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Sábado 3 de junio del 2006

 

 

 

 














La estadounidense Margot Larson disfrutó del turismo en fincas hace pocos días en La Fortuna. E. Vargas
Diversificación de producto

Una reconversión productiva

Agricultores y ganaderos también invierten en el negocio hotelero

Gloriana Gómez


El turismo en las llanuras del norte ha propiciado una dinámica económica y de desarrollo local, que se ha polarizado mucho más en poblaciones como La Fortuna y Sarapiquí.

Datos recientes de la Cámara de Turismo de La Fortuna, revelan que el 95 por ciento de los inversionistas de la región son locales y entre un 50 y 60 por ciento del turismo que visita la zona es extranjero.

Como destino, la planta hotelera existente y los servicios conexos permiten al visitante acceder los atractivos cercanos a ese punto: volcán Arenal, aguas termales, catarata de La Fortuna, las Cavernas de Venado y el Lago Arenal, por mencionar solo algunos.

Sin embargo, apunta Francisco Vargas, presidente de la Cámara en mención, todos esos “íconos” que a la fecha han identificado a Fortuna, también se han ido complementando con otro tipo de productos, como los tours operadores, el rafting, las cabalgatas, caminatas naturalistas y actividades ecoculturales.

“ Aquí se está dando el fenómeno de la reconversión, donde el ganadero o agricultor, sin dejar de lado dicha actividad, se convierte también en hotelero, haciendo de este, un pueblo de pequeños y medianos inversionistas locales”, señaló.

Según el Plan de Desarrollo Turístico de las Llanuras del Norte, elaborado por el Instituto Nacional de Turismo (ICT), el sector agrícola tradicional aporta casi la mitad del empleo generado en la zona; mientras que la actividad pecuaria (ganadería bovina) representa alrededor de un 26 por ciento del hato nacional y el 55 por ciento de la producción láctea del país.

En cuanto al turismo, el Plan señala a La Fortuna como el lugar con mayor cantidad de establecimientos aptos para esta actividad y el sector en el que se agrupan atractivos de mayor jerarquía, que aunados a actividades complementarias (agricultura y ganadería) responden a las necesidades de un turismo cada vez más especializado.

Autosuficientes. Esa es la palabra que caracteriza a empresarios visionarios de la zona, que han convertido sus fincas o lecherías en verdaderos atractivos turísticos.

Tal es el caso del empresario Carlos Vargas y su hijo Rodolfo, quienes impulsan un proyecto de agroindustria ecoturística en una finca de 70 hectáreas, que hasta no hace mucho tiempo tenía un único fin: la actividad pecuaria.

“ Hoy, además de la lechería y una planta de producción de lácteos, hemos incursionado en el turismo, ofreciéndole al visitante la oportunidad de conocer, mediante pequeños tours, otras actividades complementarias que también hacemos, como la agricultura y la crianza de aves de corral por métodos orgánicos,” dijo Vargas.

Con el proyecto, agregó, la empresa está generando empleo para unas 15 personas.
Humberto Mora es otro de los empresarios que también ha sobresalido en este proceso de reconversión productiva. Su negocio lo inició en 1998, con la compra de Jacamar, empresa dedicada a los tours operativos en La Fortuna.

Hoy por hoy, su principal actividad es el agro-ecoturismo. “Nuestra empresa opera 18 tours dedicados al turismo naturalista o de aventura (rafting, rapel, teleférico, puentes colgantes, etc.) y a actividades complementarias, como rodeos, caminatas nocturnas, observación de aves y ecocultura, que comprende –por ejemplo– almuerzos entre turistas e indios malecus”, comentó Mora.

Cuota extranjera. La participación del inversionista extranjero, aunque mínima, también ha sido importante para el desarrollo de la zona. Juan Sostheim, es un chileno que decidió echar a andar su idea de construir una finca autosuficiente en la comunidad de El Castillo, en La Fortuna.

“ El proyecto combina dos actividades: la agricultura orgánica y el turismo de aventura, en un terreno de 160 hectáreas. El rancho cuenta con una planta generadora de electricidad, gallinero para la producción de huevos fertilizados, ganado vacuno, y una porqueriza rústica mezclada con tecnología moderna. Además, estamos reforestando en este momento y construyendo un centro de rescate para animales”, señaló Sostheim.

En la parte turística, amplía, Rancho Margot dispone de un bunkhouse con 40 habitaciones y actualmente se trabaja en la construcción de una casa de campo y cinco bungalows, para lograr atraer un turismo que gusta de la pesca, las cabalgatas, el rapel, la actividad agropecuaria y la investigación científica.

“ La gente viene aquí a experimentar la vida en el rancho y todas las actividades que hacemos son completamente interactivas. El turista puede ordeñar o tomar los huevos del gallinero e írselos a cocinar”, detalló Róger Rojas, uno de los colaboradores del Rancho Margot.

Christine Larson es otra de las extranjeras que se enamoraron de la zona y, junto a su esposo, decidieron invertir en ella hace ya varios años.

Ambos son los propietarios de la empresa Desafío Adventure, dedicada a hacer tours operadores y deportes de aventura (rafting, hiking, surfing, canopy y otros). Al inicio, comentó, no había muchas empresas dedicadas a esta actividad en La Fortuna, “pero hoy la competencia es más dura y hemos tenido que diversificar nuestro producto para ofrecerle al turista nuevas opciones que le resulten atractivas y le hagan pasar más tiempo en la zona”.

Testimonios

“ Quiero una finca autosuficiente”

Nombre: Juan Sostheim.

Profesión: Propietario del Rancho Margot. El Castillo, Fortuna

“Vine a La Fortuna sin tener planes y me enamoré de la zona. Ahorita estamos desarrollando un proyecto de autosuficiencia interactivo. La idea es que el turista llegue al rancho, conozca el concepto de “work ranch” y se quede más de una noche. Tenemos alrededor de 50 personas trabajando con nosotros”.

“Cambiamos nuestra visión”

Nombre: Rodolfo Vargas.

Profesión: Economista y gerente de proyecto de la empresa Productos Don Carlos.

“La necesidad de buscar medios alternativos que nos generaran mayores ganancias, nos llevó a idear un proyecto que combina la agroindustria (lechería y producción de lácteos) y el ecoturismo. El negocio comenzó hace 24 años, cuando la manzana de terreno valía ¢82.000; hoy su precio ronda los ¢35 millones”.

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