Minutos antes de la premiación, mientras Paolo Montoya aún pedaleaba con furia hacia el oro, una funcionaria de los Juegos corría por la Universidad para la Paz con una bandera bajo el brazo.
Ante la inminente victoria del equipo masculino costarricense de ciclismo de montaña, que por intermedio de Montoya (oro), Pablo Vargas (plata) y Andrey Fonseca (bronce) llenaría más tarde el podio, se hizo evidente la necesidad de otra bandera tricolor, para la entrega de las medallas.
El delicioso caos inicial por haber logrado el 1-2-3, sin tener cómo llenar las astas, se resolvió con esa rápida gestión de la funcionaria.
Media hora más tarde, cuando desfilaron las tres banderas costarricenses frente al podio de la modalidad masculina, una era más corta que las demás. Notoriamente más corta. Pero a nadie le importó.
Más que un lunar en una jornada de oro, esta bandera significó que el cuadro nacional venció los designios textiles del evento, y con ello, hará considerar, a futuros comités organizadores, la posibilidad de empacar tres pendones tricolores cuando corran ciclistas ticos.
Los corredores nacionales barrieron el circuito de la Universidad para la Paz y ocuparon, cómodamente, las primeras cuatro posiciones de la categoría masculina en los Juegos Centroamericanos.
Liderados por un Paolo Montoya que fue un vendaval, los ticos sumaron el segundo oro de la jornada, luego de que el equipo femenino se llevara el primer y tercer lugares en su podio, con el primer puesto en manos de Katherine Herrera.
Los locales ratificaron así el gran nivel del ciclismo de montaña costarricense, que presentó una de las selecciones “más queridas”, según su entrenador Albin Brenes. Al finalizar la competencia, los atletas coincidieron con su técnico en que el apoyo fue fundamental para lograr la victoria.
El ciclismo de montaña, como pocos deportes, permite una intimidad entre atletas y audiencia. Son contadas las disciplinas donde los deportistas compitan a distancia de puño con el público y en donde los aficionados tienen la posibilidad (en este caso no ejercida) de estirar el brazo y tocarlos.
Hay sectores del circuito de UPaz donde los pedalistas se escurren por un pasillo de apenas metro y medio de ancho, con fanáticos a ambos lados y el sonido de los aplausos como un aguacero.
¿Qué evita que esos seguidores invadan el circuito? ¿La cinta blanca que lo bordea? ¿O es admiración por esas mujeres y hombres que se exponen, vulnerables, a escasamente un metro de distancia, tan cerca que se les puede ver los poros sepultados en sudor?
Sea cual sea la respuesta, los aficionados que llegaron a la Universidad para la Paz se comportaron a la altura. Los ciclistas entregaron cinco medallas al país y, a cambio, el público le dio una sexta a Federico Lico Ramírez cuando, tras la premiación, exigió con gritos de “¡Lico, Lico, que el pedalista se sumara a sus compañeros frente a las tres banderas, dos de ellas presupuestadas y una que llegó de feria.