Ha ido y venido de la arquitectura y la música infinidad de veces. En ambas, se siente a sus anchas. Pero desde hace varios años, tras la llegada de la palabra escrita a su vida, vive de expresar sus ideas en la inmortal lengua de Cervantes.

De cine, una de sus primeras memorias, escribe hace casi un lustro, primero en la revista Soho y más tarde en el blog 35 milímetros, en el periódico Vuelta en U. Ahora, tras un breve lapso en la orfandad, 35 milímetros renace en el portal digital de La Nación y, con ello, inicia una nueva aventura siguiéndole la pista al séptimo arte.
Inti Picado 23 octubre, 2012  12:00 a.m.
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23/10/2012
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Dr. No, la primera película de 007


— “Admiro su coraje, señorita…”
— “Trench, Silvia Trench. Admiro su suerte, señor…”
— “Bond, James Bond”.

Con ese diálogo nos topamos por primera vez en la gran pantalla con James Bond. Se trata de la escena inicial de Dr. No, y en ella, un elegante Sean Connery — el más recordado de quienes han encarnado a 007—  seduce a la primera de varias damas que desfilarán por sus brazos en los siguientes minutos.

Si hablamos de la historia, nos topamos con la típica “trama Bond”: alguien muere, 007 es puesto al tanto; el mundo está en peligro y el espía de la Corona británica viaja a algún lugar exótico del planeta para salvarlo. En el camino conoce a alguna chica peligrosa y la seduce. Y bueno, finalmente se enfrenta “al malo”, lo vence, salva al mundo y se queda con la chica. Y claro, acompañando la trama, tenemos los créditos iniciales de la película, con la estética tan, tan “Bond” que mutará con cada entrega pero que ya aquí muestra su esencia; y la música ya entona sus inolvidables melodías, reconocibles aún tras el añoso velo del tiempo.

En el caso del filme Dr. No, cuando un agente británico oculto en Jamaica desaparece, M (Bernard Lee) envía a 007 a investigar el caso. No más a su llegada, los atentados contra su vida comienzan; primero al salir del aeropuerto, después cuando se despierta con una tarántula en sus sábanas y luego en una espectacular persecución que termina con sus enemigos en el fondo del despeñadero.

Más tarde, mientras más se acerca Bond a descubrir la verdad, el peligro aumenta y la más bella de las chicas está por aparecer en pantalla. Se trata de Honey Rider (Ursula Andress), quien se encuentra en la misteriosa isla de la que nadie regresa, Crab Key, a la que Bond llega en la oscuridad de la noche. Este temido lugar se encuentra en manos del misterioso Dr. No (Joseph Wiseman), quien gracias a sus experimentos con la energía atómica intenta dominar el mundo.

— “Los estadounidenses son estúpidos. Les ofrecí mis servicios y se negaron. Lo mismo hizo el Este. Ahora ambos pagaran su error”, dice el Dr. No a Bond.
— “El dominio del planeta. El mismo viejo sueño. Los asilos están llenos de personas que piensan que son Napoleón. O Dios”, le responde 007.

Dr. No quizás no sea la mejor película de James Bond. Sin embargo, cuando pensamos que de ella se desgrana la saga del icónico espía con licencia para matar, y que ésta ya cumple 50 años de existencia, no podemos sino sonreír. Hay quienes dicen que ésta es la más cercana al espíritu de los libros de Ian Fleming, quizás así lo sea. Lo cierto del caso es que es un excelente preludio para adentrarnos en la vida del célebre espía. Además, y en esto sí hay consenso, en ella aparece la más emblemática de las chicas Bond, Úrsula Andress, y con su presencia en la pantalla, podemos decir que observar el filme valió la pena.

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