Tinta Fresca

Adán y Adán

¿Abandonaré a mi marido y me enamoraré de la vecina?

ANA ISTARÚ

| revistadominical@nacion.com

Publicado el 10 de febrero del 2013

Hemos leído en días pasados, con sorpresa, que quienes se oponen a reconocer legalmente las uniones gais invocan al hecho “histórico” de que Adán y Eva eran heterosexuales, al tiempo que consideran su posición no religiosa (!) sino cívica.

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Me permito señalar que históricamente no se ha demostrado aún la existencia de ningún primer hombre llamado Adán y de apellido ignoto, ni de la unión de convivencia que conformó, a falta de oficiante, con Eva alguna, ni de la procreación incestuosa en la que hubieran incurrido sus hijos, ni de la serpiente que, contraviniendo las leyes de protección a la vida silvestre, les hubiera servido de mascota. Esto, quizás, porque Adán y Eva no sean más que una metáfora.

(Y si todo lo que se cita de la Biblia quedara por ello legitimado, cómo olvidar al rey David, que de tan buena fama gozara en el Antiguo Testamento, del cual muy explícitamente se indica que su amor por Jonatán fue para él “más maravilloso que el amor de las mujeres”.)

En todo caso, según entiendo, no están solicitando los homosexuales casarse por la Iglesia. Queda la Iglesia por lo tanto en toda libertad de decidir si solo permite el matrimonio a sus creyentes no gais ni divorciados, si solo permite vida sexual a los casados, ojalá solo con fines reproductivos, sin anticonceptivos y en posición de misionero. Pero sugiero permitan a los laicos, en un Estado laico, resolver el reclamo de los laicos.

Por otra parte, ¿qué amenaza representa el amor de dos hombres, o de dos mujeres, al matrimonio tradicional? ¿Reconsideraremos los heterosexuales, por culpa del reconocimiento de la pareja gay y de sus derechos, nuestras inclinaciones? ¿Abandonaré a mi marido y me enamoraré de la vecina? ¿Empezará un porcentaje de la población a “hacerse” gay, al percatarse los niños de que la homosexualidad existe? ¿O existe ya, y desde tiempos inmemoriales, esa población, y además bien lo saben nuestros niños?

¿Y si ellos lo fueran, nuestros hijos, qué deberíamos hacer, sino lo que haría cualquier padre amoroso: esperar que nos traigan a casa, si se emparejan, un buen yerno o una buena nuera?

La pareja homosexual no es amenaza para nadie. La comunidad gay tan solo busca, no tolerancia: respeto. La homofobia, en cambio, mata gente, destroza hogares, destruye vidas.

El miedo a lo diferente es el pilar sobre el que se erigen los odios, la discriminación, el racismo, los fanatismos; es la pólvora que desencadena las guerras. Derrotemos nuestros miedos. No hay razón alguna para temerle al amor.

Sobre el autor

Ana Istarú revistadominical@nacion.com

Ana Istarú, escritora y actriz. No conforme con el teatro y la poesía, se aventuró a escribir sus opiniones. Persiste en la candidez de considerar que las palabras transforman el mundo. El que más desea cambiar es el de las mujeres.

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comentarios

Grettel Mena Rivas

09:42 15/2/2013

Elegante y sabiamente dicho!

Ramiro Suarez Nieves

13:01 13/2/2013

Sobre el comentario del estudio del doctor Mark Regnerus hay que aclarar que ha recibido quejas y hasta una denuncia por mal uso de estadísticas y conducir mal la investigación.

Si yo hago un estudio sobre parejas hetero que no pasan tiempo en la casa también puedo sacar porcentajes de ese calibre. Todo depende de las muestras.

Un estudio no es pro o contra, simplemente mide y muestra, esto no es un estudio. Ademas la homosexualidad / bisexualidad esta presente en el reino animal también.

Maricruz Tasies Riba

09:45 11/2/2013

Existen estudios comparativos como el del sociólogo de la Universidad de Texas, Mark Regnerus en el cual señala que "Entre los datos presentados (sobre los niños criados por estas parejas) el 12% piensa en el suicidio, son más propensos a la traición (40%), a menudo son desempleados (28%), recurren con mayor facilidad a la psicoterapia (19%) y requieren mayor asistencia social. El 40 % contrajo una enfermedad de transmisión sexual; son más pobres, más propensos al tabaquismo y la criminalidad"

Christian Campos Molina

22:21 10/2/2013

Lo veo más como tolerancia al respeto de sus derechos humanos, y no tanto en el sentido de “igualdad“, siento que se deben crear mecanismos personalizados a estos grupos minoritarios que aseguren sus derechos. Su preferencia sexual los limita a procrear o concebir hijos, por lo tanto no pueden verse iguales ante la sociedad, son otro sujeto de derecho, pero si deben ser tratados por igual en cuanto a los derechos legales, civiles y humanos. Pero no deberían tener derecho a adoptar un niñ@

GEOVANNY DELGADO CASTRO

18:55 10/2/2013

Fenomenal el articulo de Ana Istaru un enfoque sencillo de la realidad y que nos llama a poner lo pies sobre la tierra y aceptar que todos meresemos los mismo derechos