Que si pantalón tubo o campana. Que si pelo largo o corto. Que si un arete en la oreja o en la nariz.
Las modas cambian, mas las batallas por los uniformes están más vivas que nunca en las aulas y pasillos de los colegios.
Son recurrentes entre los estudiantes los reclamos por normas que, a su entender, carecen de una razón de ser; reglas arbitrarias sin lógica ni función.
“Hay algunas reglas que están bien, pero hay otras a las que no le veo lógica, como el pelo (corto)”, opinó Andy Rodríguez, alumno –de 18 años– de la Unidad Pedagógica José Fidel Tristán, San José.
“A veces nos dicen que los estudiantes no pueden andar de una forma y uno vuelve a ver a los profesores y ellos sí. Entonces, ¿qué es lo que le quieren enseñar a uno?”, cuestionó el joven.
Un reglamento implementado por el MEP en el 2010, creó un procedimiento mediante el cual los estudiantes pueden negociar su uniforme en una comisión conformada por profesores y padres.
Aunque unos colegios promueven la concertación, en otros, los directores son renuentes.
Las críticas de los alumnos le llegan con frecuencia al ministro de Educación, Leonardo Garnier, ese jerarca de pelo largo que predica a favor de la subversión y en contra de la obediencia ciega .
Por ello, el ministro publicó en un su sitio web una reflexión donde recuerda a los estudiantes que hay un procedimiento para cambiar las normas y promueve, como un ejercicio de educación, negociar en la mesa cuando exista un desacuerdo ,ya sea sobre vestimenta, aretes o largo del pelo.
“A veces, los adultos usan las reglas simplemente como una forma de imponer la autoridad, entonces deja de ser educativo. ‘Usted hace esto porque yo lo digo’”, explicó Garnier.
”Me parece que este es un ejercicio de aprendizaje de cómo convivir con los demás y como vas construyendo un Estado de derecho, con una forma de establecer las reglas y de cambiarlas”, dijo.
Debate. Docentes y directores consultados por La Nación coincidieron en la importancia de los uniformes como preparación para las reglas que tendrán que seguir los jóvenes en sus futuras profesiones.
Interpretaciones similares ha hecho la Sala Constitucional, que en la última década, ha rechazado o declarado sin lugar casi todos los recursos de amparo planteados por los alumnos, al considerar que no se quebranta ningún derecho fundamental de los jóvenes.
“Es cierto, no es el pelo ni el pantalón el que estudia, pero al estar en un proceso de formación, tienen que estar bajo una serie de normas para ir formando la disciplina para la vida de trabajo”, agregó Rocío Solís, directora de la Contraloría de Derechos Estudiantiles del MEP.
El psiquiatra experto en adolescentes Marcos Díaz resaltó la importancia de que los jóvenes tengan claro quién tiene la autoridad.
“Uno podría argumentar que el pelo largo o corto no tiene tanto peso como la puntualidad, etc. Es muy importante que los adolescentes se sientan escuchados porque si no produce reacciones inconvenientes como el lashing out (enojo, agresividad) ”.
Geovanny Esquivel, director del Liceo de Costa Rica, dijo que los estudiantes de su colegio han asumido su uniforme diferenciado, color gris, como un emblema.
Otros, como el José Fidel Tristán y el Técnico Profesional de General Viejo, en Pérez Zeledón, han logrado acuerdos para variar colores del uniforme. En cuanto a las perforaciones y el pelo, los centros optan por reglas tradicionales.
Lo importante, resaltó la profesora Mónica Porras, del Liceo de Costa Rica, es hablar. “El adolescente va a ir en contra de los lineamientos, es una etapa. Lo importante es guiarlos para que sepan dónde sí y dónde no, y por qué”.