Letras de cambio
El argentino Domingo Faustino Sarmiento tenía la cabeza calva, la mirada fija y la prosa bronca. Metido siempre en alguna conspiración o en algún gobierno, la ansiedad de obrar un mundo le permitió distraerse en una escritura que le salió magnífica. Su obra maestra es Facundo (1845), uno de esos libros que se escriben antes de que sean libros pues se han publicado en revistas ya deshechas por el tiempo.
Facundo Quiroga fue un tiranuelo barbarizante. Sarmiento narra así la intrusión, en un pueblo, de seiscientos gauchos malos montados sobre bestias: «Los caballos, briosos y acaso más domesticados que sus caballeros, se espantaban»; avanzaba todo en «una nube de denso polvo, preñada de rumores, de gritos, de blasfemias»; surgían «caras sin cuerpo […], como si hubiera también querubines de demonios medio centauros».
Sarmiento hubiese fracasado como redactor de anónimos: como el español Eugenio D’Ors, firmaba con el estilo. Sarmiento merece el que quizá sea el mayor elogio dedicado a un prosista: es totalmente subrayable, de modo que la tinta que él gastó en escribir se la devolvemos al celebrarlo trazando líneas bajo sus líneas. Enredado el político Sarmiento en su muerto presente, su prosa se le fue al futuro: hoy.
Facundo se subtitula Civilización y barbarie. En este libelo, Sarmiento cree ser la civilización, o viceversa. En muchos de los cincuenta y dos volúmenes de sus Obras completas, él propone métodos para pulir indígenas remisos y «cabecitas negras» mediante la educación pública. Hasta entonces, la poca letra entraba con mucha sangre. Quizá por esta ilusión didáctica, en 1843 ocurriósele a Sarmiento la peregrina idea de alborotar la ortografía con la supresión de la h, la v, la x, la y, la z; con la eliminación de la homofonía de la g y la j, y con la liquidación de la u de la q y la g, entre otros incendios. De la puntuación nada dijo, tal vez porque la puntuación no existe: solamente es la sombra de la sintaxis. Su audacia halló freno en el lingüista venezolano-chileno Andrés Bello, para quien los cambios deben producirse, mas suceder con calma.
Más tarde, Bello impuso su propia ortografía en Chile, donde residía. Alguien que fue niño y que después se autollamaría «Pablo Neruda», escribió de Bello: «[...] mientras llegaba a Chile un caballero a enloquecernos con su ortografía». En Chile la cambiaron por la ortografía académica años después. En la gramática, como en la vida, donde las dan, las toman.
Domingo Faustino Sarmiento nació en la Argentina en 1811 y murió el Paraguay en 1888.