Desde el año 2007, Víctor Hurtado Oviedo es editor de la revista cultural Áncora, del diario La Nación de Costa Rica. En este suplemento publica la columna horizontal Otras disquisiciones. Con este mismo título, en el año 2009, Uruk, Editores, le publicó una colección de ensayos y artículos periodísticos. Víctor Hurtado también publica la página Profesor Solecismo en la revista SoHo de Costa Rica, página donde aborda temas del lenguaje. Es miembro correspondiente de la Academia de la Lengua del Perú, su país de origen.
Víctor Hurtado 17 octubre, 2012  12:00 a.m.
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17/10/2012
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Letras de cambio

El argentino Domingo Faustino Sarmiento tenía la cabeza calva, la mirada fija y la prosa bronca. Metido siempre en alguna conspiración o en algún gobierno, la ansiedad de obrar un mundo le permitió distraerse en una escritura que le salió magnífica. Su obra maestra es Facundo (1845), uno de esos libros que se escriben antes de que sean libros pues se han publicado en revistas ya deshechas por el tiempo.

Facundo Quiroga fue un tiranuelo barbarizante. Sarmiento narra así la intrusión, en un pueblo, de seiscientos gauchos malos montados sobre bestias: «Los caballos, briosos y acaso más domesticados que sus caballeros, se espantaban»; avanzaba todo en «una nube de denso polvo, preñada de rumores, de gritos, de blasfemias»; surgían «caras sin cuerpo […], como si hubiera también querubines de demonios medio centauros».

Sarmiento hubiese fracasado como redactor de anónimos: como el español Eugenio D’Ors, firmaba con el estilo. Sarmiento merece el que quizá sea el mayor elogio dedicado a un prosista: es totalmente subrayable, de modo que la tinta que él gastó en escribir se la devolvemos al celebrarlo trazando líneas bajo sus líneas. Enredado el político Sarmiento en su muerto presente, su prosa se le fue al futuro: hoy.

Facundo se subtitula Civilización y barbarie. En este libelo, Sarmiento cree ser la civilización, o viceversa. En muchos de los cincuenta y dos volúmenes de sus Obras completas, él propone métodos para pulir indígenas remisos y «cabecitas negras» mediante la educación pública. Hasta entonces, la poca letra entraba con mucha sangre. Quizá por esta ilusión didáctica, en 1843 ocurriósele a Sarmiento la peregrina idea de alborotar la ortografía con la supresión de la h, la v, la x, la y, la z; con la eliminación de la homofonía de la g y la j, y con la liquidación de la u de la q y la g, entre otros incendios. De la puntuación nada dijo, tal vez porque la puntuación no existe: solamente es la sombra de la sintaxis. Su audacia halló freno en el lingüista venezolano-chileno Andrés Bello, para quien los cambios deben producirse, mas suceder con calma.

Más tarde, Bello impuso su propia ortografía en Chile, donde residía. Alguien que fue niño y que después se autollamaría «Pablo Neruda», escribió de Bello: «[...] mientras llegaba a Chile un caballero a enloquecernos con su ortografía». En Chile la cambiaron por la ortografía académica años después. En la gramática, como en la vida, donde las dan, las toman.

 

Domingo Faustino Sarmiento nació en la Argentina en 1811 y murió el Paraguay en 1888.

Oscar Martinez Aguirre

Oscar Martinez Aguirre 09:32 p.m.22/10/2012

Muchas Gracias Don Víctor por su clara explicación sobre estas expresiones de este multifacetico político y militar argentino. Precisamente al leer al leer su articulo "Letras de Cambio" aproveche la oportunidad para saber su criterio al respecto y tener un poco mas de conocimiento sobre este personaje de la historia de nuestra América. Muy interesante y muy ilustrativa lo que Usted explica sobre "la difícil aceptación del pensamiento político de una persona cuyo producto artístico admiramos" asi como también los ejemplos que describe de otros personajes de la historia. Nunca es tarde para aprender mas.

Victor Hurtado Oviedo

Victor Hurtado Oviedo 04:46 p.m.21/10/2012

Óscar: Su aporte sobre opiniones políticas de Sarmiento hace recordar la difícil aceptación del pensamiento político de una persona cuyo producto artístico admiramos. Sin mucho entusiasmo, creo que habría que separar ambos dominios, y juzgar la política por la política, y el arte por el arte. La 'Eneida' es un canto al imperialismo romano, y no creo que le gustase a los galos ni a los judíos de entonces; pero es una obra de arte poética. Otro caso es el de Francisco de Quevedo: para mí, el modelo de escritura (conceptista), pero, a la vez, persona de ideas detestables: difamador de mujeres, negros, judíos, árabes, protestantes, homosexuales, etc. El poeta estadounidense E. E. Cummings respaldaba al senador McCarthy. Hay otros casos similares. Con Sarmiento pasa lo mismo: quien lea 'Facundo' quedará deslumbrado por una prosa magistral; quien conozca sus ideas política sentirá rechazo. Imagino que deberemos convivir con ambos sentimientos en cuanto a algunos artistas: admiración y rechazo (rechazo que se atenúa si el artista vivió en épocas remotas).

Oscar Martinez Aguirre

Oscar Martinez Aguirre 01:33 p.m.19/10/2012

Algunas expresiones de Domingo F, Sarmiento: El gaucho argentino: "Se nos habla de gauchos... La lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla incivil, bárbara y ruda, es lo único que tienen de seres humanos".Carta de Sarmiento a Mitre del 20/09/1861. Huérfanos: "Si los pobres de los hospitales, de los asilos de mendigos y de las casas de huérfanos se han de morir, que se mueran: porque el Estado no tiene caridad, no tiene alma. El mendigo es un insecto, como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin necesidad de que se le dé dinero. ¿Qué importa que el Estado deje morir al que no puede vivir por sus defectos?. ¿Los huérfanos son los últimos seres de la sociedad, hijos de padres viciosos, no se les debe dar más que de comer". Del discurso en el Senado de la Provincia de Buenos Aires, 13/09/1859

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