Transitar por tablones podridos, falseados y algunos totalmente desprendidos, era un atentado contra la seguridad. Las bases de concreto exhibían enormes grietas y las vigas de acero estaban casi desintegradas por herrumbre.
Para las autoridades municipales y para algunos vecinos de las comunidades al sur del Liberia, el Puente Real era un cadáver al que había que darle sepultura.
En otro bando estaba la Asociación para la Cultura de Liberia, otro grupo de vecinos y el Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura, convencidos de que el puente podía rescatarse.
En marzo del 2011 un estudio avalado por el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA) señalaba que la rehabilitación del puente era técnicamente viable.
El estudio –realizado por la empresa Ingenieros, Consultores y Constructores, S. A.– analizó la vulnerabilidad sísmica, y la capacidad estructural del puente planteó una propuesta de intervención.
Después de la declaratoria patrimonial, el Centro de Patrimonio lanzó a concurso público la restauración del puente, y la licitación le fue adjudicada a la empresa Miguel Cruz y Asociados.
Según explicó el ingeniero Julián Trejos, de esa empresa, el proceso de restauración contempló la conservación de los elementos arquitectónicos originales y el reforzamiento estructural.
“Los daños que presentaba este puente son muestra de que nunca se le dio mantenimiento. Estaba excesivamente herrumbrado y en algunas zonas esta herrumbre había carcomido el acero. Es una estructura que fue ensamblada con la técnica de remache, la cual está en desuso en la actualidad. Como no admite una soldadura tradicional, utilizamos pernos para unir las piezas de metal”, explicó Trejos.
Los bastiones de concreto se reforzaron con una malla metálica interna, y las cinco vigas transversales se sustituyeron en su totalidad, pues estaban muy oxidadas. El ingeniero agregó que a algunas vigas se les colocaron angulares, piezas de acero en forma de “L”, para darles mayor soporte.
Según explicó el arquitecto Gustavo Morera, del Centro de Patrimonio, los tablones de la superficie de rodamiento –por donde transitan los vehículos– se cambiaron completamente, pues estaban seriamente dañados. Se usó madera de almendro. El puente puede soportar ahora una carga de diez toneladas.
“Pueden pasar sin problema autos livianos, busetas, camiones pequeños y ambulancias”, dijo.