Una Reseña de Hanna Gabriels
Atraviesa la puerta del gimnasio
con el rostro cubierto por la
capucha de una jacket deportiva,
camina unos pasos y tengo la
impresión de que se mueve como
un oso. Pero, inmediatamente
después, se quita la capucha y una
generosa marea de trenzas negras
transforma al oso en un magnífico
león de carey. Luego, me extiende
la mano y dice: “Hola soy Hanna
Gabriel” (como si le hiciera falta
presentarse) y ahí, exactamente
ahí, cuando te mira con la
potencia de esos ojos chinos
cuyos colores navegan entre la
canela y el amarillo, uno
confirma que, definitivamente, se
trata de una pantera. Hanna Gabriel
ha tenido un 2011 con altibajos pero
claramente marcado con una
dirección: tomar el control total de
su vida y de su carrera.
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