Desde el año 2007, Víctor Hurtado Oviedo es editor de la revista cultural Áncora, del diario La Nación de Costa Rica. En este suplemento publica la columna horizontal Otras disquisiciones. Con este mismo título, en el año 2009, Uruk, Editores, le publicó una colección de ensayos y artículos periodísticos. Víctor Hurtado también publica la página Profesor Solecismo en la revista SoHo de Costa Rica, página donde aborda temas del lenguaje. Es miembro correspondiente de la Academia de la Lengua del Perú, su país de origen.
Hablaremos por escrito del lenguaje: de los usos más frecuentes, de sus rarezas y de lo que debemos evitar.
Víctor Hurtado 03 enero, 2012  12:00 a.m.
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03/01/2012
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‘Femismo’ y ‘femicidio'


La absurda “palabra” ‘femicidio’ aparece en una ley de Costa Rica que sanciona la violencia inferida a las mujeres. Tal norma es la ley n.° 8.589, titulada Penalización de la violencia contra las mujeres; en ella se establece:

“Artículo 8.°. Circunstancias agravantes generales del delito. Serán circunstancias agravantes generales de las conductas punibles descritas en esta ley, con excepción del delito de femicidio, y siempre que no sean constitutivas del tipo, perpetrar el hecho: […]”.

‘Femicidio’ también aparece en el artículo 21.°.

Debe de ser interesante la historia de cómo vino a parar un término etimológicamente tan disparatado en una norma jurídica que –se supone– se redacta con apego a las normas y a la lógica del idioma. En todo caso, aquí solamente nos referiremos al error gramatical que encierra ‘femicidio’.

La palabra correcta es ‘feminicidio’. ‘Femicidio’ es un error. En ambos casos se alude a la muerte de una mujer, muerte causada por otra persona. Los significados de esa palabra suelen ser estos:

1. En el sentido más lato, ‘feminicidio’ y ‘femicidio’ son la muerte inferida a una mujer. Puede ser causada por un hombre, pero también por una mujer, o por varias personas. Puede no haber intención asesina (puede ser una muerte accidental). Puede carecer de motivos sexistas.

2. En un sentido más restringido, es un asesinato cometido por motivos sexistas (por odio o por desprecio contra las mujeres). Se supone que solo lo cometen un hombre o varios hombres (se presume que ninguna mujer es culpable del crimen).

3) En un sentido más social o político, es un crimen reiterado, sistemático (como el genocidio o la “limpieza étnica”). Se supone entonces que el  ‘feminicidio’ o el ‘femicidio’ son resultados de una política de un Estado o de grupos sociales (por ejemplo, de bandas de delincuentes). En esta acepción puede entrar también la lenidad del Estado en castigar los asesinatos cometidos contra las mujeres (el Estado peca por inacción).

Esos significados no se excluyen necesariamente: pueden coexistir. También pueden crearse otras acepciones.

Ni ‘feminicidio’ ni ‘femicidio’ constan en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

El problema con ‘femicidio’ es que le falta una sílaba: ‘-ni-’. La palabra completa es ‘feminicidio’. Se forma con la raíz latina ‘femin-’, el interfijo conectivo ‘-i-’ y el sufijo ‘-cidio’ (del verbo latino ‘cædere’, matar).

La palabra latina ‘femina’ equivale a ‘mujer’. Su raíz es ‘femin-’. Se dice que es la raíz porque no pueden quitársele más letras en el final; si se le restan, tal raíz pierde sentido. Las inexistentes “raíces” ‘femi-’ y ‘fem-’ carecen de significado.

De la raíz ‘femin-’ se derivan palabras cultas (no populares), como ‘feminismo’, ‘femineidad’, ‘afeminar’, etcétera. También se derivan términos de origen popular, que cambian la ‘-i-’ por una ‘-e-’: ‘femenino’, ‘femenil’, etcétera (etimológicamente deberían ser ‘feminino’, ‘feminil’, etcétera).

A partir de la raíz ‘femin-’, el asesinato cometido contra una mujer solamente puede ser ‘feminicidio’ (femin-i-cidio), nunca ‘femicidio’.

El erróneo término ‘femicidio’ deriva de la palabra inglesa ‘femicide’, publicada impresa en 1801. ¿Cuál es el origen mental de ‘femicide’?: la ignorancia. El inventor o la inventora de ‘femicide’ ignoraban la forma de crear palabras a partir de raíces latinas; es decir, ignoraban que las raíces no deben perder letras a capricho, de modo que ‘femin-’ no debe reducirse a ‘femi-’.

El resto de la historia fue un contagio. Por ignorancia y por pereza por salir de la ignorancia, otras personas usaron el ridículo término ‘femicide’, que se tradujo a diversos idiomas. En español dio origen al absurdo ‘femicidio’. Hubiera sido fácil traducirlo como ‘feminicidio’, pero a nadie se le ocurrió al principio. Sin embargo, con el tiempo, en muchos países hispanohablantes se emplea ya ‘feminicidio’ (aunque en competencia con ‘femicidio’).

No sabemos si –para alguien– ‘femicidio’ “no significa lo mismo” que ‘feminicidio’, pero no nos sorprendería que alguna persona haya inventado tal diferencia, gramaticalmente insostenible.

Una prueba más del absurdo origen de ‘femicidio’: si esta pseudopalabra estuviese bien formada, habría que decir también ‘femismo’ y ‘femista’ en vez de ‘feminismo’ y ‘feminista’.

El invento ‘femicidio’ no está solitario en su infelicidad: hay otros que faltan al respeto a las raíces. El “verbo” ‘priorizar’ debe ser ‘prioritarizar’ (hacer prioritario algo). ‘Priorizar’ equivale solamente a “fabricar priores (jefes de conventos)”. Otro caso es ‘hidrocarburo’, que debe ser ‘hidrogenocarburo’.

En el lenguaje existen las reducciones de palabras por la eliminación de letras; son los metaplasmos por detracción. Así, ‘Ferdinando’ dio origen a ‘Fernando’, ‘Natividad’ terminó en ‘Navidad’, y ‘simpatético’ acabó en ‘simpático’. No obstante, estos cambios son históricos, de largo plazo: no nacieron reducidos. Estas palabras se llaman ‘síncopas’. Hay otros dos metaplasmos por detracción o reducción: las apócopes y las aféresis.

No debe argüirse que 'femicidio' está bien porque "así habla la gente". En realidad, la gente sí puede terminar hablando así, pero hablando mal por culpa de quienes habitualmente mencionan el 'femicidio'. Peor aún: si 'femicidio' aparece en una ley, ¿cómo esperan que se escriban los alegatos judiciales que se refieran al feminicidio? Usando la palabra errónea porque erróneamente está en la ley. Cuanto más se escriba 'femicidio' en tales documentos, más se extenderá el contagio antigramatical en la sociedad. No es, pues, este un caso de "error popular", sino de error inducido más o menos conscientemente por un número pequeño de personas: ciertas feministas y todos los diputados.

Es evidente que ‘femicidio’ no es un término reducido por desgaste histórico: nació mal. ¿Qué hace metido en una ley?


Victor Hurtado Oviedo

Victor Hurtado Oviedo 01:48 p.m.09/01/2012

Señora Jara: Ante todo, le agradezco la comparación -inmerecida- que formula usted. No conocí en persona al doctor Alfonso López Martín, pero he leído varios de sus libros de consejos gramaticales, que aún se consiguen en algunas reventas -por dicha-. He tratado de aprender de ellos y los recomiendo a todas las personas. Por otra parte, me sorprende leer, en su mensaje, una defensa tan clara del elitismo reaccionario y antidemocrático en cuanto al lenguaje. No siempre los elitistas reaccionarios formulan con tanta franqueza su empeño en procurar que la mayoría de las personas deje de aprender; que pierda la curiosidad por conocer más a fondo su idioma, de modo que se conforme con lo que sabe y rechace las explicaciones que enseñan "el otro lado" del habla normal: "id est", la gramática y su historia. Los elitistas reaccionarios aconsejan al pueblo: "No le creas a ese que escribe tales cosas. Así como estás, estás bien. No aprendas, no leas, no preguntes: no vayas a terminar leyendo los libros del doctor López Martín. El pueblo hace el idioma. Tú (o 'vos') eres del pueblo, de modo que ya estás salvado: ya sabes todo lo que te conviene saber. No te corresponde aprender más pues, para saber más, estamos nosotros, los elitistas reaccionarios". Si toda la gente siguiese estos consejos (música del cielo para quien detesta los estudios), volveríamos al analfabetismo, con la excepción de los elitistas reaccionarios, quienes -ellos sí- conocen el lenguaje a fondo, pero se niegan a compartir sus saberes -aunque sí corrigen a su hijo cuando escribe 'sapato'-. Los elitistas reaccionarios se espantan cuando alguien explica un "secreto" del lenguaje; por ejemplos, cómo funcionan las raíces latinas, y que no debe decirse "frutas y vegetales", sino "frutas y verduras". Los elitistas reaccionarios no quieren que la mayoría de la gente conozca los arcanos; exclaman: "¿Qué le pasa a ese hombre? ¡Revela nuestros secretos al pueblo ignaro! ¡Siempre tiene que haber alguien así!". Yo no defiendo el léxico de la "clase alta"; yo defiendo el léxico de la clase culta, que existe y que está compuesta de personas de todos los niveles económicos. La pobreza hace difícil acceder a la cultura de élite, pero no lo hace imposible. Hay una cultura gramatical de élite (o 'elite'), compuesta de un léxico amplio y preciso, de construcciones complejas y del conocimiento de las figuras literarias. Este es el lenguaje que todos debemos conocer; y quienes sepan algo de esto deben compartirlo con la gente. ¿Por qué cree usted que logran tanto éxito los libros de divulgación gramatical, que resuelven errores y sacan de dudas? Porque el lenguaje es un valor social que las personas estiman; porque nadie quiere que se burlen de ella (o de él) cuando no habla según las normas. Señora Jara: en el conocer el lenguaje hay una profunda dignidad, que sienten tal vez más quienes menos han podido acceder al conocimiento de la riqueza de su idioma. El poeta Pedro Salinas escribió que el pueblo admira al que habla bien porque ve, en él, un valor de la cultura que le fue negado. Quien es enemigo de la gramática es enemigo del pueblo -digamos si nos ponemos tremendos y algo ibsenianos-. Por último, 'haiga' era una forma habitual en España, pero cayó en desuso hace siglos. La verdad es que "haben" cambios.

Maria Jara

Maria Jara 08:34 a.m.09/01/2012

D. Víctor, sus defensas del léxico de la clase alta me hacen pensar en D. Alfonso López Martín. Supongo que siempre tiene que haber alguien así. El hecho de que "así habla la gente" es un hecho lingüístico: si el castizo, y para algunos casto, idioma español existe es porque hubo grupos de personas que así hablaban el latín, es decir, los idiomas son hijos de los errores y no de los escritores ni de los lingüistas, aunque, claro, haigan académicos con amnesia ilustrada.

Victor Hurtado Oviedo

Victor Hurtado Oviedo 03:21 p.m.06/01/2012

Juan: Según Wikipedia, quien primero publicó el término 'femicide' fue un hombre, John Corry (http://en.wikipedia.org/wiki/Femicide#cite_note-Corry-0). Esto lleva a pensar que la ignorancia no tiene sexo; mejor dicho, que la ignorancia es común, bisexual. Fue un hombre ignorante quien fabricó mal ese término, y su falla no se disculpa por la intención satírica de Corry. Luego, tal palabreja se ha extendido por ignorancia y por pereza en averiguar la razón etimológica. En este error colectivo participan hombres y mujeres; no es, pues, una equivocación solamente de mujeres ni únicamente de feministas, aunque tal vez hayan sido algunas feministas quienes más han insistido y persistido en hablar de 'femicidio'.

Victor Hurtado Oviedo

Victor Hurtado Oviedo 03:06 p.m.06/01/2012

Alonso: 'Feminicidio' es un término aceptable porque añade precisión al idioma. 'Homicidio' es la muerte sufrida por un hombre e inferida por otra persona, y, en sentido extenso, la muerte de un ser humano en la misma circunstancia. Creo que podemos decir 'homicida' de alguien que mata a otra persona (de cualesquiera sexo y edad), y 'feminicida' cuando deseamos precisar el sexo femenino de la víctima (también si queremos resaltar el móvil de violencia machista). Recordemos que también existen palabras precisas para otras muertes, como 'suicidio', 'parricidio', 'filicidio', 'infanticidio y 'uxoricidio'; todas son más viejas que 'feminicidio' y todas (con 'feminicidio') agregan precisión, valor apreciable en el lenguaje. Para expresar la muerte intencional de un ser humano podría crearse 'humanicidio', pero esto sería muy forzado (al menos por ahora).

Victor Hurtado Oviedo

Victor Hurtado Oviedo 02:53 p.m.06/01/2012

Keneth: No sé cuál palabra pueda ser simétricamente opuesta a 'machismo'. 'Hembrismo' podría funcionar por la oposición "macho-hembra" que existe en la naturaleza. Las palabras aparecen y circulan por necesidad, y no hay hechos sociales frecuentes que justifiquen crear una palabra que resuma el concepto de "violencia sistemática ejercida por mujeres contra hombres". Si esta violencia existiera con la misma dimensión que tiene la violencia machista, ya se habría creado popularmente tal palabra. Esperemos que no haya necesidad de crearla como esperemos que ya no haya necesidad de seguir hablando de "violencia machista" (ni del absurdo gramatical "violencia de género").

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