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Cristo: la gran novedad

Cristo: la gran novedad

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12:00 a.m. 20/01/2013

Estamos en nuestra ruta del tiempo ordinario y llegamos a este domingo segundo, todo en el marco peculiar de un momento del año litúrgico que contempla la totalidad del misterio de Cristo.

Se nos pone ante un signo realizado por el Señor: el primero en el que sus discípulos reconocen la gloria de Dios en él.

Todo cuanto narra Juan pasa en una aldea llamada Caná y que es nombrada por Josefo y otros autores antiguos. Perfectamente puede tratarse de la actual Khirbet Qana que hoy se encuentra toda ella en ruinas (como explica B. Vawter).

Pikaza mira en Caná una referencia, dadas las características del milagro-epifanía que allí se dará, a Jerusalén misma.

Muy en la línea tan teológica en que Juan trata la figura de María (al usar la expresión “mujer” antes de otra como “madre” cuando Jesús se dirige a ella), la hace presente en la aldea y en la actividad a la que es invitado el Maestro y los suyos.

Ante el hecho de que falte vino (algo trágico en el marco de una fiesta de bodas judías que dura muchos días y en la que se exige mucho a las familias, sobre todo, del novio) la Madre de Jesús procede haciendo una observación que, como es notorio, cuenta con lo que Jesús puede hacer para remediar la situación. El proceder de María con autoridad hace pensar que las bodas eran de un pariente cercano de la Madre del Señor.

Ante la petición de María, Jesús hace ver que la “hora” aún no llega”. Sin embargo, cabe que en este primer signo esa hora se prefigure como, de hecho, va a ocurrir.

El Señor hace ver que lo que está ocurriendo a los comensales de la fiesta no tiene que ver con él. Muestra inicialmente una indiferencia que más tarde va a ceder.

Se hace conforme a lo que Jesús pide. Se impone el querer de Dios sobre el de Jesús mismo, como explica Ph. Perkins.

Para el signo se usa el agua que se utiliza en las purificaciones antes de comer (tinajas llenas) y, al final, la excelencia del vino es atestiguada por el mayordomo, quien, sin conocer su procedencia, no actúa condicionado de modo alguno.

Las características del milagro hacen que los discípulos confíen más en Jesús pues, lo hecho hasta ahora, supera en mucho lo que Juan les invitaba a esperar de él.

Pbro. Mauricio Víquez Lizano.

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