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Julio Rodríguez envela@nacion.co.cr 12:00 a.m. 25/02/2013

He publicado muchos comentarios sobre los gremios, en particular acerca de las huelgas (ilegales), como medida de presión para obtener prebendas o beneficios, así como sobre la reiterada oposición a reformas legales que, de alguna manera, según sus dirigentes, pudieran afectar sus privilegios o prerrogativas.

En esta dimensión crítica del periodismo profesional La Nación ha sido congruente, pese a la reacción contraria de los dirigentes sindicales o de las diversas asociaciones. La vía más fácil y cómoda, en estas circunstancias, ha sido el silencio, la indiferencia o la complicidad. Esta ha sido la estrategia seguida en Costa Rica por los partidos políticos y, en general, por la prensa frente a las huelgas. Peor aún, el finiquito o desenlace de una huelga se ha descrito, por mucho tiempo, como un triunfo de la democracia y del pueblo, sin ahondar en su legalidad o en sus graves consecuencias legales, económicas o morales.

Ahora estamos comprobando, en carne propia y ajena, los efectos de esta conducta medrosa y, ¿por qué no?, antipatriótica e interesada. Las huelgas no han sido, como propalan los dirigentes y no pocos profesionales de copetín, una expresión del “pueblo” ni, mucho menos, un instrumento de reivindicación social, sino, al contrario, un atentado contra la ley, la justicia social y los sectores más pobres del país. Los sectores más pobres no pueden hacer huelgas porque no están organizados y, al fin de cuentas, son los que pagan los platos rotos.

¿A qué viene todo esto? A un cambio de apreciación en nuestro país en relación con las huelgas y con su más frecuente modalidad: el bloqueo de las vías públicas. Al parecer, tras tantos años de alcahuetería y complicidad, la gente está mostrando su hastío. La prepotencia de los gremios, sin importar su relevancia política, económica o profesional, no debe continuar. Las instituciones públicas y las calles no son propiedad de unos cuantos dirigentes ni escenario de sus pretensiones.

En este itinerario de abuso gremial y de cansancio popular sobresale la estrategia del gremio de los profesionales de la medicina o, mejor, de sus dirigentes, que ha quedado al descubierto con pruebas irrefutables. Hago hincapié en la palabra “dirigentes”, pues sé distinguir entre la mayoría de los médicos, honra del país, y los dirigentes que han abusado de su poder. Las denuncias que, en estos meses, se han hecho contra estos dirigentes deben llenarnos de pena y deberían suscitar una reacción en este gremio.

Los gremios deben retornar a las fuentes de la legalidad y la solidaridad, lo que solo se logrará mediante un cambio en su dirigencia.

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comentarios

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marco Araya Barboza 21:17 25/2/2013

Don Julio, resulta que hace pocos meses, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, encabezados por don Luis Paulino, también marcharon y no eran chancletudos y pararon el tránsito y violaron el sagrado derecho a la libertad de tránsito y usted ni ningún periodista comentaron nada. Ahí se la dejo para que le saque punta.

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keneth gonzalez m. 17:51 25/2/2013

Toda huelga del sector público es contra el Pueblo, es quien termina pagando, los políticos son solo intermediarios y cómplices.

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Carlos Brenes 13:54 25/2/2013

Don Julio tiene una vis cómica impresionante.

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Carlos Brenes 08:43 25/2/2013

Definitivamente don Julio tiene una 'vis comica' sin par. Ya que renunció el Papa, ¿por qué no se retira don Julio, a quien incluso esa decisión de Benedicto XVI le pareció digna de encomio?

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