El Dr. Rodríguez es costarricense. Se graduó de primaria en la Escuela Mauro Fernández y de secundaria en el Liceo de Costa Rica Rica. Inició sus estudios universitarios en la UCR y gracias a becas que ganó en 1974 y 1980, obtuvo su título de doctor en psicología educativa en la Universidad de Kansas, en Lawrence, Kansas.También tiene un Master en Educación de esa misma Universidad.

De su época de escuela, él recuerda las “adecuaciones curriculares” de entonces: la niña Teresita, su maestra de dibujo, que le quebró en dos ocasiones “el metro” en la cabeza por ser hiperactivo y a su maestro de educación física, don Manuel, que le tiró el borrador de la pizarra y le pegó en la cabeza, por estar hablando en clase.

De su época del colegio recuerda cómo le costaba la Matemática y las notas tan bajas que sacaba en esa materia, así como las bailadas que se daba en las fiestas de quinceaños.

Recuerda también cuando fue a probar suerte con el equipo de La Liga –el equipo de sus amores- y lo aceptaron, pero decidio mejor seguir estudiando.

Nació en San José pero vivió en diversas partes del país, como por ejemplo, Guápiles, Buenos Aires de Osa y Grecia. En San José, vivió en Desamparados, Guadalupe, La Pitahaya, Barrio Vasconia y Barrio Santa Lucía.

El Dr. Rodríguez fue Catedrático de la Universidad de Costa Rica, donde enseñó por 27 años y ha sido el Decano de la Facultad  de Psicología de la Universidad de Iberoamérica, UNIBE por 14 años y desde 2007 es el Vicerrector de esta Institución.

El Dr. Rodríguez ha sido un consultor y conferencista en Costa Rica y Centroamérica, bajo contrato con organismos internacionales y ha presentado numerosos trabajos en congresos y ha publicado varios artículos en reconocidas revistas.

Desde el sábado 16 de abril de 1994 hasta marzo del 2005, publicó la columna “Tesoro Familiar”, en el periódico La Nación, habiendo publicado 533 columnas en total, en esos 11 años.

También ha publicado artículos en la revista Niños y el periódico El Financiero del Grupo La Nación y ha publicado cinco libros sobre temas de la educación de los hijos: --“100 preguntas y respuestas acerca de los hijos” (ISBN 9977-12-284-9), 1ª y 2ª ediciones;
-“Deficit Atencional” (ISBN 9977-88-71-9),
-¿Cómo apoyar a los hijos con el estudio?”(ISBN 9977-88-73-5),
-“Disciplina de los hijos” (ISBN 9977-88-070-0) y
-“La autoestima de los hijos”(ISBN 9977-88-72-7).

Él desarrolló un programa de educación para padres, en el Hospital Clínica Bíblica y
fue conferencista invitado del Suplemento Zurquí de la Nación y en numerosas escuelas y colegios, públicos y privados para hablar a los padres y maestros, acerca de temas y problemas relacionados con la educación de los hijos.
Fue un colaborador invitado al programa “Buen Día”, de Canal 7 de televisión, durante 6 años y a Radio Monumental, a la revista matutina “De mañana con Monumental”, por dos años con línea abierta para consejos a los padres.

Durante más de 20 años ejerció como psicólogo educativo en su consulta privada.

El Dr. Rodríguez es miembro de la National Association of School Psychology (NASP) y del Colegio Profesional de Psicólogos de Costa Rica. Ha estado casado por 37 años y tiene dos hijos, también psicólogos.

Información adicional en el Boletín de la NASP:  Communiquè, Junio del 2004, Vol.32-8; y Febrero 2005, Vol. 33-5.

Para consultas: rrodriguez@tesorofamiliar.org


"Un aula para la familia
Roberto Rodríguez 02 febrero, 2012  12:00 a.m.
INICIO / Problemas psicológicos
02/02/2012
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Cara de regaño

Hoy me quiero referir al hecho de que muy fácilmente nos resentimos porque percibimos que nos ofenden, cuando en realidad no hay ninguna intención de hacerlo por parte de la otra persona.

Creo que tendemos a ver caras de enojo, de regaño donde no existen. Tal vez se trata de que alguien nos está diciendo las cosas directamente, de frente, o nos señalan algo o nos hacen una sugerencia. Y tan solo por eso, sentimos que caemos mal a esa persona, que no nos acepta y "no nos quiere", que "seguro tiene algo contra nosotros" o "está peleando contra nosotros". En mi manera de verlo, como grupo cultural, padecemos de algo que el Dr. Alfredo Alfaro Sotela, distinguido psiquiatra costarricense alguna vez llamó "hipersensibilidad a la hostilidad ajena": vemos caras de regaño donde realmente no las hay.

Y por qué ocuparnos de esto? Bueno; muy sencillo: al sentirnos ofendidos y que caemos mal, no preguntamos si es cierta nuestra sospecha, no enfrentamos a la persona directamente, sino que damos la vuelta y muy fácilmente hacemos comentarios de ella, a sus espaldas, dando origen al "choteo", a la "serruchada de piso" y al "chisme".

Entonces, la explicación psicológica del "choteo", la "serruchada de piso" y el "chisme" está en nuestra propia reacción ante algo que percibimos, muchas veces sin bases.

¿Pero, de dónde viene ese resentimiento? Creo que de una exagerada necesidad que tenemos los ticos, como grupo cultural, de ser aceptados por los demás, lo cual para bien del país, nos ha hecho ser muy amistosos, algo que se vende muy bien a nivel de turismo internacional.

Entonces, tengo una necesidad muy fuerte de ser aceptado, lo cual me hace estar muy sensible de si le agrado a la otra persona y al estar así, tengo mis "radares de aceptación" a "ful" y entonces, cualquier mínimo gesto o palabra de la otra persona, me hace sospechar de que "en efecto, no lo estoy logrando, no agrado a esa persona y de esta manera me resiento y apenas puedo, me "saco el clavo serruchándole el piso".

Esto nos pasa con personas que son muy asertivas, que nos dicen las cosas directamente a la cara, como es el caso de los europeos, los norteamericanos o los suramericanos, principalmente del cono sur. Ellos no tienen empacho en decirnos las cosas si tienen que decirlas.

Tal vez nosotros debamos ser más asertivos: decir las cosas que nos incomodan, que no nos parecen o poner límites a alguien que nos molesta en nuestro trabajo o en nuestra vida social, en el momento, de frente, directamente a la persona.

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