El rojo de las rosas del jardín contrasta con el muro gris que protege, con alambre de navaja, una humilde casa de madera.
Ahí vive doña Silvia Ramírez, quien llegó hace 20 años a San Vicente de La Carpio. Al cruzar el portón, ladra y brinca con malas pulgas El Negro, fiel compañero de esta señora de 71 años que celebra, desde el viernes pasado, el título de propiedad del terreno en el que ha tejido retazos de su historia.
Llegó sin maletas a ese lote –sin agua ni luz–, acompañada de su esposo, Luis, y con el deseo de que algún día el terreno por el que pagaron ¢10.000, fuera suyo.
“Muy tempranito salía con mi esposo a lavar al río Virilla. Ahí teníamos que bañarnos, bañar al perro y, para cocinar, usábamos leña, y, cuando se hacía de noche, tocaba candela”, recuerda doña Silvia, entre canas y arrugas.
Durante varios años los llamaron “precaristas” y “viera usted qué feo que se siente eso, porque aquí habemos mucha gente honrada, que busca ganarse sus cositas a punta de trabajo”, narra esta costarricense que sabe lo duro que es llevar el arroz y los frijoles a la mesa.
Ilusión. En el 2002 se asomó el cambio cuando el terreno pasó de las manos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) al Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS).
A partir de ese año, se despertó una ilusión que abrió un largo trayecto de promesas, dudas y papeles, pero que llegó a concretarse en planos hasta en agosto del 2011.
“Ya en ese año, a nosotros nos dijeron que el plano nos iba a costar ¢125.000 y, con el trabajo de mi marido y con unos ahorritos que teníamos, pudimos pagarlo”, cuenta doña Silvia.
Con las manos sudorosas y el pulso tembloroso, ella firmó, el viernes pasado, las escrituras que certifican que ella y su marido son los propietarios del terreno.
“Estoy tan bien de salud, que ni voy al Ebais, más ahora que no quepo de lo feliz que estoy”.
Para doña Silvia y su esposo, el título de propiedad es un nuevo comienzo para luchar y hacer reparaciones en su vivienda.
“Nunca habíamos tenido nada en la vida; ahora imagínese: podemos concursar por un bono, no sé muy bien qué es eso, pero quiero hacerle arreglos a la casita; bendito Dios”, y después sonrió.