Terror
Actividad paranormal 3
La primera vez que recuerdo haber tenido miedo fue cuando tenía unos ocho o nueve años y leí Canción de navidad, el libro de Charles Dickens sobre el señor Ebenezer Scrooge y la visita de los fantasmas de las navidades. Como leía cada noche, cuando ya era hora de dormir ciertamente sentía que algún espectro se me iba a aparecer en cualquier momento. Justo cuando escribo esto, a la medianoche y en la sala del apartamento en el que escuché tantas veces a mi abuela decir que asustan (y realmente de vez en cuando pareciera ser cierto), pienso que los miedos se aprenden; la oscuridad, los ruidos extraños, todo nos lleva a lo profundo de nuestros códigos genéticos en donde el miedo alguna vez nos llenó de adrenalina para sortear los peligros que estaban más allá de la hoguera con la que nos iluminábamos y calentábamos por las noches. Ese miedo a lo desconocido sigue vivo en cada uno de nosotros y alimenta, entre otras actividades, a la industria del cine. La saga de Actividad paranormal, que ya llega a la tercera de sus entregas, se aprovecha de ese filón de miedos colectivos para llenar las salas de cine con una película que recurre a la fórmula que tan buenos frutos le ha deparado.
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