La necesidad de jugar

Mediante el juego, se desarrollan habilidades físicas, mentales y sociales que le ayudarán al niño a ser una persona más inteligente, analítica y creativa.

IVANNIA VARELA

ivannia.varela@gmail.com | revistadominical@nacion.com

Publicado el 24 de febrero del 2013

Imposible tapar el sol con un dedo. En medio de jornadas cada vez más extenuantes y de la inseguridad que pulula en las ciudades, la mayoría de los niños tienen ahora menos tiempo para jugar al aire libre y se entretienen, sobre todo, con los aparatos de moda. Y lo hacen encerrados, literalmente, en sus hogares. ¿Es esto adecuado para su salud física y mental?

Aunque Internet, los videojuegos y las consolas han potenciado algunas habilidades en las nuevas generaciones, los especialistas en infancia insisten en que, para conseguir un desarrollo integral, se deben modificar hábitos.

“La tecnología puede ser una gran aliada, pero también se debe procurar que los niños salgan al aire libre, tengan contacto con la naturaleza y, sobre todo, que jueguen de un modo más espontáneo”, explicó el doctor Orlando Urroz, director del Hospital Nacional de Niños.

Según él, si esto sucediera, los menores crecerían más sanos porque se ejercitarían, disminuirían los niveles de obesidad y las enfermedades asociadas con el sobrepeso. Además, serían menores los niveles de estrés, ansiedad y depresión que ahora son tan comunes en niños de edad escolar.

Estudios realizados en universidades de Estados Unidos y Europa también han confirmado que cuando los chiquitos juegan e interactúan con el ambiente, elevan sus niveles de concentración, están más abiertos al aprendizaje y reducen su hiperactividad. Asimismo, logran resolver mejor los problemas y muestran un mayor desarrollo del lóbulo frontal del cerebro.

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El juego según la edad

De 0 a 2 años: Es la etapa en que los niños ejercitan sus funciones ensayando movimientos con manos y brazos. Aquí tienen lugar los juegos “hedonísticos” o de búsqueda de placer. Se les dificulta representar los objetos si estos no están frente a sus ojos. Los niños de año y medio dedican el 60 por ciento de su tiempo a jugar. Prefieren hacerlo con sus padres y hermanos, o solos, pero cerca de sus progenitores para sentir seguridad.

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De 2 a 7 años: Aparece en los niños la capacidad de representación simbólica. Ya pueden representar objetos sin necesidad de que estén presentes ante sus ojos. Adquieren gran importancia los juegos de imitación. En esta etapa, los juguetes deben servir para despertar y fomentar la fantasía.

7 años en adelante: Los juegos sociales son los que más deben fomentarse en esta fase para que el niño aprenda a compartir y a sentir empatía, y para que ejercite habilidades cognitivas y psicológicas claves para su desarrollo.

Fuente: Natalia Calderón Astorga, psicopedagoga y especialista en dificultades del aprendizaje

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La psicopedagoga y especialista en dificultades de aprendizaje Natalia Calderón Astorga, define el juego como “cualquier actividad que realizamos por placer, sin preocuparnos por el resultado final”. “En el caso de los niños, es de vital importancia ya que, mediante el juego, crecen física, espiritual e intelectualmente. Con el juego, ponen en marcha los mecanismos de su imaginación y expresan su manera de ver el mundo”, dice.

¿Cómo encontrar el balance? Según ella, hay que evitar que los niños en edad escolar –y especialmente los de edad preescolar– pasen más de dos horas al día frente al televisor o usando videojuegos. La idea es incentivarlos a jugar diferente, practicando deportes o utilizando juguetes didácticos. Hay que mostrarles juegos que desafíen la mente (como juegos de mesa) o pongan a prueba las habilidades motoras y sociales (“quedó”, escondido, saltar cuerda).

También pueden encontrar modos de divertirse mientras se les enseña a ordenar el cuarto o a ayudar en tareas del hogar.

Muchos juguetes modernos son tan completos y acabados que limitan la imaginación. En cambio, son ideales los juguetes multipropósito, como la arcilla, los bloques y las pinturas, pues despiertan la creatividad.

Calderón insiste en que los papás deben abrir espacios en sus agendas para jugar con sus hijos. Está demostrado que esos momentos de calidad fortalecen los lazos familiares.

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