EDITORIAL

Vigilancia tecnológica

La decisión del Consejo Nacional de Vialidad (Conavi) de recuperar el plan de vigilancia con cámaras merece aplauso

Por certeras que sean las críticas a la organización de la Policía de Tránsito, la falta de personal es innegable

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12:00 a.m. 12/03/2013

En la Policía de Tránsito hay 1.045 oficiales para atender 35.350 kilómetros de carreteras las 24 horas del día. No todos están en la calle, porque el 10% ocupa puestos de jefatura, otro 10% hace labores de oficina y casi la cuarta parte de los restantes están suspendidos, incapacitados, libres o de vacaciones en cualquier momento determinado.

Esos oficiales tienen por prioridad atender accidentes, descongestionar las vías en horas pico y vigilar las carreteras más peligrosas. Según las autoridades del ramo, necesitan 2.000 agentes más para ejercer la supervisión adecuada. La escasez de personal es un problema real, aunque no faltan críticas a las ineficiencias creadas por la distribución de los recursos disponibles.

La Unión Nacional de Técnicos Profesionales del Tránsito (Unateprot) no niega la necesidad de contratar más personal, pero cree posible hacer más con una organización mejor planteada. La organización gremial critica el exceso de jefaturas y la mala asignación de los recursos. En el aeropuerto Juan Santamaría, por ejemplo, diez oficiales, tres de ellos con rango de jefatura, vigilan 800 metros de calle, pero en la zona norte del país solo hay 14 oficiales, de ellos cuatro de guardia y dos jefes.

Así se explica que las básculas instaladas en Cañas, Ochomogo y Búfalo de Limón para preservar las vías y evitar los peligros del sobrepeso solo sirvan para sancionar al 5% de los infractores. De 1.114 infracciones detectadas en diciembre, apenas 27 fueron multadas. No hay oficiales disponibles para confeccionar los partes. Así se explican, también, los demás abusos constatables a simple vista, no solo en la conducción, sino en los vehículos mismos, equipados con “roncadores” para hacer más ruido o modificados para participar en carreras clandestinas en plena vía pública.

Por certeras que sean las críticas a la organización de la Policía de Tránsito, la falta de personal es innegable, pero aumentar la planilla estatal en 2.000 plazas no es una decisión ligera. El resultado es un país donde la inseguridad vial persiste y la arbitrariedad de los conductores irresponsables no tiene límite, pese a las nuevas y fuertes sanciones de la ley de tránsito. El rigor del castigo, como lo hemos observado en otras oportunidades, no importa tanto como la probabilidad de ser castigado. Una ley draconiana, inaplicable por falta de vigilancia, es tan poco disuasiva como una ley laxa.

En las circunstancias, el recurso de la tecnología es cada vez más atractivo. Por eso merece aplauso la decisión del Consejo Nacional de Vialidad (Conavi) de recuperar el plan de vigilancia con cámaras. Si la aspiración se concreta, serán muchas más de las instaladas en el fallido intento inicial de incorporarlas al control de las vías.

El proceso marcha a paso lento. La directiva de Conavi votará el reglamento necesario la semana entrante y todavía falta precisar los aspectos financieros. La decisión final se adoptará a mediados de abril, aunque estaba programada para febrero, 15 meses después del fracaso inicial del sistema. A partir de la decisión fijada para abril, pasarán meses antes de la instalación de las cámaras y, conseguido ese objetivo, en los primeros seis meses la vigilancia electrónica estará dedicada exclusivamente al exceso de velocidad, no a las demás conductas reprochables, como los giros ilegales o la invasión del carril contrario. Además, habrá concentración de recursos en las principales vías.

La lentitud del proceso burocrático y el limitado alcance del plan inicial no impiden celebrar los buenos propósitos. La tecnología servirá para liberar recursos humanos con cuya participación la vigilancia podrá mejorar en otras rutas. Las cámaras no remedian la escasez de personal, pero contribuyen a paliarla.

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comentarios

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Esteban Cordero 18:28 12/3/2013

Despues de 3 años en operacion,se llego a la conclusion que el sistema de camaras para control de infractores de transito es totalmente inoperante y un desperdicio de dinero de los contribuyentes para pagar a una empresa privada la instalacion y mantenimiento del equipo,por lo mismo en marzo del 2013 todas las camaras seran removidas.Collier County,Florida USA. Para muestra un boton...

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keneth gonzalez m. 13:46 12/3/2013

En EEUU ya son mas de 12 estados que han prohibido estos sistemas de cámaras porque son una estafa para el conductor, se utilizan mas como forma de recudar dinero y equilibrar presupuestos, y lo peor es que el administrador funge como juez y parte, y recibe beneficios por cada multa. Pésimo editorial señores que falta de visión.

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Giovanni Mantovano Sorna 11:23 12/3/2013

Nadie lo ha notado, pero ahora hay tramos en la General Cañas, que es la que uso a diario, a 40 km/h. Quién sabe en qué otras carreteras ha ocurrido lo mismo. Alguien me puede explicar la necesidad de variar la velocidad de esa pista cada 300 m. con velocidades 90 - 80 - 60 - 80 - 60 - 40 - 60 - 80 - 90 - 80 ?? Qué diferencia hay entre 80 y 90?, eso está dentro del margen de error. Y 40 en un tramo de 3 carriles nada distinto del resto de la pista? Si sacan las cámaras optaré por ir a 60 siempre

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Giovanni Mantovano Sorna 11:00 12/3/2013

Como siempre: no es lo que se haga sino cómo se haga. Mientras la General Cañas tenga velocidades cambiantes cada 300 m. entre los 40 km/h (sí, 40 en sectores de 3 carriles sin intersecciones) y los 90 km/h, donde no existe ninguna lógica para saber si hay que andar rápido o despacio más que concentrarse exclusivamente en el lado derecho de la pista para que no se le pase a uno nada... y salado si en ese momento un tráiler le tapó la señal...

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Oscar Esquivel Valerio 10:40 12/3/2013

Ante el acongojante escenario fiscal del país, nuestras luminarias solo apuestan a recaudar más vía impuestos, esta vez un crudo impuesto a la velocidad en vista, que los límites establecidos se contraponen a toda lógica. Esto no es más que un plan fiscal C disfrazado de seguridad y un acto de desesperación para salvar a RACSA de su inevitable destino.

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