Domingo Siete: Marjorie Ross: La espía del espía

Fotografías: Garrett Britton / La Nación.

Aurelia Dobles
adobles@nacion.com



La buscamos en los rumores de un paredón incierto, cerca de un parque erizado de escondites y a lo largo de las escaleras de acceso a un poder público.

Con la apariencia de una tranquila ama de casa, al margen de un celular y a pie o en taxi, Marjorie Ross es altamente engañosa: en realidad caleidoscópica como intelectual de altos decibeles, periodista investigadora de sagaz pluma, poeta de delicado verbo, chef exquisita, y ducha para no perderse en el laberinto de sus últimas investigaciones a lo largo de diez años.

La hallamos con aire inofensivo, como si emergiera de la elaboración de una fácil receta, cuando en realidad emprendió una peligrosa aventura tras las huellas de un apasionante espía ruso.

Al igual que su personaje de la vida real, la escritora se escabulle de definiciones al uso: El secreto encanto de la KGB. Las cinco vidas de Iósif Griguliévich", presentado esta semana por la editorial Farben Norma, no es una novela tradicional ni un ensayo.

"Al igual que su personaje de la vida real, la escritora se escabulle de definiciones al uso."

Resuelve el acertijo de que la realidad es más fascinante que la ficción y lo deja por escrito.

Como señala sobre este libro Laurence Whitehead, académico de Nuffield College, Universidad de Oxford, Inglaterra, "reconstruir esta trama oculta requirió gran dominio de la historia de la Guerra Fría y del movimiento comunista internacional. Poner al descubierto la verdad de tantos famosos episodios que hasta ahora han sido erróneamente narrados, exigió la habilidad forense y la paciencia de un reportero investigativo de alta calidad, con la visión internacional y la habilidad para verificar oscuras fuentes a través de todo el mundo".

-¿Por qué te apasionó este personaje?

-Siempre me pareció fascinante la literatura de espionaje, soy admiradora de John Le Carré, por ejemplo, pues siempre me pareció ese un mundo extraño, lleno de espejos distorsionantes como los de las ferias, y por otro lado está mi interés por la cosa política. En este asunto se juntaban las dos cosas y era un verdadero misterio, una historia para ser armada. Como punto de partida solo tenía unos rumores, el ovillo para ser desenredado, y estaba ligado a una parte extraordinaria e importante de la historia del siglo pasado. Llegó a tentarme y ser una obsesión.

-¿Cuánto te llevó el proceso de investigación?

-Una década completa. El primer avance de investigación lo publiqué en la Revista Dominical en 1994, no tenía un año de estar investigando. Para poder armar las cinco vidas de este hombre, las que pude, las más relevantes, tuvieron que pasar varios hechos, como la apertura de los archivos en Moscú, o la puesta a la vista en Estados Unidos de los mensajes desencriptados de los agentes rusos en la II Guerra Mundial, que se llama Proyecto Venona. Este nunca lo logró identificar a él pero yo al ver los telegramas, aunque ponían agente no identificado, empecé a atar cabos. Eso fue como el lacito final, después de analizar cantidad de bibliografía, entrevistas y documentos en el Archivo Nacional y en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Espía soviético de primer orden

-¿Cuál fue tu estrategia de abordaje?

-Lo que pasa es que es un mundo de mentiras y de engaños, y tenés que dudar de todo. Cuando hacés una investigación de estas y te lo creés, perdiste, porque todo el propósito es engañar. La gente que está en ese mundo tiene que tener un poco de esquizofrenia, un año son una persona y al próximo otra distinta y creértelo absolutamente en todos sus detalles. Me afectó el hecho de revelar los hechos reales detrás del discurso en que uno en algún momento creyó: se trató de enterrar y desenterrar cadáveres y eso es fuerte, te ves apilando cadáveres, quién puso la trampa, quién dio la orden, quién puso los chocolates con estricnina; se trastruecan los buenos y los malos...

-¿El personaje no se vuelve inverosímil?

-Fijáte que no. El hombre era tan absolutamente magistral en su oficio, que todo calzaba: había una lógica de entrega al socialismo, y a los principios a los que dedicó su vida, totalmente consecuente. De lo que se trataba era de armar el rompecabezas para que se terminara mostrando su rostro en las distintas vidas. No podía ser inverosímil porque era la encarnación de un espía soviético de primer orden y como tal, creíble. Hablaba todos los idiomas y con un encanto suficiente como para engatusar a tres futuros presidentes costarricenses: Figueres, Orlich y Oduber, a decenas de otros y hasta a prelados del Vaticano. Yo diría que fue uno de los mejores embajadores que ha tenido Costa Rica; tenía que hacer bien su trabajo para permanecer y ascender; consiguió más de un millón de dólares en compra de banano; abrió una línea directa marítima con Italia; logró la inmigración de italianos que culminó con el proyecto de San Vito; comenzó un programa de becas cuyo primer becado fue César Valverde, etc, etc. Todo en el plazo de tres años. Quizás sea inverosímil por haber sido tan buen embajador...

-¿Cómo te relacionaste emocionalmente con él?

-Traté de no juzgarlo con los cánones de hoy, de no cometer ese error, y de entender sus motivos, lo cual no significa justificarlos, pues muchas veces le tocó tomar decisiones sobre la vida de agentes soviéticos que no seguían la línea estalinista..., y hasta participó en el asesinato de Trotsky en México. Tenés que ponerte incluso en sus zapatos para entender dónde está, qué se hizo, porque la vida de un espía no está totalmente documentada como es obvio.

Literatura de no ficción

-¿Entonces hay ficción?

-Yo lo he llamado el género de la literatura de no ficción, porque los hechos fundamentales están documentados, pero la concatenación de los hechos, el planteamiento de las situaciones yo lo hilé, lo sitúo a él en momentos específicos y es como si lo vieran mis ojos. Hay diálogo, no de principio a fin, también hay descripción. Pero lo que pasa es que yo no inventé nada: el nudo principal de la historia es la vida de este hombre como aparece a partir de documentos y archivos.

-¿Cuál fue la mayor dificultad?

-Distinguir la realidad de la Maskirovka (engaño en ruso).

Por otra parte, lo más difícil y fascinante es la acumulación de los sueños rotos: tenés que salvar los tuyos en medio de tantos muertos.

-¿Y los salvaste?

-Sí. Yo le dediqué el libro a Jaime Cerdas Mora y a Rodolfo Cerdas Cruz, a quienes nunca les mataron los sueños.

Es muy duro, por ejemplo, siempre te dijeron que en el bosque de Katin, cerca de Smolensk, en Rusia occidental, los nazis cometieron la matanza de polacos, pero luego de la caída de la URSS se vino a descubrir que los habían matado los mismos soviéticos. Ves también con otros ojos el exterminio de líderes del partido bolchevique; todos los compañeros de Lenin fueron asesinados, por ejemplo. Era como el cuento de los inditos: ahora quedan siete, después seis, y así... Eso te afecta; no hay piedra que levantés donde no aparezca un muerto. En ese periodo escribí un poema que se llama Duelo por la rosa, donde digo que el olvido del sueño se llevará la rosa y por eso todavía me abrazo a la memoria, porque no puedo olvidar el sueño.

-Digámoslo, ese sueño...

-El sueño de un mundo mejor, de un mundo más justo y más fraternal.


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