La bondad no se contagia, el egoísmo sí
Es bonito pensar que la bondad es contagiosa: si alguien es bondadoso conmigo, yo respondo no solo siendo bondadosa con él, sino siendo bondadosa con otros.
Es el concepto de la “cadena de favores”, expuesto en la película Pay it forward (2000) –basada en la novela homónima de Catherine Ryan Hyde–, dirigida por Mimi Leder y protagonizada por Haley Joel Osment, Kevin Spacey, Helen Hunt y Jon Bon Jovi.
Sin embargo, ¿es la vida real igual a la mostrada en la película de Hollywood? La triste realidad es que en este caso la respuesta es no: los seres humanos no somos dados a pagar la bondad – en materia de dinero o trabajo– con más bondad hacia otros, pero, si somos víctimas del egoísmo, sí somos más proclives a ser egoístas con otros.
Así lo demuestra una serie de experimentos realizados por investigadores de la Universidad de Chapel Hill, en Carolina del Norte y la Universidad Harvard, en Massachusetts. Los resultados de sus pruebas se publican en la versión en línea del Journal of Experimental Psychology.
En uno de los experimentos, los científicos, liderados por Kurt Gray, reclutaron a 100 personas en estaciones de metro en Massachusetts. Les dijeron que alguien estaba compartiendo con ellos $6 que habían recibido y les entregaron su parte en un sobre.
En algunos casos, las personas recibieron su porción completa: $3; pero en otros recibieron menos de eso o más de eso.
Luego, las personas recibieron otros $6 que debían compartir con un desconocido, poniendo en un sobre cerrado la parte para la otra persona. Quienes recibieron más de $3 en el primer sobre, no mostraron ser bondadosos en esta nueva repartición, en promedio, dieron lo justo: $3. Sin embargo, aquellos que recibieron menos de $3 la primera vez, sí mostraron ser egoístas en esta ocasión, poniendo en el sobre menos de $3.
Lo mismo ocurrió al evaluar la bondad y el egoísmo en la repartición de trabajo. En uno de los experimentos, los científicos les dijeron a voluntarios que cada uno, junto a un colega, debía realizar cuatro tareas en la computadora: dos muy tediosas y complicadas, dos divertidas y fáciles. Se les dijo que ya el colega había realizado sus dos tareas y quedaban las dos que debía realizar el voluntario.
Hubo quienes recibieron la repartición justa: una tarea tediosa y otra divertida; quienes recibieron la repartición bondadosa: dos tareas divertidas, y quienes recibieron la repartición egoísta: dos tareas tediosas.
Luego fue el turno de los voluntarios de elegir entre las tareas y dejarle a un colega desconocido la mitad del trabajo. Al igual que como con el dinero, quienes recibieron una repartición bondadosa en la primera oportunidad, lo olvidaron pronto y, a la hora de dividir el trabajo ellos, lo hicieron justo por la mitad; pero quienes recibieron el tratamiento egoísta, no lo olvidaron y trataron con egoísmo a sus colegas.
Según los investigadores, el estímulo negativo de ser víctima del tratamiento egoísta persiste más en las personas que el positivo de ser tratado con bondad.
