¿Qué tal esta idea?: El teléfono celular cambió el juego para toda una tradición de relatos. Una buena historia muchas veces arranca con un enredo que es hijo de la falta de comunicación. Sin embargo, ¿qué pasa con las historias contemporáneas en una época en la que siempre estamos accesibles? ¿Mataron el chat, el Facebook, el Twitter una forma de poner en marcha una historia?
Por siglos, muchas comedias y tragedias se han aprovechado de los cortos circuitos de la comunicación. Romeo y Julieta habría terminado en comedia si los novios adolescentes se hubieran enviado un mensaje SMS (“Mi amor, voy a tomarme un jarabe para parecer muerta. Usted, trankilo. Cómo se va a frikiar mi tata!!! LOL XD”). Que una muchacha de Verona en el siglo XVI lleve un celular es un anacronismo grosero; pero también lo es que una muchacha del primer mundo no lo lleve en la actualidad.
En A Roma con amor, Woody Allen tiene que hacer que una chavala pierda el teléfono en una alcantarilla para poder contar una de las historias de la película: ella y su novio tienen que estar incomunicados para que ambos se aloquen por una tarde. En Sex and the City, Carry Bradshow queda plantada en el altar porque la hija de una amiga le escondió el celular.
Uno casi puede imaginar al escritor diciendo: “Suave un toque, olvidémonos de este aparato y finjamos que estamos en 1995, ¿Ok?” Claro que en la vida cotidiana uno se queda sin señal, o se le descarga la batería. Este es un accidente verosímil. Sin embargo, cuando el cine y la televisión lo usa como el comodín perfecto, uno no puede dejar de pensar que los guionistas han fallado en llevar los libretos a la vida moderna.
¿Debemos permitir que un buen relato se arruine por algo tan pueril como un teléfono celular? No lo sé, solo digo que se corre el riesgo de que el espectador note el parche.
Afortunadamente, la tecnología de hoy también ha traído nuevas formas de enredar la comunicación sin necesidad de obviarla olímpicamente.
Por ejemplo, en How I Met Your Mother, los guionistas arman un episodio sobre el sexting (intercambio de mensajes eróticos por medio del SMS). Las risas arrancan cuando el protagonista se entera de que ha estado calentando el teléfono de uno de sus amigos y no el de la chica que quiere ligar.
Una serie de acción como 24 sería imposible sin el duro de Jack Bauer perpetuamente conectado a su equipo en la base. El intercambio accidental de aparatos telefónicos de George Clooney y Michele Pfeiffer en One Fine Day pone en marcha el romance.
El lector sabrá perdonar una autorreferencia. Alguna vez quise escribir cuentos, pero solo logré hacer uno. Tuve el pésimo hábito de escribirlo y cambiarlo cada vez que lo releí. Lo redacté antes de que todos tuviéramos celular, y lo leí por última vez cuando ya existía Facebook. La historia trata de dos desconocidos que esperan a sus respectivas citas en esquinas opuestas. En un punto del relato, ambos descubren que han sido plantados, pero ninguno de los dos quiere ser el primero en admitirlo frente al otro. Yo quería hacer una historia sobre la ilusión, el orgullo y la derrota compartida. Para cuando terminé de remendarla, bien entrado el siglo XXI, cualquiera de los personajes simplemente pudo tomar su teléfono y fingir una llamada de la mujer que esperaba, y alejarse. El derrotado fue escritor.
Moraleja: las historias también caducan, el juego ha cambiado.