Los costarricenses más destacados durante el 2012 en las artes visuales, la música, la danza, el teatro, la literatura, la historia y el periodismo, así como ciudadanos que arriesgaron sus vidas por salvar a otros, vieron coronados sus esfuerzos al ser distinguidos con los Premios Nacionales.
El ministro de Cultura, Manuel Obregón, y la directora de Cultura, Irene Morales, anunciaron ayer los 34 nombres de las personas y agrupaciones que agregarán a su hoja de vida uno de estos galardones que otorga el Estado costarricense cada año.
Para el 2012, ninguna de las categorías resultó desierta y en algunos casos se premió a más de una persona. “Los Premios Nacionales se han consolidado en nuestra sociedad como un elemento integrador, en el que sobresale el trabajo muchas veces escondido de jóvenes creadores de todo el país. Me parece que fueron muy acertadas las escogencias”, declaró Obregón.
Apertura. Al analizar las actas de los jurados y las obras ganadoras, se percibe un interés por impulsar ideas que se salen del “canasto” tradicional.
Por ejemplo, el jurado del Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en Artes Visuales adoptó la expresión “artes visuales integradas”, que engloba instalación, pintura, dibujo, escultura y videoarte, para galardonar la exposición Trayecto 1974-2011, del artista Otto Apuy, que se exhibió en el Museo de Arte Costarricense.
A Apuy no se le premió por una disciplina en particular, sino por el conjunto artístico, según consta en el fallo: “Tanto temática como conceptualmente, la muestra integró técnicas de artes visuales fusionándolas dentro de un pluralismo temático y técnico”.
Otro de los galardones que llamó la atención por alejarse de lo convencional fue el Premio Aquileo J. Echeverría en Novela, en cual se otorgó a la obra Soy el Enano de la mano larga-larga (novela alter- ego-maníaca) del filósofo Jorge Jiménez. Según escribió el filósofo Camilo Retana en la contraportada del libro, esta obra “nos conduce por las disquisiciones alter-ego-maníacas de un personaje que abreva en la Alicia de Carroll, el tal Lucas de Cortázar y el mundo psicodélico de los Beatles, pero con una buena dosis de toque personal de parte de su autor”.
A criterio del jurado, la de Jiménez es una novela “lúdica e inteligente que mezcla de manera efectiva diferentes registros discursivos a partir de un desdoblamiento narrativo que excede las convenciones de lo que representa la erudición y la cultura de masas con un lenguaje rico en imágenes e intertextos”. Otro hecho que destaca en esta edición de los Premios Nacionales es que por primera vez se otorga el galardón a mejor intérprete instrumental a varios músicos, pero por sus ejecuciones por separado: Mauricio Páez (fagot), María Lourdes Lobo (violín), Jorge Rodríguez (oboe), Álvaro González (cello), Guido Calvo (violín), Manuel Matarrita (piano). Ellos nunca coincidieron como grupo en un espectáculo. Según el acta, el jurado justificó su decisión en tres criterios principales: interpretación musical, trayectoria del intérprete y proyección cultural.
Consultado sobre el proyecto de ley que pretende una significativa reforma al programa de Premios Nacionales y que hace dos años levantó un polvorín, el ministro declaró: “Actualmente, no está en la corriente legislativa, pero se mantiene un proceso abierto de consulta con todos los sectores involucrados”.