EDITORIAL

La violencia contra la mujer

En muchos países, la mujer es tratada como un elemento más del patrimonio, cuyo destino no conoce más árbitro que el jefe de familia

La universalidad de las agresiones exige un esfuerzo en cada país para reducir las condiciones sociales y legales que las alientan

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12:00 a.m. 13/01/2013

Las agresiones constantemente sufridas por las mujeres en todo el mundo son una vieja y triste historia que no parece amainar ni detenerse. En las últimas semanas, el hostigamiento contra la población femenina de varias naciones asiáticas nos ha conmovido y de nuevo obliga a tomar conciencia de los extremos de brutalidad que, sin barreras de edad ni circunstancias socioeconómicas, las mujeres enfrentan diariamente alrededor del planeta.

La reciente ola regional de violencia arrancó en diciembre último con la agresión y violación de una joven estudiante en Nueva Deli. En el bus que la trasladaría esa noche al tugurio donde residía con su familia, seis hombres borrachos, incluido el conductor del vehículo, asediaron a la joven, la golpearon brutalmente y la violaron hasta que finalmente la botaron a la vía y ahí la dejaron, inconsciente y bañada en sangre. El tratamiento hospitalario resultó tardío y no pudo detener el fallecimiento de esta inocente víctima del salvajismo que asecha a los desprotegidos de la India.

A los pocos días, en Paquistán, dos hombres armados subieron a un bus y preguntaron por una muchacha que buscaban. Sin más trámite, le dispararon a la cabeza. Era una niña de 14 años que dichosamente logró sobrevivir. Casos similares se reiteran en Afganistán, Yemen y otros países vecinos.

El clima de opinión prevaleciente en la zona lo resumió un medio de comunicación al afirmar que el imperio del silencio secuestró a esa parte del mundo en todo lo referente a la violencia contra las mujeres.

Esta situación, por ejemplo, no es la que podría esperarse de la más grande democracia del mundo, como los hindúes suelen distinguir a su país. No obstante, conforme la realidad se sumerge en remotos villorrios, la mujer es tratada como un elemento más del patrimonio, al igual que los animales domésticos, cuyo destino no conoce más árbitro que el jefe de familia o del clan que tantas veces es la fuente del quebranto.

De esta manera, la vida transcurre opaca para los sectores femeninos de numerosas y populosas naciones, inmunes a las críticas e infieles a los planes redentores con que tantos regímenes pretenden atraer el favor de Occidente.

Es cierto que con frecuencia la mujer desempeña un papel predominante en esas sociedades. Algunas, incluso, ascienden a la jefatura de Estado, muchas son elegidas al Parlamento y otros cargos públicos de alta figuración.

Asimismo, devienen en líderes del ámbito empresarial y su labor en el campo académico es legendaria.

Con todo, en muchos casos el cúmulo de logros pareciera desenvolverse en un plano diferente, que no reconoce los méritos ni las cualidades de las mujeres en general. Tomemos, por ejemplo, dos importantes naciones, India y Paquistán, cada una liderada en su oportunidad por una destacada mujer que, por desgracia, termina asesinada por obra de causas radicales. Indira Gandhi y Benazir Bhuto constituyen ejemplos del divergente mundo que, por una parte, las llevó a la Jefatura de Estado y, por otra, también a la muerte.

No es posible, sin embargo, detenernos en las causas célebres de otras regiones sin mirar también a nuestro entorno. El informe periódico de la ONU “El progreso de las mujeres en el mundo: En busca de la justicia, 2011-2012”, perfila una realidad inescapable para un sinnúmero de países, entre ellos el nuestro.

El monitoreo comprende solo a la población femenina. Es claro que los números correspondientes a Asia y África sobresalen en el conjunto, pero las cifras de América Latina y el Caribe no dejan de ser alarmantes. En este conglomerado, para los años 2000 a 2010, los números correspondientes a Colombia y Costa Rica las pone a la cabeza de la región.

Así, en Colombia, un 33% de la población ha sufrido alguna vez de violencia física y el 12% de violación sexual. En Costa Rica, 33% ha encarado violencia física y 15 % violación sexual. En Nicaragua, 27% enfrentó violencia física y 13% violación sexual y, en El Salvador, 24 % fue víctima de violencia física y 12 % de violación sexual. Desde luego, frente a las cifras que aparecen para Asia y África, sobre todo las referentes a la violencia física, las nuestras son más bajas, pero eso no es consuelo.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud ha señalado que “la violencia de pareja y la violencia sexual son perpetradas mayoritariamente por hombres contra mujeres y niñas. Estudios internacionales revelan que aproximadamente un 20% de las mujeres y 5 a 10 % de los hombres refieren haber sido víctimas de violencia sexual en la infancia”.

Este panorama indica claramente la universalidad de los fenómenos violentos y, por consiguiente, la tarea inescapable que cada país tiene ante sí para reducir las condiciones sociales y legales que alientan cifras tan preocupantes.

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comentarios

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Edgar Manuel chacon Lizano 15:38 13/1/2013

La doble moral del editorialista y demas medios de comunicación a excepción del Eco Católico se promueve luchar contra la violencia de la mujer pero por otro lado más bien la promueven cómo objeto. DEjan de lado la COnvención sobre la eliminación de TODAS las formas de Discriminación contra la mujer (CEDAW).

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Julia Maria Ardon Morera 11:55 13/1/2013

Apenas esta semana ante un hecho tan natural y legítimo como el de la madre que amamanta a un hijo o hija, hemos visto tanta violencia de palabra...hemos visto tanta violencia, maltrato y grosería...tanto que nos falta, tantísimo.

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Mario Cordero Calderon 09:32 13/1/2013

Es que en CR y Colombia reportan más casos o que en los otros países se reporta menos, pues en uno de esos países un gobernante fue acusado de abusar a su hija. El ser humano aun no ha alcanzado el desarrollo total y la parte animal violenta de subjugar aun esta presente, no una justificación sino un dato antropo/neurológico. Cuando se espera tenr un premio de virgnes rubias de ojos azules y voz angelical, cualquier ser luce vunerable. La repetición de un texto endureze el alma y el machismo ceg

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