Ha ido y venido de la arquitectura y la música infinidad de veces. En ambas, se siente a sus anchas. Pero desde hace varios años, tras la llegada de la palabra escrita a su vida, vive de expresar sus ideas en la inmortal lengua de Cervantes.

De cine, una de sus primeras memorias, escribe hace casi un lustro, primero en la revista Soho y más tarde en el blog 35 milímetros, en el periódico Vuelta en U. Ahora, tras un breve lapso en la orfandad, 35 milímetros renace en el portal digital de La Nación y, con ello, inicia una nueva aventura siguiéndole la pista al séptimo arte.
Inti Picado 31 octubre, 2012  12:00 a.m.
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31/10/2012
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Licencia para matar, el cuarto 007


La que ha sido catalogada como la más violenta de las cintas de James Bond, License to Kill (1989), fue la segunda y última aparición de Timothy Dalton —el cuarto 007—. En ella reaparecen los elementos que han hecho característica la saga, pero pareciera que el agente de la Corona británica quisiera modernizar su estilo y con ello, su clásico brillo de alguna manera desaparece. ¿Cómo así? Pues sí; ahora las explosiones son más espectaculares, las persecuciones ocupan más tiempo en pantalla y el propio Bond se ha fajado más que antes, pero esa necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos ha hecho que la saga pierda algo de su estilo.

Esto, al final, no es algo malo —de hecho la cinta es bastante llevadera— pero quizás, al alejarse de “guión” mental que todos tenemos de Bond, el filme termina por hacernos olvidar que estamos ante una película de 007.

Otros cambios llegan con License to Kill, pero el más significativo es en el caso del villano. Si antes éste quería dominar el mundo, ahora simplemente se conforma con vivir del tráfico de estupefacientes. En efecto, Sánchez (Robert Davi) —"para variar" el narcotraficante lleva apellido latino—, sólo desea ser un multimillonario con su negocio de cocaína…y el dominio planetario le importa poco. Así, de un plumazo, la saga deja de lado la grandilocuente y cándida exageración que la hacía única, para más bien acercarse a lo mundano. Lo que podría ser un acierto, por lo menos en el papel, termina por quitarle su magia a la saga y, en cuanto a Timothy Dalton —el mejor actor de cuantos han interpretado a 007—, lo jubila de forma temprana del papel.

Eso sí, no nos equivoquemos, las secuencias imposibles siguen ahí y, por lo menos un par de ellas, valen el boleto: aquella en que Bond cuelga de un helicóptero y laza el aeroplano en el que huye Sánchez —justo al inicio del filme—, así como la persecución hacia el final —con tres camiones cargados con gasolina y avanzando a toda velocidad—.

El cuarto Bond no lo hacía mal, pero no duró más que dos filmes —The Living Daylights (1987) fue el otro—, y si de él debe verse alguno, recomendaría justamente éste: License to Kill.Por cierto; observen a un joven Benicio del Toro, en una de sus primeras películas.

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