Arrasó con el rating en Colombia y luego hizo lo mismo entre la comunidad hispanoparlante de Estados Unidos, cuando se transmitió por Telemundo.
Repretel es quien lanzará la apuesta en el país cuando estrene Pablo Escobar, el patrón del mal, a partir de este lunes 4 de febrero, a las 9 p.m.
De acuerdo con el canal nacional y otras informaciones internacionales, esta serie, grabada en alta definición con óptica de cine, es la más ambiciosa que se ha producido en Colombia.
Antes de entrar en materia sobre la producción, actores, anécdotas y demás, conviene citar la sinopsis enviada por canal 6 pues, a estas alturas, hay varias generaciones que desconocen o conocen la historia de Escobar muy por encima.
“Basada en un completísimo documento periodístico y en los testimonios de personas que de alguna manera tuvieron que ver con este capo, esta serie retrata la vida de Pablo Escobar desde sus orígenes como hijo de la profesora de un pueblo cercano a Medellín, pasando por sus inicios como delincuente que robaba lápidas y se dedicaba al contrabando y quien, finalmente, encontró en el narcotráfico el camino para convertirse en uno de los hombres más ricos y temidos del mundo”, explica el comunicado.
Producida por la cadena colombiana Caracol, la serie intenta recrear la compleja vida del capo más poderoso en la historia de Latinoamérica, pues los creadores aseguran que, si bien se ha hablado mucho de Escobar, nunca se había llegado a profundizar tanto en su manera de operar.
“Hemos visto lo que hizo, pero no cómo lo hizo: no hemos visto cómo fue que se involucró en su primer cargamento, la intimidad de su vida delincuencial, la relación con los socios, con su mamá y lo soberbio de su personalidad; como burló fronteras e inventó rutas, y como formó el Cartel de Medellín, son tan solo parte de lo que relata esta serie”, aseguran los apuntes de producción.
Lo cierto es que la apuesta de Caracol para llevar a la pantalla chica la historia de un hombre tenebrosamente emblemático en la historia del narcotráfico del mundo entero, ha calado fuerte en el público de todas las edades. Por supuesto, también ha sido eje de polémicas por parte de quienes ven en las llamadas “narconovelas” una total apología del delito.
De la mano del éxito y la polémica han venido los análisis, las reflexiones y la crítica, como una que se citó en un artículo anterior de Teleguía sobre el tema y que resume los argumentos de quienes arquean la ceja ante tantísimo alboroto por la historia de Pablo Escobar.
Así lo ve la prestigiosa revista Semana: “Cuando no han transcurrido más de dos décadas de la muerte del máximo jefe del cartel de Medellín (en 1993), muchas heridas generadas por su barbarie siguen abiertas. Aunque para las nuevas generaciones de colombianos Pablo Emilio Escobar Gaviria sea una figura fantasmal o un ícono para estampar en camisetas, los mayores de 25 años alcanzan a recordar la zozobra de las bombas, el miedo a los atentados y los magnicidios de los mejores colombianos. Por ende, emitir una serie de televisión en horario triple A que cuente la vida del más poderoso y desalmado narcotraficante de la historia del país dispararálas audiencias, y también las polémicas”.
Grandilocuencia
Casi como una irónica analogía con la grandilocuencia del famoso capo, en esta filmación todo fue escandalosamente pomposo. Participaron 1.300 actores, se utilizaron más de 450 locaciones y se contó con un capital aproximado a los $170 mil por capítulo. Se calcula que el monto total de la serie anduvo en unos $10 millones.
Ha sido tal su acogida que ya 40 países de Latinoamérica, Europa y África la compraron, es un éxito en lugares como Panamá y ciertos estados de Estados Unidos, y están ultimando los detalles del doblaje en otros.
La trama arranca ambientada en los años 50, durante la infancia rural de Pablo Emilio, en su natal Medellín, y recorre todos los acontecimientos y aspectos de su personalidad que lo convirtieron en uno de los peores criminales de Colombia, asesino de niños, civiles e importantes personalidades, y que aún así logró granjearse entre los pobres de Medellín y otros lares, una imperecedera fama de Robin Hood tropical.
La justificación de los libretistas para llevar a la pantalla esta historia (basada en el libro La parábola de Pablo, de Alonso Salazar) aparece destacada en el arranque de cada capítulo: “Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”.
La intención de los realizadores, se dice, es recordar al televidente que detrás del personaje de ficción se encuentra una dolorosa realidad aún tangible para miles de víctimas. Pero muchos insisten en que las narconovelas lucran con la tragedia.
A pesar de las consideraciones éticas y morales, la crítica ha sido unánime: la producción es impecable y la trama, arrolladora.
Lo que no se supo de El patrón
A pesar de que la novela terminó en Colombia hace ya varios meses, en ese país la polémica y los análisis sobre las implicaciones de esta reconstrucción histórica siguen ocupando titulares con frecuencia.
Según ha dicho Andrés Parra en varias ocasiones, una de sus grandes satisfacciones ha sido que medios como la revista Semana, de los más serios, consolidados y de sesudo análisis político, se hallan metido de lleno a analizar lo que ha ocurrido con la serie y con el personaje que él ha encarnado de forma impresionante.
Y lo asiste la razón.
Porque a mediados de diciembre esta publicación volvió sobre el tema y relató entretelones poco conocidos.
Por ejemplo, hablaron con Juana Uribe, libretista y hoy vicepresidenta del Canal Caracol, quien contó que los retos técnicos eran inmensos, pues si en la pantalla chica normalmente se requiere un gran trabajo de producción, en el caso de El patrón del mal los desafíos eran aún mayores porque cada dos o tres episodios aparecían personajes nuevos. Eso, sin contar los costosos efectos especiales para recrear las escenas con bombas y disparos.
Pero el meollo del asunto, más allá de los complicados y costosos detalles técnicos, estaba en la forma de contar los hechos sin meter el dedo en la llaga de las familias de las miles de víctimas.
Entonces, se propusieron tratar el tema con sumo tacto y eligieron contar la historia desde el punto de vista de los caídos inocentes o en cumplimiento del deber.
Según cuenta Semana, Juana y su equipo se reunieron con los seres queridos de Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara, Guillermo Cano, Diana Turbay y algunos de los policías y militares que pagaron con sus vidas la persecución del capo.
Aunque nunca buscaron la versión de los malos, las voces de los familiares de estos no se hicieron esperar.
Por ejemplo, las hermanas de Escobar al principio se comunicaron con la producción para decir que la vestimenta de su mamá, Hermilda Gaviria, no se parecía en nada a la que usaba la actriz Vicky Hernández. La producción aceptó la sugerencia en apego a la realidad, e hizo los cambios.
Luego, otra hermana de Pablo interpuso una demanda que finalmente no prosperó, pues según ella la historia dañaba la dignidad y el buen nombre de familiares que no tenían nada qué ver con los delitos del capo.
Las estrategias que usó Andrés Parra para clonarse con Escobar también son poco ortodoxas. El actor le contó a María Celeste Arrarás que pasaba días enteros viendo los videos de Escobar, observando su forma de caminar, sus gestos, y luego pasaba otras muchas horas tratando de imitarlo frente al espejo. También bajó los audios y los grabó en su celular, entonces los escuchaba en todo lugar y a todas horas, para plasmarlo lo más idéntico posible.
Entre las mil y una anécdotas que ha contado Parra sobre esta inaudita aventura actoral, rescatamos una que le contó al diario El Universal, de México, cuando se le preguntó quécreía que habría dicho El Patrón si hubiera visto la serie.
“Conociendo el temperamento de Escobar, me estaría haciendo ir a su finca todos los fines de semana, disfrazado, a actuarle. Y a tenerme en la mesa sentado comiendo. Diría que soy su doble. Eso sería lo divertido, pero si se le saliera lo demente, sería capaz de cogerme de comodín de él. Diría: ‘Yo necesito distraer a la policía, va usted de carnada’. Acabaría yo en el techo muerto y él vivo, una vaina así (risas)”.