clásica en la Universidad de Costa Rica bajo la tutela de Mario Solera.

Sin embargo, su destinó terminó llevándolo siempre hasta la cuna de la cultura y el arte en Cremona, Italia, gracias a una beca del gobierno italiano. Allá aprendió de grandes maestros en el Instituto Profesional Internacional para Luthiers y Arqueteros Antonio Stradivari; luego, regresó a hacer de las suyas al país.

¿Cómo percibe la gente su trabajo? “Yo llegué aquí en 1999 y siento que, en estos ocho años, las personas me han dado un trato cálido y han quedado muy a gusto con mi trabajo. Nunca nadie me regateó, y eso que los precios son altos”, aclara Soto.

“En Costa Rica aún falta mucha información para que las personas entiendan qué es construir instrumentos. Por esto, decidí volver y tengo un taller a puertas abiertas, y algunos muchachos aprenden conmigo”, dice.

“Lo más difícil para ser luthier aquí es afrontar la desinformación que predomina e importar siempre todos los materiales para trabajar. Sin embargo, esta labor se hace con enorme pasión. Construir un instrumento es una obra única. Ya he empezado a experimentar con maderas nacionales, como el cocobolo. Además, creo que ya se da un cambio en las personas que se interesan un poco más en estos temas, y esto me alegra”, concluye.

Mil miradas, mil fotos; miles de horas de un artífice manual: todos son números hoy eternizados en imágenes. La mano da forma y el sonido se hace luz.

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