El hombre de la pistola de oro, el tercer 007

El tercer James Bond en tomar la batuta de la saga, el inglés Roger Moore, ya había hecho su debut como 007 un año antes de esta cinta, con Live and Let Die (1973). Las opiniones de los fanáticos de Bond fueron encontradas. Algunos lo reconocieron como un buen heredero de Sean Connery, mientras que otros —los más exigentes de todos— siguieron siempre añorando el aura única del escocés.
En lo que a mí respecta, ahora que llego a la mitad del camino en este recorrido por los seis Bond cinematográficos, encuentro a Roger Moore como un 007 aceptable, justo a medio camino entre Connery y Lazenby.
En esta nueva aventura, Bond va detrás de un asesino a sueldo, “el hombre de la pistola de oro”, Francisco Scaramanga (Christopher Lee), quien sutilmente lo amenaza con el envío de una bala de oro con la inscripción 007, o por lo menos eso creemos en un principio.
Es así como Bond sigue el rastro del asesino, como siempre por exóticos lugares, en una carrera que se pierde en innumerables e innecesarios rodeos. Finalmente, una chica muerta y varios minutos después, Bond llega a la isla Pucket, guarida de Scaramanga. No hay que darle muchas largas al asunto; como siempre sucede con nuestro héroe, éste vencerá al villano y se quedará a la espera de su siguiente aventura, y entre trabajo y trabajo, alguna otra dama estará en sus brazos.
Para el estándar de las películas de Bond, El hombre de la pistola de oro se encuentra a media tabla. Roger Moore cumple, aunque quizás siempre esté a la sombra de Connery, y el malvado Scaramanga no parece ser de los mejores villanos.
Toda la historia paralela, aquella del “agitador solex” y el control de la energía solar para hacerse con el dominio del planeta, se pierde sin siquiera desarrollarse. Los que sí podemos contar como momentos felices de la cinta son aquellos en los que aparece el ayudante de Scaramanga, Nick Nack, protagonizado por Herve Villechaiza —sí, el mismísimo Tatoo de La isla de la fantasía—. Suyas son las mejores secuencias del filme, quizás no por su talento, sino por el cándido recuerdo de su papel en aquella serie de finales de la década de los setentas.
Así, ahora que estamos a la mitad de este recorrido por el mundo de James Bond, el agente con licencia para matar, sólo me queda dejarlos con la línea favorita de esta entrega:
“Señorita Ander… no la reconocí vestida”, dice 007…