Cara de regaño
Hoy me quiero referir al hecho de que muy fácilmente nos resentimos porque percibimos que nos ofenden, cuando en realidad no hay ninguna intención de hacerlo por parte de la otra persona.
Creo que tendemos a ver caras de enojo, de regaño donde no existen. Tal vez se trata de que alguien nos está diciendo las cosas directamente, de frente, o nos señalan algo o nos hacen una sugerencia. Y tan solo por eso, sentimos que caemos mal a esa persona, que no nos acepta y "no nos quiere", que "seguro tiene algo contra nosotros" o "está peleando contra nosotros". En mi manera de verlo, como grupo cultural, padecemos de algo que el Dr. Alfredo Alfaro Sotela, distinguido psiquiatra costarricense alguna vez llamó "hipersensibilidad a la hostilidad ajena": vemos caras de regaño donde realmente no las hay.
Y por qué ocuparnos de esto? Bueno; muy sencillo: al sentirnos ofendidos y que caemos mal, no preguntamos si es cierta nuestra sospecha, no enfrentamos a la persona directamente, sino que damos la vuelta y muy fácilmente hacemos comentarios de ella, a sus espaldas, dando origen al "choteo", a la "serruchada de piso" y al "chisme".
Entonces, la explicación psicológica del "choteo", la "serruchada de piso" y el "chisme" está en nuestra propia reacción ante algo que percibimos, muchas veces sin bases.
¿Pero, de dónde viene ese resentimiento? Creo que de una exagerada necesidad que tenemos los ticos, como grupo cultural, de ser aceptados por los demás, lo cual para bien del país, nos ha hecho ser muy amistosos, algo que se vende muy bien a nivel de turismo internacional.
Entonces, tengo una necesidad muy fuerte de ser aceptado, lo cual me hace estar muy sensible de si le agrado a la otra persona y al estar así, tengo mis "radares de aceptación" a "ful" y entonces, cualquier mínimo gesto o palabra de la otra persona, me hace sospechar de que "en efecto, no lo estoy logrando, no agrado a esa persona y de esta manera me resiento y apenas puedo, me "saco el clavo serruchándole el piso".
Esto nos pasa con personas que son muy asertivas, que nos dicen las cosas directamente a la cara, como es el caso de los europeos, los norteamericanos o los suramericanos, principalmente del cono sur. Ellos no tienen empacho en decirnos las cosas si tienen que decirlas.
Tal vez nosotros debamos ser más asertivos: decir las cosas que nos incomodan, que no nos parecen o poner límites a alguien que nos molesta en nuestro trabajo o en nuestra vida social, en el momento, de frente, directamente a la persona.