
Fotografía: Garrett Britton / La Nación. |
El que ríe de último, canta mejor. De último siendo de los primeros. De aquellos que recorrieron los callejuelos comienzos de la música popular para que hoy los más jovenes transiten por la calle mayor del reconocimiento. Y entonces, todos venimos a reconocerlo a él.
La garra guitarrera y la voz de trasnoche de Ramón Jacinto Herrera Córdoba, Ray Tico, evocan refugios de buena muerte y mal de amores.
Cuando se pone a bolerear, Ray le hace el amor a su guitarra. Le susurra, le desliza cuidadoso los dedos sobre las cuerdas, le da palmadas sinvergüenzas a las maderas, la zarandea en el aire, hasta que aquella se suelta en calideces y desvaríos.
El idilio con ella no cesa nunca, se provocan mutuamente y él le conoce los vericuetos a esa novia bohemia: hasta después de dos horas de tocarla, él siente que ya es suya, que se le afloja al fin en los acordes que él quiere sacarle.
En penumbra y vestidos de rumba y parranda a mediodía, nuestro Domingo Siete a trasmano le pirateó un bolero, discurriendo por la historia de Ray Tico, el bolerista cuyas composiciones han cantado Marco Antonio Muñiz, Arnoldo Castillo y aquel pícaro "Negrito del batey", Alberto Beltrán. Y nada menos que Paquito D' Rivera grabó su Romance de la Habana con la Sinfónica de Berlín.
Para muchos y para él mismo su bolerazo es "No me pidas jamás que te olvide, porque es imposible....", ese bolero suyo, ese, y el otro precioso que me cantó esa noche de falsa bohemia en Jazz Café: "Me quedo callado", que también canta divino Arnoldo Castillo.
El rostro le desborda los lentes oscuros atisbando mi sorpresa por sus 77 años, que ajustará el próximo 8 de noviembre. Me perderé su cumpleaños por vacaciones (nos volvemos a ver en esta página en noviembre).
Más de 32 canciones, las de Ray, todas de amor...
"...Si yo le contara... En los tiempos antiguos ser guitarrista era una mala palabra..., porque el guitarrista era un borracho, un trasnochador, un prostituto, una vergüenza de hombre...
-¿Y era así?
-Pues el que tocaba la guitarra no tenía profesión, era una especie de oficio, como jornalero, albañil, y se veía como mal porque era como de tercera o cuarta condición.
"El caso mío fue muy interesante porque me encantó la guitarra desde chiquillo y luego la cogí como un motivo de supervivencia, para subsistir, como un par de muletas, y me resultó. Seguí con ella hasta que vino a coger un poco más de respeto. Yo digo que fue el gran Andrés Segovia quien se la dio. Yo tenía 15 años cuando lo oí y vi que la hizo sonar lindísimo, la hizo suya como un genio. Él venía aquí de a callello... San José era chiquitico. La primera vez lo trajo Chisco Salazar, el arquitecto del Club Unión.
"Yo me sentí bien con la guitarra y para el futuro. No tuve una formación como debe ser. No había plata ni tiempo, había que agarrar todo en el aire: los volados, las magias de otros guitarristas, agarrarlo y practicarlo. Logré hacer una especie de trabajo personal desde chiquito, cuando la guitarra era más grande que yo, me la prestaban, ella me quería botar y yo no quería soltarla; cada día aprendía cositas. La señora que me enseñó los primeros acordes fue una mujer importantísima, hija del primer denstista del país, Conchita Coblenz, allá en Limón.
-¿Y cuándo se volvió Ray Tico?
-Jovencito, en 1947, ya estaba en Bogotá, cantando en un barcito y un gran amigo de un trío me dijo que con el nombre que tenía no iba para ningún lado, no servía para un artista. De Ramón, Ray y como soy tico, pues... Yo siempre oía buenos consejos; los atesoré porque eran consejos gratis y con muy buena voluntad.
-Cuénteme de sus viajes.
-Primero fui a Colombia, ay Dios mío, qué lindo, después a Venezuela, ahí me pasaron muchas cosas pues esos países andaban revueltos. En Colombia me hice una foto con Pablo Neruda, en una embajada donde me invitaron a comer empanadas unos amigos chilenos.
-¿Y usted cantó?
-Yo llevaba la guitarra siempre. Yo no iba a robar... Cantaba una canción y me regalaban un sánguche, y otra, y un café; un par de canciones, una dormida. Había un trueque, así es la vida. No le pongo espuelas a la vida, bienvenida, sea lo que sea, si hay plata, bueno, y si no, pues no. Un amigo en Nueva York me dijo "usted cante con hambre o sin hambre, pero cante y camine..."
-¿Y usted fue muy bohemio?
-Los guitarristas de aquella época no duraban o sucumbían en un caño pues no estaban las drogas. Había mucha oportunidad de destruirse y yo, que era metro noventa ojos azules -jovencito era galán, qué va a creer-, entonces se me presentaban oportunidades, yo les tenía miedo y respeto. Pero en realidad fue Jesús el que hizo que estemos aquí juntos, conversando. Yo tengo esa ilusión de vivir, de agarrar el viento, el cielo, el agua.
"A finales del 2003 me hicieron un homenaje en México, en la embajada, y fue Marco Antonio Muñiz, con el que viví en Nueva York...
"Y en aquella época fui a República Dominicana, Haití, Trinidad y luego a Europa. Estuve en La Habana cuatro años, en el Tropicana. Hice una canción que se llama Romance de la Habana...
--Y esos boleros que hablan de amor, Ray, ¿qué es el amor?
-Es misterioso, es un perfume chanel #5, aunque no solo es un hombre y una mujer, que es de los más preciosos momentos que Dios creó, aunque Adán y Eva fueron un par de maleantes pícaros, no los quiero...
"El amor es la sonrisa de un chiquito, el atardecer, la brisa, el bullicio de los niños, de la música, las canciones... Cuando alguien llega de mal humor y oye un bolero, ya se le quitó ese colerón. Los poetas y los músicos no tienen chance de hacer maldades, porque no hay tiempo, se dedican el 75% a amar lo que hacen. Prodigar amor, de eso se trata la vida.