La pasión por la ciencia y el periodismo me trazaron el camino para convertirme en lo que soy: una periodista científica. A la hora de elegir carrera me incliné por el periodismo, estudié Ciencias de la Comunicación Colectiva en la Universidad de Costa Rica, pero luego me especialicé en Comunicación Científica en la Universitat Pompeu Fabra, en Barcelona, España. A mi regreso, ingresé a La Nación en el 2001 como periodista de la sección Viva, donde empecé a publicar reportajes sobre ciencia y medicina.

En el año lectivo 2003-2004 tuve la fortuna de formar parte del programa Knight Science Journalism Fellowship del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Estados Unidos, y a mí regreso me dediqué  la creación y la coordinación de la sección Aldea Global, una sección donde a diario se exploran temas de ciencia, tecnología, salud y arte. Dentro de Aldea Global nació la columna Epicentro de la Ciencia, que publico todos los lunes desde febrero del 2008, y que ahora he transformado en un blog muy importante para mí, pues es el contacto con mis orígenes, el mundo de la ciencia, ahora que dedico la mayor parte de mi tiempo a las labores de ser Jefa de Redacción de este diario.
Debbie Ponchner 14 enero, 2013  12:00 a.m.
INICIO / Medicina
14/01/2013
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¿Listos para viajar a Marte?

Hace un siglo, pensar en la posibilidad de salir de las fronteras de nuestro planeta y explorar el espacio sería considerado como algo imposible. Hoy, después de haber logrado decenas de vuelos espaciales, nueve viajes tripulados a la Luna (con seis alunizajes),  y la construcción de la Estación Espacial Internacional (ISS), el panorama es otro.

Hoy, los viajes al espacio no son exclusivos de los astronautas; varios turistas espaciales han pagado precios millonarios por hacer un viaje a la ISS y ya más de 500 personas han reservado cupo para un viaje suborbital con la compañía Virgin Galactic.

El papel de los astronautas de este siglo, de esos científicos a la vanguardia de la exploración espacial, parece estar en la realización de viajes interplanetarios.

Muchos trabajan hoy en desarrollar la tecnología necesaria para realizar un viaje a Marte. No solo hay que tener el vehículo que pueda efectuar  la travesía, también es necesario conocer todos los detalles posibles del planeta vecino –tarea que se cumple con misiones robóticas al Planeta Rojo– y además es importante conocer cómo el cuerpo humano sobrellevará un viaje  espacial tan prolongado.

Si bien cerca nuestro el astronauta y físico costarricense Franklin Chang Díaz trabaja en desarrollar nueva tecnología que permitiría llevar a cabo  vuelos espaciales de forma más rápida –una nave impulsada con su motor de propulsión de plasma podría llegar al planeta vecino en 39 días–   , los vehículos espaciales que tenemos disponibles hoy durarían más de 250 días en llegar a ese destino.

El cosmonauta Valery Polyakov ostenta el récord de la estancia más larga en el espacio: él permaneció  437 días seguidos en la estación espacial MIR. Un viaje tripulado a Marte duraría, al menos, 520 días, y se desconoce qué efecto podrá tener un viaje de esa duración en una persona.

En busca de una respuesta, seis hombres con conocimientos en ingeniería, medicina y exploración espacial conformaron la tripulación de un viaje simulado a Marte, desarrollado por la Academia Rusa de las Ciencias.

Los voluntarios vivieron dentro de un ambiente similar al que se experimentaría  en una nave espacial y cumplieron con el cronograma de un viaje a Marte.

 A lo largo del “viaje”, estuvieron completamente aislados de la cotidianidad en la Tierra.

Ahora, ya finalizada la misión, un grupo de científicos de centros estadounidenses y rusos publican, en la última edición de Proceedings of the National Academy of Sciences, los resultados del monitoreo continuo de tiempo de sueño y alerta, actividad y sedentarismo, de la tripulación.

Cuatro de los seis voluntarios experimentaron problemas en el sueño, ya sea teniendo sueño interrumpido o trasladando las horas de sueño a horas en que debían estar despiertos. La tripulación completa se volvió  más sedentaria mientras avanzaba la misión, situación que cambió  en los últimos días, cerca del “retorno” a Tierra.

Según los expertos, a la hora de diseñar una misión a Marte será necesario lograr un hábitat en la nave espacial que simule más los ambientes de la Tierra, sobre todo en torno a los tiempos de luz y oscuridad, para tratar de evitar las alteraciones en el ritmo circadiano (el reloj biológico) de los astronautas.

También sugieren explorar las características que hacen a unas personas más susceptibles a las alteraciones en su ritmo circadiano que a otras, para poder saber de antemano quiénes podrán ser mejores candidatos para soportar bien el viaje interplanetario.

 


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