EDITORIAL

Vigilancia del tránsito

El caos vehicular, especialmente en las grandes concentraciones urbanas, afecta significativamente la calidad de vida

El congestionamiento vial se une a la contaminación sónica y del aire para atentar contra los habitantes de las ciudades

Calificación:          

12:00 a.m. 08/01/2013

Germán Marín, director de la Policía de Tránsito entre el 2006 y el 2010, asume nuevamente el cargo con el propósito de reducir las muertes en carretera. La prioridad de la vida humana es indudable, pero el país debe aspirar a más. La calidad de la vida también es importante, y el caos vehicular, especialmente en las grandes concentraciones urbanas, la afecta significativamente.

Bien llevada, la revisión técnica vehicular es una contribución de enorme importancia, pero el control cesa una vez obtenida la aprobación de Riteve. Las modificaciones ilegales, la devolución de las llantas nuevas al amigo para reponer las gastadas, entre otras trampas y vivezas, se hacen después, con los permisos de circulación en mano.

La instalación de roncadores para darse la ilusión de manejar un auto de la Fórmula Uno o las alteraciones destinadas a convertir la carcacha en bólido, hacen de las vías un concierto de estruendos y dañan la calidad del aire, sobre todo en las zonas de alta densidad poblacional.

La recuperación de las ciudades para uso residencial, un objetivo pregonado en todos los niveles de la administración pública, será difícil mientras no ofrezcan la calidad de vida esperada, y la simple aplicación de la ley de tránsito haría una contribución de valor inestimable.

En cualquier esquina transitada, el observador puede atestiguar, en poco tiempo, atroces violaciones a la ley, más allá del irrespeto a las señales o los límites de velocidad. Con solo escuchar los motores o ver el tubo de escape, el ciudadano común puede identificar, sin esfuerzo, el descarado irrespeto a las normas.

El congestionamiento vial se une a la contaminación sónica y del aire para atentar contra la calidad de vida en las ciudades. Ese tercer factor también está relacionado con la inobservancia de la ley. Nuestras estrechas calles y el crecimiento de la flota vehicular causarán siempre un grado de congestionamiento, pero mucho podría aliviarse si no hubiera vehículos mal estacionados o conductores atrapados bajo los semáforos por la inaceptable costumbre de avanzar unos metros más cuando la luz amarilla invita a detenerse para no cerrar el paso en el cruce de vías.

El país esperó años la aprobación de una ley de tránsito con severidad suficiente para disuadir a los conductores empeñados en preservar las malas prácticas, pero ninguna sanción es eficaz si realmente no se aplica.

El rigor del castigo importa menos que su certeza y en Costa Rica la razonable expectativa de impunidad conspira contra el orden. Un vehículo con roncador es un reto descarado a la autoridad cuya única explicación es la improbabilidad de la sanción.

La aplicación de la ley exige suficiencia de oficiales y equipos de medición. El nuevo director de la Policía de Tránsito reconoce la escasez de ambos, es decir, de medios indispensable para salvar a la normativa de la condición de letra muerta. Hay 930 oficiales para vigilar la totalidad del territorio nacional. Trabajan por turnos, se enferman, toman vacaciones y algunos se dedican a las necesarias funciones administrativas. A cualquier hora del día o de la noche, solo un puñado de agentes está disponible, pocos para la magnitud de la tarea.

Por eso, los oficiales habilitados se dedican a atender accidentes y descongestionar las vías en horas pico, además de vigilar las carreteras donde ocurre la mayor parte de las muertes. Germán Marín dice tener la intención de fortalecer los operativos para sancionar y prevenir. Es un buen propósito, pero los medios no lo acompañan. El funcionario estima en 2.000 el número de oficiales necesario para cumplir a cabalidad.

Tantas nuevas plazas, en momentos de estrechez fiscal, parecen una aspiración desbordada, pero la importancia de la Policía de Tránsito, una verdadera cenicienta entre los cuerpos de seguridad nacionales, crece con el desarrollo urbano y constituye un puntal necesario para la calidad de vida. Una revisión de la asignación de recursos en otras dependencias y la posibilidad de trasladar algunas de las nuevas plazas policiales a la Dirección de Tránsito podrían ayudar a elevar el número de oficiales que, además, producen ingresos por medio de las multas.

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comentarios

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Juan Jose Solano Barboza 11:13 8/1/2013

Estoy totalmente de acuerdo con lo planteado por el nuevo director de Tránsito y espero pueda cumplir en obras sus palabras. Existen muy buenas intenciones y personas calificadas para convertirlas en realidad. Cuente con mi apoyo como ciudadano y como conductor que estará vigilante de cumplir con la Ley de Tránsito.

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Randall Alvarez 09:28 8/1/2013

A muchos se les olvida que no necesariamente con mayores controles o mayor cantidad de policias en las calles se solucionan los problemas. Enfocarse en una mejor educación vial para nuestros hijos desde las escuelas impartiendo una o dos lecciones a la semana haciéndoles conciencia de la importancia de saber conducir y todo lo que se necesite enseñar. Por eso insto a que se brinde una educación efectiva y no solamente a que se limite a un día de clases y al día siguiente ya tienen la licencia.

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Solson Scherman Valverde 08:45 8/1/2013

Creo que una solución parcial al problema de escasez de policías de tránsito se encuentra en la fuerza pública. Si buen porcentaje de fuerza pública fuera capacitada como policía de tránsito podría apoyar de manera importante. Los policías ambulantes podrían descongestionar a los mal parqueados y atender de manera rápida los accidentes en ciudades. No me parece descabellados que se pueda hacer.

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Jose Miguel Barzuna Castro 08:32 8/1/2013

La policía de tránsito en nuestro país se limita a la tarea de sorprender a los choferes que no portamos los documentos reglamentarios y a la atención de accidentes. El pasado sábado fui testigo de piques en circunvalación EN MEDIO DEL TRÁNSITO REGULAR sin ninguna autoridad visible.Hasta que no se instituya una policía de caminos, no veremos acciones en donde se cometen las mayores faltas, en carreteras. He sido testigo de hasta 5 oficiales dedicados a la revisión de documentos al mismo tiempo.

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Shirley Leiva guzman 08:17 8/1/2013

Me gusta que digan que la nueva ley de transito es "letra muerta". He visto choferes hacer barbaridades-- incluso en frente de oficiales de transito-- y ellos no hacen nada. Hasta me he detenido para pedirles que hagan algo, pero alegan que "no les corresponde". Si no a ellos, ?a quien sera? Tal vez deberiamos de insistirles que hagan su trabajo cabalmente para que asi el pueblo les tenga mas fe; siendo asi, tal vez si se contratarian a mas oficiales.

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