Liberia y Santa Cruz. “Este es el deporte más tonto que hay. Uno no sabe por qué está en esto. Arriesga la vida por muy poca plata e incluso muchas veces hasta de gratis”.
Jackson Ruiz, quien comenzó a montar toros a los 15 años en su natal Cañas Dulces de Liberia, es consciente del peligro que lo acecha cada vez que va al redondel.
Ruiz, ahora de 33 años, cuenta que su fiebre por esa actividad lo ha llevado a subirse en bestias tan bravas como el temido Malacrianza, al cual enfrentó hace dos años.
Sin embargo, la muerte de algunos colegas y las serias lesiones sufridas por otros lo han llevado a él y a otros montadores guanacastecos a buscar mayor protección.
De acuerdo con una revisión de publicaciones hecha por La Nación, entre el 2002 y el 2012 fallecieron al menos 17 montadores en distintas partes del país.
Frente a esta amenaza, en los últimos años han surgido grupos organizados de montadores en Guanacaste que contratan pólizas de seguros en forma directa.
Sus nombres están impregnados del folclor guanacasteco: Los Cachorros de Las Juntas de Abangares, Los Potros de Nicoya, Los Bajureños de Santa Cruz y Los Monstrencos de Liberia.
Este último grupo fue formado, precisamente, por Jackson Ruiz y otros 13 montadores para cuidar sus intereses y los de sus familias.
A ellos se les suma la Selección de Aguas Claras de Upala, que aunque proviene de la provincia de Alajuela, participa con frecuencia en las montas de la pampa.
Mayor protección. La estación seca está entrando en su etapa más fuerte, y con ello, las concurridas montas de toros se intensifican en Guanacaste, al igual que el riesgo para sus protagonistas.
Debido a esto, las nuevas organizaciones de montadores ya están tomando previsiones.
Jackson Ruiz, de los Monstrencos, firma contratos con cada miembro del grupo y les paga una póliza que cubre gastos médicos, incapacidades y muerte. Hasta ahora, solo ha activado un pago por un problema de rodilla.
Nuria Quirós, directora ejecutiva del Instituto Nacional de Seguros (INS), en Liberia, explicó que estos grupos figuran como patronos, por lo que deben pagar una póliza de riesgos del trabajo.
Wálter Rodríguez, de los Bajureños, explicó que para adquirir esta protección tuvieron que obtener una cédula jurídica. “Aunque nos toca pagar más, el respaldo es mayor”, sostuvo.
Comentó que a los montadores independientes solo los cubre la póliza básica que pagan los organizadores de los festejos.
“Recuerdo el caso Guillermo Cisneros, quien murió en una monta en San José de la Montaña, Santa Cruz. La póliza solo cubrió traslado y medicamentos. Los familiares no recibieron indemnización”, relató.
Otra desventaja que tienen los montadores independientes es que ganan muy poco y, por eso, no les alcanza para un seguro directo.
El liberiano Gustavo Acevedo corroboró que reciben unos ¢30.000 por monta cuando van con grupos, y entre ¢10.000 y ¢15.000 cuando van por su cuenta.
Otras ventajas.Además de las pólizas, los grupos de montadores ofrecen otras ventajas a sus miembros.
Marvin Mora, técnico de emergencias médicas de la Cruz Roja de Nicoya, sostuvo que estas iniciativas permiten que sus integrantes “se profesionalicen más”.
Mora destacó, por ejemplo, que se ha podido hacer conciencia en Nicoya sobre la importancia de usar los dispositivos de seguridad.
“Esto vino a reducir mucho los riesgos de que sufran golpes, fracturas y hasta la muerte”, agregó.
Por su parte, Álvaro Zamora, comentarista taurino, destacó que los grupos también cuidan detalles que van desde la vestimenta hasta el comportamiento de sus miembros para evitar tragedias.
Cubiertos. Los encargados de dos de los principales festejos guanacastecos sostienen que se tomaron medidas para proteger a las personas que estarán en el redondel.
Carlos Salazar, presidente de la Comisión de Fiestas Cívicas de Liberia 2013, que se efectuarán del 20 de febrero al 3 de marzo, añadió que los montadores y los toreros improvisados tendrán una póliza.
Por su parte, Carlos Chavarría, de la subcomisión de toros de las recién concluidas Fiestas Típicas Nacionales Santa Cruz, confirmó que cada montador tuvo un seguro.
“También se le indicó que tenían a disposición los cascos y chalecos, pero los montadores no los usaron”, manifestó.