¡Q’ bárbaro es Oscar d’León!
El título de esta nota no se refiere al estilo del músico venezolano Oscar d’León ni a las canciones que interpreta, aunque, sí, podría ser... Nunca me ha parecido un cantante notable, y menos aún desde que se le dio por saquear temas grabados por la inmarcesible Sonora Matancera: así, ¡qué fácil! –quizá habría que escribir la tontera de “¡q’ fácil!”–. Por supuesto, las “versiones” de León son deprimentes si las comparamos con las grabaciones de la admirable Matancera, el “quinto símbolo de Cuba”.
El señor León es bárbaro porque comete un barbarismo en la grafía de su nombre. Su nombre real es “Óscar León”, pero nunca puede ser “d’León” porque esta rareza es anómala en el español y en cualquier idioma europeo.
(“Óscar” es un nombre de origen germánico y se pronuncia “Óscar”, con acento en la “o”; en la Argentina dicen “Oscar”, con acento en la “a”.)
Entre la “d” y “León” aparece un apóstrofo (’), signo ortográfico que se escribe igual que una comilla simple de cierre. En “D’León”, el apóstrofo está mal puesto; no debe aparecer.
El apóstrofo es un signo que indica la desaparición de una vocal en el fin de una palabra, y se pone antes de escribir la vocal con la que empieza la palabra siguiente; ejemplo: “D’Alembert”, apellido francés que se escribiría “De Alembert” sin apóstrofo. Otro caso francés: “l’ordre” (el orden), expresión que sería “le ordre” si la desplegásemos.
En el idioma castellano no se emplea el apóstrofo en la redacción normal, aunque sí para transcribir un modo de hablar: “¿Dónde has estado, m’hijo?”. Esta es una escritura literaria; o sea, un modo de reproducir una forma de pronunciar, para lograr efectos estéticos o humorísticos.
En el castellano se empleó el apóstrofo hasta el siglo XVI en casos como “l’esperanza”, pero luego cayó en desuso.
En cambio, el apóstrofo sí se emplea en otros idiomas, como el italiano (“l’amicizia”, la amistad), el francés (“l’impératif”, el imperativo) y el catalán (“s’establí”, se estableció). Nótese que, para que aparezca un apóstrofo, debe haber dos vocales que “chocan”: “a-e”, “e-i”, etc. La primera vocal desaparece en el “choque”.
En esos casos, la desaparición de la vocal se llama “elisión”; la vocal eliminada se llama “vocal elidida”.
No puede haber apóstrofo si la palabra siguiente comienza con una consonante, no con una vocal (a, e, i, o, u), y este el el caso del supuesto apellido “D’León”. La “L” impide que antes haya apóstrofo pues la “L” es una consonante, no una vocal. Ese “apellido” debe leerse “Dleón”, no “de León”.
En español, el grupo de letras “dl” se presenta en casos como “miradla”, que pronunciamos “mirad-la” (en realidad, son dos palabras unidas: el verbo “mirad” y el pronombre “la”). El caso de aquel “apellido” es distinto pues “D’León” solo puede pronunciarse “Dleón”: pronunciación forzada en nuestro idioma.
Hay otras palabras o nombres que llevan indebidamente un apóstrofo; ejemplos: “Paquito d’Rivera” (“Francisco Rivera”, y notemos que “Rivera” fue originalmente “Ribera” [costa, playa]), “Hotel d’Galah”, “Night Club D’Pelufo” y “Ah’ Charita” (nombre de una aplicación para programas informáticos).
En cuanto a “ah charita” (debe ser “¡ah, charita!”), la grafía más difundida es “acharita”. Esta es una palabra de origen popular, de modo que no puede establecérsele una clara etimología. “¡Acharita!” equivale a “¡lástima!”.
Las voces populares o indígenas no llevan una grafía segura, pero, con el tiempo, una se vuelve la más usual; así, “zapote” puede ser “sapote” porque es una palabra nahualt, y el nahualt carecía de escritura; y, si la hubiese tenido, no habría empleado el alfabeto latino (que diferencia la “s” de la “z”); sin embargo, al fin se impuso la forma “zapote”.
Otro caso de dudas: en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) aparecen “cebiche”, “ceviche”, “sebiche” y “seviche” (¡cuatro formas!) porque es palabra de origen incierto y la Academia prefirió ser salomónica.
La grafía “q’” tampoco tiene sentido; debemos poner “que”.
Es errónea la escritura “ta’ bueno”; debe anotarse “ta bueno” si deseamos distinguir una pronunciación popular. En casos similares, el apóstrofo no elimina la hache: “Ese gato negro m’ha salao”.
Más explicaciones sobre el uso del apóstrofo aparecen en la página 433 de la Ortografía de la lengua española publicada por la Asociación de Academias de la Lengua Española.
No debemos confundir el apóstrofo (signo ortográfico) con el apóstrofe; este último es una figura retórica y un insulto (véase la explicación debajo).
Habrá quien defienda el derecho de escribir apellidos y marcas comerciales como se desee. No comparto esta opinión pues es mejor que nos rijamos por las mismas normas para todas las palabras; al menos, así nos entenderemos mejor.
.....
Acepciones publicadas en el DRAE:
apóstrofo.
(Del gr. ἀπόστροφος).
1. m. Signo ortográfico (’) que indica la elisión de una letra o cifra.
.....
apóstrofe.
(Del lat. apostrŏphe, y este del gr. ἀποστροφή).
1. amb. Ret. Figura que consiste en dirigir la palabra con vehemencia en segunda persona a una o varias, presentes o ausentes, vivas o muertas, a seres abstractos o a cosas inanimadas, o en dirigírsela a sí mismo en iguales términos.
2. amb. dicterio.
.....
dicterio.
(Del lat. dicterĭum).
1. m. Dicho denigrativo que insulta y provoca.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados