Mis adoradas plumas

Exijo los mismos derechos que mis pares heterosexuales

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Guillermo Mata Publicista 12:00 a.m. 25/02/2013

Don Justo Orozco –“don” para referirme a usted con respeto, pese a que el trato no sea recíproco–, mi mamá estaría orgullosa.

Le cuento que sí, yo sí tengo plumas, unas con las que aprendí a volar, a ser libre y valiente. Unas plumas que mostré cuando dejé de vivir en el anonimato. Porque sí, como usted dijo: si uno no lo dice, usted no se da cuenta. Pero, la verdad, yo sí quiero que lo sepa. Yo no soy invisible, ni soy “nadie”; yo soy Memo, y soy gay.

Viví hasta los 19 años pensando que todo lo que yo era estaba mal. Por todo ese tiempo las alas y las plumas estuvieron atadas. Me rectifico, más que eso: fueron golpeadas, pateadas y a punto de ser cortadas. Fue por su Dios –que, de paso, creo que es el mismo que el mío, aunque con diferentes interpretaciones– que hoy estoy aquí. Durante ese periodo, Él puso a mi lado amigos y amigas que tengo siempre presentes, aunque hoy no tenga mucho contacto con algunos de ellos.

Unas cuantas niñas en la escuela me aceptaron inocentemente como era, como soy, da igual (sí, yo fui ese chiquito en la escuela que solo tenía amigas). También fui ese cuyo saludo de “buenos días” en la escuela era sustituido por “playito” o cualquier otro sinónimo que cumpliera con la misión de ofenderme.

En el cole, llegaron otras personas, también amigas en su mayoría, que de cierta manera me cuidaban. Pasar desapercibido fue la estrategia de supervivencia, algo que logré con más o menos éxito. Pero no faltó un “Memo playo” escrito en la pizarra, o recibirlo cara a cara de otro compañero.

Entré a la universidad odiando a quien yo era. Dos años durísimos que no quiero recordar. Ya a los 19 no pude retener mis adoradas plumas. De la noche a la mañana, casi en un abrir y cerrar de ojos, ahí estaban a la vista de cualquiera. La lucha más grande había terminado, la lucha conmigo mismo por tratar de ser quien no era.

Hoy, a mis 26 años, vuelvo a ver a ese muchachillo de 19 años y digo: “¡Qué valiente!”.

Ahora vuelo, y no me canso de ver desde arriba a quienes me tiran piedras, flechas, balas... Lo importante es que estas alas y su plumaje han aprendido a volar sin importar los obstáculos; esquivando comentarios, actitudes o acciones con las que personas como usted pretenden invisibilizarme.

Estoy orgulloso de quien soy y de la vida que decidí vivir. No decidí ser gay, pero sí decidí vivir libremente.

Por eso exijo los mismos derechos. Quiero poder casarme (aunque no sé si lo vaya a hacer). Quiero poder visitar a mi pareja si está enfermo en un hospital. Quiero ser padre, aunque no me gustaría traer un hijo al mundo donde convivamos con personas como usted. En fin, quiero hacer lo que por derecho otras personas pueden. O, si decido quedarme soltero, que sea por convicción propia, no porque me lo impongan.

Sin más que decir, mi plumero y yo se lo agradecemos. Porque, si algo logran personas como usted, es que los homosexuales seamos seres humanos más fuertes (sí, también somos personas).

Y, si no nos ve, simplemente mire hacia arriba: realmente somos muchos los que volamos libres y valientes.

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Ernesto Castro M. 10:58 26/2/2013

Lo ve Ud. mismo Alejandro, la cosa no son los derechos que por el momento están reclamando, obvio que va para más. Una familia normal procrea hijos, para una pseudo-familia inventada, como la homosexual, eso es imposible, pero con tal de satisfacer su egoísmo ideologico de pseudo familia pretender obligar y quitarle a los ninos ese derecho de todos,; de tener una madre y un padre. Así que se viola el derecho del nino bajo una falsa consigna de "derecho humano" reclamada por los LGTB.

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Alejandro Miranda 09:22 26/2/2013

El debate no es sobre lo que La Biblia dice. El debate es sobre reconocimiento de la pareja de los gays. A mi criterio, quienes se oponen argumentando criterios Bíblicos están siendo selectivos, pues Jesús habló en contra del divorcio de manera directa y aún así está en nuestras leyes. Este es un debate legal/civil, no religioso. Yo no estoy de acuerdo con que se llame "matrimonio" a las uniones entre gays pues el matrimonio es un concepto religioso. Pero se deben equiparar los derechos.

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Alejandro Miranda 08:30 26/2/2013

Don Ernesto, donde está estipulado que un homosexual o una lesbiana no pueden adoptar a un niño o una niña? En toda la historia eso se ha dado, al igual que como dice don Keneth los gays han podido y se han casado...claro que lo han hecho con personas a las que no aman como pareja. Asi que ahi lo tiene: hoy por hoy no hay restricción alguna para que los homosexuales tengan el derecho de adoptar.

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Ernesto Castro M. 18:58 25/2/2013

En lo personal, no veo problema que obtengan los beneficios que demandan. Sin embargo ya se ha observado en otros países que eso es parte de un proceso, pues cuando se obtiene ciertos derechos entonces hay un "paso 2", "paso 3", etc. Y por eso podemos ver parejas homosexuales exigiendo poder adoptar (la consigna es la misma: se trata de un "derecho humano"). Por supuesto que a esto sí me opongo, pues los ninos tienen el derecho de recuperar lo que perdieron: Un Padre y una Madre.

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German Eduardo Cascante Castillo 18:01 25/2/2013

La Biblia (Jesús) previene y profetiza que "en los últimos días la maldad aumentará" (Mateo 24, 12; Marc. 13, 5-23; Juan 15, 18-25 y 16, 2) y hasta podría imponerse, antes de la nueva venida de Jesús. Eso no hace que la maldad, porque la llegue a practicar una mayoría, sea algo bueno y agrade a Dios. A lo bueno se le dirá malo, y a lo malo bueno; también contra ésto advierte la Biblia. El hombre podrá engañar al hombre, pero no podrá engañar a Dios; lo que siembra, eso cosechará.

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