Fotografías: Embajada de Estados Unidos en Costa Rica y Juan Rosales / Textos: Rodrigo Calvo C.
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Publicado el 27 de enero del 2013
En una época en la que la aviación era aún un asunto de pioneros, con grandes dosis de riesgo y aventura, un indomable piloto de exhibición y del correo aéreo, Charles Augustus Lindbergh, saltó a la fama mundial en mayo de 1927, al ser el primer hombre en realizar un vuelo –en solitario y sin escalas– a través del océano Atlántico, entre Nueva York (EE. UU.) y París (Francia). La difícil misión la completó entre el 20 y el 21 de mayo, en 33 horas y 29 minutos, en un avión de un solo motor, su querido Espíritu de San Luis. Ocho meses después de la gesta, el glorioso estadounidense se desplazó a Centroamérica en la misma aeronave, contratado por Panamerican World Airways para trazar las rutas aéreas a la región. La imagen es en Costa Rica, al llegar al improvisado aeropuerto de La Sabana. Eran las 2:18 p. m., del 7 de enero de 1928.

Lindbergh (primero, de izq. a der.) visitó al entonces presidente de la República, Ricardo Jiménez Oreamuno (segundo), junto al ministro de Estados Unidos en Costa Rica, Roy T. Davis (cuarto), y ante una delegación de la Casa Presidencial. “Estoy muy contento y orgulloso de conocerlo, coronel Lindbergh. Está usted en su casa”, le expresó Jiménez, en inglés, al reafirmar el saludo del país.

En La Sabana, Lindy colocó la bandera de Costa Rica en su pájaro metálico, el airoso Espíritu de San Luis. “Escogí la ruta de las altas montañas. Volé sobre el volcán Poás. En San Carlos, encontré un poco de lluvia. Pero ha sido un viaje feliz y tranquilo. Me ha gustado Costa Rica... es hermosa”, dijo a los reporteros

San José vivía al ritmo de los tranvías, trenes y coches a caballo, cuando el piloto arribó al país. Lo recibieron 30.000 ciudadanos de la capital y las provincias aledañas, que llegaron en trenes expre- sos, repletos de pasajeros de Limón y Puntarenas, y en buses de Cartago, Heredia y Alajuela. Todos los habilitó el Gobierno en forma gratuita. Aquí, la caravana organizada en el parque Morazán.

Lindbergh (el más alto, fila de abajo) aparece en la Casa Amarilla, la sede de la Cancillería costarricense en San José, con delegados del cuerpo diplomático acreditado aquí. Igual asistió a un suntuoso baile en el Teatro Nacional, con explosión delirante de entusiasmo, al reunir a la crema y nata de la sociedad tica, en una velada sabatina. La cita tuvo detalles de novela rosa, pues era un soltero codiciado y sus allegados lo querían casar a toda costa. El ilustre visitante salió del país a las 8:44 a. m., del 9 de enero de 1928, tras 42 horas y 22 minutos en Costa Rica.

Lindbergh (centro de la mesa) almorzó con miembros del Club Rotario de San José. El aviador fue objeto de varias recepciones, homenajes, agasajos, obsequios diversos, tés danzantes y banquetes, con delegaciones de obreros, artesanos, masones y miembros de los clubes sociales privados josefinos.

La vieja fotografía recoge la emocionante corrida de toros a la tica que le dedicaron al héroe de la aviación estadounidense, Charles Lindbergh (fuera de foco). Se realizó el 8 de enero de 1928, en la plaza González Víquez, de San José. Este torero improvisado que aparece en el suelo fue sorprendido por la bestia y quedó semidesnudo, ante las risas y miradas atónitas de los aficionados.

La prensa recibió a Lindy a su llegada al primitivo campo de aterrizaje en La Sabana, la tarde del 7 de enero de 1928. Aquella vez, periodistas y fotógrafos recogieron sus crónicas para La Tribuna y el Diario de Costa Rica, encima de un camión de carga que lucía el letrero “Bienvenido sea Lindbergh”.

Soleada mañana en el Estadio Nacional, el domingo 8 de enero de 1928, con motivo del juego entre La Libertad y el Alianza Lima de Perú, por la Copa Colonia Peruana, en honor del “as de los ases de la aviación”. Lindbergh hizo una reverencia a las banderas de los países involucrados, pero rehusó la invitación de los capitanes para que realizara el saque de honor, en el centro del campo. Del marcador –2-0 a favor de los incas– ni se enteró, porque solo estuvo 20 minutos en el palco oficial viendo una contienda de la que entendía poco.

El corpulento piloto estadounidense detiene su paso y se toma esta fotografía para la posteridad, previo a un almuerzo en el Club Unión de San José con caballeros de la alta sociedad costarricense, elegantemente vestidos. Sus trayectos por la capital los hizo en un lujoso convertible y se hospedó en la Legación de Estados Unidos, localizada en Cuesta de Moras, en lo que hoy es el Castillo Azul.
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