El étimo u origen del nombre de ese maravilloso invento que Graham Bell donó a la civilización, es el siguiente: de tele (lejos) más phonos (sonido) surgió teléfono, junto con su numerosa familia de compuestos y derivados: telefonía, telefonema, telefónico, telefonista, telefonazo, radioteléfono, etc. Casi simultáneamente con el fenómeno telefónico surgió en nuestro idioma el problema de la variedad de expresiones (dependiendo de lugares y costumbres) utilizadas para iniciar la respuesta a una llamada.
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