Al calor de las últimas tragedias ocurridas en los Estados Unidos, el presidente Barack Obama reunió el coraje político necesario para impulsar reformas a las laxas regulaciones aplicadas a la venta y tenencia de armas. El debate será intenso, dada la fortaleza de los grupos organizados en defensa del derecho a poseerlas según la segunda enmienda a la Constitución Política.
El sentido del texto constitucional es debatible, pero las cortes lo han interpretado a satisfacción de los defensores del armamentismo. La opinión de la sociedad está dividida, como en otros temas de política social, y el problema es de difícil tratamiento aun para los congresistas demócratas representantes de las regiones donde la cultura del armamento está más enraizada.
Estados Unidos es una de las naciones más liberales en la materia. Como resultado, la propiedad de armas es un fenómeno extendido. Pocos países tienen una población tan bien armada. Los excesos se advierten en el carácter relativamente modesto de las propuestas del mandatario. No son muchas las naciones donde es necesario reformar la ley para prohibir el libre comercio de rifles de asalto, en algunos casos obtenibles por Internet.
Las demás medidas anunciadas por Obama tienden a fortalecer la seguridad y no a limitar la posesión. El acento está puesto en impedir, hasta donde sea posible, el uso del armamento para causar daños mayores. Aun así hay debate. Los defensores del derecho a portar armas se han opuesto, tradicionalmente, a las pretensiones gubernamentales de mejorar los registros y recabar datos de los propietarios.
En buena parte del mundo, las reformas anunciadas en Washington causan sorpresa, no por sus alcances, sino por la renuencia a adoptarlas hasta ahora. Son medidas lógicas, aceptadas como normales y más bien tímidas.
En Costa Rica, la legislación es menos liberal, pero el Gobierno anuncia una ofensiva contra la posesión de armas. Habrá una campaña contra su ingreso al hogar, y la presidenta Laura Chinchilla se comprometió a enviar nuevas regulaciones para estudio de la Asamblea Legislativa.
La feliz iniciativa no encara los obstáculos políticos, legales y culturales existentes en EUA, y podría ser más ambiciosa. Hay sectores opuestos a las limitaciones, pero las recientes reformas a la ley sobre la cacería muestran que pueden ser vencidos en el juego democrático.
Estados Unidos, una nación admirable en muchos aspectos, no merece ser imitada en este caso particular. La aspiración debe ser movernos en la dirección contraria para situarnos tan lejos como sea posible de la violencia, las tragedias domésticas, los accidentes y la criminalidad.