Efectivamente, lo mismo: responder a quienes lo objetan sin ir al contenido de lo objetado. Así ha venido procediendo don L. D. Cascante. Un ejemplo: su réplica (Foro 14/01/13) a mi artículo de diciembre recién pasado sobre el método teológico.
En noviembre último, Cascante escribió acerca del método teológico católico haciendo una serie de consideraciones sobre el modo de proceder de los teólogos modernos. Al intentar aclararle, hice una revisión histórica del desarrollo del método y, como es claro en lo que escribí, hago ver que el método del siglo XIX no es sino el de ese momento. Antes y luego se ha trabajado de manera diversa en teología, esto es, en esa disciplina que mira Cascante con harto desdén.
Limitado arsenal. Acerca de lo que yo tuve ocasión de escribir, el autor de “El método del padre Víquez” (de paso, no supe nunca cuál era “mi” método), solamente hace referencia, si acaso, en los dos primero párrafos. Luego vuelve sobre los temas que una y otra vez diversos articulistas le han contestado (Munguía, Mora, Vargas e incluso yo mismo) sin lograr calar ni mínimamente en cuanto don Luis Diego defiende desde su limitado arsenal.
Que la reflexión teológica actual no haga caso de la filología neotestamentaria ni a la investigación crítica, denota una gran falta de conocimiento del pensum que poseen las facultades teológicas hoy día y de los resultados últimos de las investigaciones que aparecen en cientos de revistas bíblico-teológicas que se publican mes a mes. Por otra parte hacer ver que la obediencia es ciega, al menos dentro de la vida académica, eso es impreciso (hay también obediencias creativas, aunque dudo que el autor de marras capte el sentido de esta expresión).
Sobre la diferencia o no entre el “Jesús histórico” y el “Cristo de la fe” ya se ha dicho demasiado aunque don Luis siga insistiendo en un tema desde su ya muy conocido e insuficiente argumento jesuológico.
Asuntos cansinos. Que insista en ver la teología haciendo su labor como ubicada siempre en el siglo XIX ya ha sido comentado (mi articulo de diciembre hacia ver que se trata de un momento en el desarrollo de la teología y no “el” método teológico y menos el que hoy día se sigue luego del Concilio). Por otra parte, que Cascante juzgue que algunos de los mas grandes teólogos y exégetas del siglo XX “juegan” a hacer trabajo académico riguroso (al menos no tanto como el que él parece realizar) y que insista en la idea de la alianza teología-ideología-control ya resultan asuntos cansinos sobre los que no vale la pena redundar.
Lo único nuevo que parece decir el autor del articulo sobre “mi” método es en relación con la doctrina social de la Iglesia (DSI). Dicho todo ello en el normal tono agrio de don Luis al abordar los temas a que ser refiere ahora con tanto celo.
Añejas e imprecisas. Llama a la DSI “retórica miscelánea”. Ya con solo eso, pues no hay mucho que agregar. Menos aún con el resto de lo que afirma Cascante: da a entender que no tiene ni una idea clara alguna acerca de la naturaleza de esa parte de la teología moral social que es la doctrina social católica.
¿Ideas nuevas las del don Luis? ¿Revolucionarias? No, nada de eso, a pesar de lo que él mismo afirma acerca de su reflexión. Son añejas e imprecisas. Bastante propias de nuestro ocre contexto intelectual costarricense.