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Por principio general, no salgo los fines de semana. Lo mío es de lunes a jueves. Con disciplina de monje zen, trato de cumplir lo que ha llegado a convertirse en el sagrado sacramento de mi vida social. Por eso, las noches de viernes y sábado las dedico a ver películas en video, al estado contemplativo-vegetativo y o la navegación virtual. O una combinación de las anteriores.
El viernes pasado decidí chinearme un poco. Qué mejor idea que una velada con el top 3 de mis películas favoritas de todos los tiempos. La selección fue ardua. El miércoles empecé con una lista de diez que ya para el jueves se vio reducida a cinco. Luego, por medio de un complejo sistema de voto secreto unipersonal, restringí la lista a los mejores tres largometrajes de mi vida. En orden cronológico: Operación Dragón, Rocky III y El Karate Kid.
En plan confesional, tengo que decir que El Karate Kid es la mejor de las tres. Es fácil convencer al espectador de que Bruce Lee o Silvester Stallone representan al héroe cuyo modus vivendi y operandi se guía por el muy pragmático eslógan "un directo a la nariz resuelve más que mil palabras". Pero que en una peli el protagonista insulso, debilucho y tontón se convierta en el heredero de la técnica del puño limpio para resolver las cosas, es una genialidad.
Está de más aclarar que a los 15 años, solo en una sala de cine herediana, en tanda de cuatro, me vi proyectado en el semi oligofrénico de Daniel Larusso (el protagonista interpretado por Ralph Macchio). Se supone que eso es lo que pasa en el cine. En mi caso, se supone bien. ¿Cuántas veces, a escondidas en mi habitación, habré practicado la imbatible patada de la grulla con la que Daniel despeluca, en el último minuto, a un contrincante a todas luces más dotado que él? ¿Cuántas veces habré soñado, dormido y despierto, que se la propinaba a algún archienemigo, a un enemigo ordinario o un simple desconocido que tuviera la mala suerte de cruzarse en mi camino un mal día? Ni qué decir del Sr. Miyagi. ¿Qué adolescente que se respete no sueña con tener un maestro como el que encarna Noriyuki "Pat" Morita? Me aprendí de memoria la frase con que el inmigrante japonés le enseña la mentada técnica de la grulla a Larusso: "if do right, no can defense", que traducido al vuelo sería algo como "si hacer bien, no puede defensa". Tome pa' que lleve.
En otra ocasión, si la crítica me lo permite, repasaré las siguientes escenas de los otros dos filmes: 1) Bruce Lee, topless, dándole sopa de muñeca a un ejército de cintas negras que lo abordan en grupos sucesivos de tres o cuatro; 2) Rocky balboa, contra todos los pronósticos, como corresponde, volteando una pelea que perdía frente al temible Clubber Lang (Mr. T, mejor conocido después por su impecable personificación de Mario Baracus en Los Magníficos).
No pierdo la esperanza, siempre hay candidatos para propinar la patada de la grulla. Mientras tanto, hay que volver a la realidad, esa mala película.