Queremos comprar, no que nos vendan
Mil gracias por leer. En serio. Usted podría estar haciendo otra cosa que leer esto, sin embargo, su curiosidad o excesiva saturación noticiosa con los temas usuales lo trajeron acá. Por lo tanto, haré lo más entretenidas y útiles posibles las líneas acá abajo y futuras.
Con suerte, usted seguirá leyendo pues nuestro anhelo es que las futuras compras de lo que sea se vuelvan más sencillas y ahorrativas. Ahorro. El corazón del asunto en términos de tiempo y dinero comprando en línea.
He traído poco más de 1.200 artículos propios y ajenos entre teléfonos, televisores, música, libros, libritos, librotes, películas, series de televisión, computadoras de todas las razas, iPods, iPads, Kindle, cámaras fotográficas, radios, ropa, juguetes, más ropa, zapatos, repuestos, podadoras de césped, relojes, juegos de vídeo, repuestos de carro y más zapatos. Una vez, conseguí una mantequilla de almendra buenísima.
Poner todas esas cajitas y cajotas en Costa Rica a puro casillero aéreo requiere fijarse en muchos detalles, cometer errores y formularse un montón de preguntas. No solo es traerlas sino acertar en las tallas de todas esas blusas “tan soñadas y en SALE” para que le queden a quien las encargó. Sí, a ese nivel he llegado. Más feo es robar.
A quien se pregunte para qué tanta molestia les respondo con la claridad de un amanecer: la oferta local no ofrecía esos artículos y, si era ese el caso, el precio se sentía tan alto como ceder un riñón. En cambio, la oferta de precios y artículos en línea es infinita.
Aparte, es innegable esa magia extraña y moderna de sentarse ante un teclado a adquirir digitalmente un artículo que, a miles de kilómetros, se zambulle en el más absoluto misterio en una frenética cadena de transporte y logística cuyo último eslabón es usted mirando la inquietud y celeridad de sus manos tratando de abrir el paquete recién entregado.
En mi caso, lo confieso, hay otra razón para comprar en línea; una emoción encerrada en mi corazón: DETESTO los centros comerciales. No todos, aclaro, hay unos estupendos en EE. UU. y Canadá. Siendo geográficamente correcto, casi todos en Costa Rica.
Las ventanas siempre lucen enormes letreros prometiendo rebajas pero, al ver el precio, la promesa sabe a burla.
Además, siempre hay alguien patrullando en la tienda; y, obvio, está ese joven que desde la puerta te llama “primo” o “hermano” o “amigo”; “venga, pase, sin compromiso”.
¿Recuerda alguna vez haber recibido esas mismas amplias sonrisas y buen trato justo antes de comprar algo cuando regresa al local a devolver algo defectuoso o cambiarlo? Nope.
El desconsuelo con el mall alcanza su perfección cuando a lo anterior se suman presas vehiculares y todo ese oro perdido esperando a alguien en una banca o recorriendo la tienda para escuchar al final que estará disponible en “unos 15 días más o menos”. Ajá.
Seré franco: a la gran mayoría de trabajadores les cuesta mucho ganarse el sueldo como para cederlo a cambio de un servicio al cliente pobre o una oferta de productos limitada.
Esto explica porque los servicios de casillero aéreo vienen sacudiendo el piso a los jugadores históricos del comercio detallista local.
Así pues, este espacio promete darle al consumidor que guste leer ideas para apoderarse del control de sus compras -y su dinero- a partir de exponer mis aciertos y errores (y los de todos aquellos futuros e hipotéticos lectores que compartan experiencias) en la compra de artículos en línea. A lo mejor usted no tiene un casillero aéreo pero sí acceso a uno o valora conseguirse uno.
El énfasis será en cómo se hace y en qué fijarse antes de comprar ya que, al final, todos queremos comprar, no que nos vendan.
La próxima entrega será sobre un detalle clave al comprar en amazon.com y la conveniencia de utilizar su membresía llamada Amazon Prime con la ayuda de su “familia”.